Entrevista al profesor de la Universidad Isabel I José Antonio Contreras

Podríamos definir a José Antonio como un andaluz tímido,  enamorado de sus raíces y de su tierra, pero sobretodo de su pasión. Por ella lo dejó todo, incluido a su Betis. Motor del mundo y de su vida, la educación es, para este profesor de vocación, su particular arma para conseguir que sus alumnos sean buenas personas. Investigador nato, trabaja cada día para mejorar la sociedad. Es alegre y divertido, pero a este Doctor en Ciencias de la Educación se le cambia el gesto cuando hablamos del machismo.  Amante de las tortas inglesas y de la escritura, afirma que mientras escribe, viaja. Actualmente prepara su tercera novela mientras piensa en retomar su faceta musical. Y precisamente, cuerda no le falta, en esta entrevista, él mismo te cuenta su historia.

¿Qué hace un sevillano en Burgos?     

Un carmonense acaba aquí en Burgos porque al terminar la tesis estuve buscando universidades donde me gustaría trabajar, entonces vi esta universidad y me gustó mucho el estilo de la Isabel I. Me gustó muchísimo eso de las trasversales. Eché el currículum y tuve la suerte de que me contratasen. Al ver que era una universidad online pensé que trabajaría desde casa, pero vine y me ofrecieron un contrato aquí con dedicación exclusiva.  Al llegar me encantó todo, el edificio, la gente, todo. Y, sobre todo, coincidí con Raúl Márquez de Psicología, que fue profesor mío allí en Sevilla, y claro, eso ya… Me dije, sí él está aquí, que para mí era un referente, este sitio tiene que ser estupendo, y lo está siendo.

¿Qué es lo que más echas de menos de tu tierra?

Lo que más echo de menos, sin duda, es la familia y los amigos. El poder hablar con ellos, pelearte también (se ríe), hacer deporte con ellos... Eso es lo que más. Y aparte de eso, aunque suene típico, pero es verdad, el clima. Eso lo echo muchísimo de menos, aquí cuando salía el sol en enero o febrero, no calentaba, era súper raro. Tú podías mirar al sol sin gafas ni nada y era una simple lámpara, no calentaba. Era algo increíble, eso no lo había visto en mi vida. 

¿Por qué decidiste estudiar pedagogía?

Hice primero magisterio en Educación Musical, porque a mí desde pequeño me gustaba mucho la música y estaba en el conservatorio. Después hice pedagogía, pero lo que es la educación en sí siempre me ha gustado mucho por dos aspectos fundamentales: por un lado, he tenido unos padres increíbles, que han sido, aunque no ejercen como docentes, dos referentes de docentes impresionantes, y tener eso hace que aprendas ciertas habilidades. Y, por otro lado, desde siempre he visto que se me daba muy bien explicar, desde muy muy pequeño.  Por eso me llamó la atención la educación.  Cualquier cosa que primos o amigos no entendían, yo veía que tenía mucha facilidad para explicárselo, ponerme en su lugar, ver qué es lo que no entendían, y buscar maneras para que lo comprendieran. Al crecer, vi que la educación era un motor de cambio de la sociedad, y supe que a mí me gustaría trabajar ahí. Sobre todo en la investigación educativa, porque es el eje fundamental que tiene la sociedad para cambiar y progresar. 

¿Sobre qué tema hiciste tu tesis doctoral?

En el momento que tuve que tomar esa decisión estaba investigando en la Universidad de Sevilla, y entró un proyecto internacional que tenía como uno de sus objetivos desarrollar una plataforma de orientación online a nivel europeo. Entonces aproveché esa suerte. Mi tesis tuvo tres fases. En la primera parte analicé el fenómeno del abandono universitario a nivel europeo, en la segunda lo focalicé al ámbito de Sevilla, y en la tercera, que es la que considero más interesante, planteábamos un programa de orientación online. Bueno, de tutorización online, más bien, porque estaba fundamentado en los principios de la teoría socio cultural de Vygotsky. Entonces vi que la tutorización online es un aspecto que, hoy en día, es muy necesario sobre todo en las universidades presenciales.

¿Cómo te defines como profesor?

A lo que más intento destinar tiempo es a ser una buena persona, un buen referente. Porque todos en nuestra vida recordamos a algún maestro o alguna maestra, y siempre vamos a recordar lo buena persona que era, la cercanía que tenía… Entonces yo intento ser un buen ejemplo, en ese sentido, para que mis alumnos entiendan que no solo hay que transmitir contenido, hay que transmitir una conducta, un ejemplo. Porque eso es lo que más llega. Llega más eso que la enseñanza de unos contenidos matemáticos por ejemplo, ¿no?, aunque también sean importantes. Entonces eso es en lo que más atención pongo siempre. 

Participante activo de la universidad, eres miembro del equipo de futbol… y siendo de Sevilla... ¿Sevillista o bético?

Bueno yo creo que con esta alegría esa pregunta no hay ni que hacerla. Es imposible que no lo fuera, de hecho ser bético es llegar desde Sevilla a Burgos y encontrarte que hay una peña bética aquí. Del otro equipo de la ciudad de la que soy, que no voy a decir el nombre porque no es necesario, no hay peña, entonces… Por cierto es la peña bética Los Tigres de Burgos, y por supuesto soy socio. 

Además del fútbol, cuéntanos otras aficiones.

Me gusta mucho la música, antes tocaba mucho la guitarra, y es algo que quiero retomar. Pero sobre todo lo que más me gusta es escribir. Eso es algo que me encanta, me encanta escribir para mí, me encanta viajar mientras escribo. Es un medio de expresión que tengo, y además creo que lo hago bien, a no ser que me mienta la gente que lee mis cosas. Y aparte de eso, estar con la gente. 

Hace poco escribiste un post sobre los micromachismos y lo que estos suponían para la sociedad, ¿emerge de nuevo el machismo en los jóvenes?

Es que partimos de un concepto equivocado y tenemos que entender que la sociedad es machista. Y que todos somos machistas. Otra cosa es que haya grados de machismo, o que haya personas que luchan para que la sociedad sea más feminista, o se sientan más feministas, ¿no?, pero el machismo lo tenemos diariamente. Lo tenemos en los medios de comunicación, vemos cómo a la mujer se la deja en un segundo plano, y otra cosa que ha potenciado mucho ese machismo son las TIC. Las nuevas tecnologías lo han incrementado, igual que pasa con el bullying, el ciber bullying… Entonces nosotros como educadores e investigadores en este campo tenemos una responsabilidad tremenda con este problema. Porque la educación es el motor de cambio de la sociedad y la investigación es el combustible. Y por esta razón se necesitan muchísimas investigaciones y mucha educación para cambiar la conciencia social e intentar evitar ese machismo que sigue presente. 

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