La ex primera dama de los Estados Unidos, Eleanor Roosevelt, con la versión en inglés de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

Este domingo, 10 de diciembre, se cumple el 69 aniversario de la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Una fecha señalada para conmemorar la proclamación de este ideal común para todos los pueblos y naciones, que da pie a diferentes reflexiones.

El progreso al que desde la firma del documento en 1948 ha asistido (y sigue asistiendo) el mundo, motiva que la actualidad esté constantemente ligada a los denominados Derechos Humanos de Tercera Generación, promovidos con el objetivo de elevar el nivel de dignidad de todos los pueblos e impulsar la solidaridad entre ellos. En este catálogo cabe destacar los relacionados con la solución de problemas alimenticios, demográficos, educativos y ecológicos; el medio ambiente, la autodeterminación de los pueblos o los derechos del consumidor, entre otros.

Manifestación en defensa del derecho a la vivienda en España. | By Barcex (Own work) [CC BY-SA 3.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons

Este elenco, trasladado a la Constitución española, se debe explicar, por un lado, ganando eficacia jurídica para que no sea una mera declaración idealista. Y, por otra parte, siendo rigurosos y distinguiendo entre principios y derechos. En efecto, nuestro constituyente ha elevado una relación ambiciosa de Derechos Humanos a la categoría de derechos fundamentales. Al tiempo, y sobre la segunda cuestión, también toca ser riguroso y establecer la distinción entre los derechos fundamentales –como el derecho a la vida, la libertad de creencias o la intimidad personal y familiar-, que gozan del mayor nivel de protección; y los principios rectores de la política social y económica –denominación bajo la que tiene cabida, por ejemplo, el derecho a la vivienda, tan de actualidad desde el estallido de la burbuja inmobiliaria-, recogidos en el Capítulo Tercero de la Carta Magna, y que no constituyen auténticos derechos, sino “principios” que cumplen más bien una función orientadora de la actuación de los poderes públicos (especialmente del Legislativo y el Ejecutivo, aunque expresamente se cita también la práctica judicial).

Niñas huérfanas rohingya afectadas por la crisis que sufre esta etnia en Myanmar y que desplazado a cientos de miles de personas. | By Firdaus Latif (ROHINGYA) [CC BY-SA 2.0 (httpscreativecommons.orglicensesby-sa2.0)], via Wikimedia Commons

El Derecho tiene que seguir avanzando para continuar incorporando a reglas exigibles la tutela de los Derechos Humanos, ya que su violación es una realidad en demasiadas zonas del globo. Amnistía Internacional, en su ‘Informe 2016/17 La situación de los Derechos Humanos en el mundo’, denuncia que “para millones de personas, 2016 fue un año de sufrimiento y miedo implacables, en el que gobiernos y grupos armados cometieron abusos contra los derechos humanos de múltiples maneras”. Para ilustrar esta severa afirmación, cita los bombardeos de Alepo, en Siria; los ataques contra la población civil en Yemen, la situación del pueblo rohingya en Myanmar, las medidas contra las voces disidentes en Turquía y Bahréin o el auge del discurso del odio en buena parte de Estados Unidos y Europa.

No obstante, el documento también subraya que “las acciones de particulares por reafirmar la humanidad y la dignidad  fundamental de todas las personas brillaron más que nunca”, y lo personifica en el conocido como ‘payaso de Alepo’, que se quedó en la ciudad a pesar del conflicto para llevar consuelo y alegría a los más pequeños, a costa de su propia vida. En esta línea, Amnistía Internacional recuerda que “cualquiera puede luchar contra la deshumanización”, y asegura que el mundo “necesita héroes de los derechos humanos”.

El camino recorrido hasta ahora ha logrado dar un cambio radical a la situación de millones de personas en todo el mundo, ha puesto en valor la vida humana y ha llevado el progreso a territorios que ni podrían haber soñado con una transformación semejante. Pero en otros supuestos, el retroceso también ha sido descomunal, y el trayecto que queda por cubrir es increíblemente largo, duro y arduo. Encaminados ya hacia el septuagésimo aniversario de la declaración de los Derechos Humanos, no podemos bajar la guardia ni un segundo.

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