Según el reportaje de Lucía Dorronsoro en el suplemento especial «Empresas y universidades» publicado en el diario ABC el pasado domingo 25 de mayo, uno de los males congénitos de las universidades españolas es su falta de internacionalización, tanto por la escasa apertura a profesores e investigadores de otros países como por la poca atracción de alumnos foráneos, más allá del exitoso reclamo del programa Erasmus. La propia Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) ha reconocido que «la presencia de estudiantes extranjeros en las universidades españolas es mínima en los programas de grado», en torno al 2%, aunque en los doctorados y posgrados esta cifra crece por encima del 20%.

Nuestro vicerrector de Relaciones Institucionales, Víctor Cazurro, insiste en que «hasta la llegada de los programas Sócrates-Erasmus o Leonardo, la Universidad española vivía encerrada en sí misma, y sigue haciéndolo».

Para José Luis Piñar Mañas, vicerrector de Relaciones Internacionales de la Universidad CEU San Pablo, «quizás el exceso de titulaciones confunda a veces, pero no hay que olvidar que el alumno extranjero sabe bien dónde quiere llevar a cabo su estancia internacional y selecciona en función de la calidad de las enseñanzas ofrecidas».

Diego Tellkamp, director de Negocio Internacional de la Universidad Europea, concluye que la Universidad española no será internacionalmente reconocida «hasta que tenga profesorado y alumnado internacionales, y convenios con universidades y compañías prestigiosas fuera de nuestras fronteras, donde nuestros estudiantes puedan adquirir el perfil que el mercado laboral hoy necesita».

Por otro lado, los más de 2.200 alumnos de la Universidad Isabel I no proceden solamente de nuestro país, sino de 15 países de tres continentes diferentes, con lo que se demuestra que la Universidad online acerca el conocimiento a cualquier parte del mundo sin límite de espacio, geografía ni tiempo.