Andrés Seoane Fuente Departamento de Comunicación
Vie, 04/08/2017 - 11:05

Ángel Nieto en el circuito de Assen, en 1972, con su Derbi de 50 cc. Fuente: Hans Peters, Archivo Nacional de Holanda.

12+1 títulos mundiales de motociclismo (seis en 50 cc y siete en 125 cc). 90 grandes premios. 23 veces campeón de España (en 50 cc, 125 cc y 250 cc). Cuando un piloto tiene este palmarés, el calificativo de leyenda se queda excesivamente corto. Pero si al recordarle, ahora que hemos de decirle adiós con una profunda tristeza, la palabra pionero es incluso más repetida que la de campeón, significa que no sólo fue el único en lograr esas proezas, sino que también fue el primero. Y no hay nada tan importante y complejo como descubrir el camino al éxito, pisar donde nadie lo hizo antes y sentar las bases de un futuro mágico y, por entonces, inimaginable. Hasta siempre, Ángel. Y gracias, muchas gracias.

La historia del mito empieza en Zamora, en 1947. Con apenas un año, la familia de Ángel Nieto se traslada al madrileño barrio de Vallecas, donde el bramido de los motores ya le embelesaría durante sus primeros 13 años de vida. Pero el entorno no era como él, y su pasión por las ruedas vivía lejos, en la Ciudad Condal. Barcelona, siguiente destino. Los talleres mecánicos, su próximo hogar. Aprendió el oficio y los secretos de las motos, esa montura que tanto anhelaba llevar donde nadie antes. Y dio el siguiente paso.

De las carreras de aficionados a firmar su primer contrato profesional, con Ducati en 1965. Y de ahí, a Derbi. Primer título mundial (50 cc), 1969. El comienzo de un reinado que se extendió hasta 1984. Con el equipo español sumó cuatro entorchados más. Uno con Kriedler. Dos con Bultaco. Dos con Minarelli. Tres con Garelli. Sus famosos 12+1 –nunca pronunciaba el número 13. Triscaidecafobia, lo llaman. Bendita, en este caso-. Cuando le preguntaban si alguna vez soñó con ser tantas veces campeón del mundo, la respuesta era siempre la misma: “Quise ser campeón del mundo y lo conseguí”.

Si el mundo del motociclismo es hoy en España un constante fluir de triunfos y títulos, es gracias a Ángel Nieto. Cuentan que incluso se empezaron a televisar las motos porque se lo pidió al rey. Abrió la senda. Se lanzó al vació. Y cayó de pie. Un ejemplo. Un genio. Un campeón. Su nombre queda para siempre grabado a oro y fuego en la memoria colectiva junto a Seve, Bahamontes, Santana o Sainz, por citar algunos ejemplos. La llamada edad de oro del deporte español se sustenta en los cimientos puestos por personalidades, héroes, como Ángel Nieto.

Su paso después por la dirección técnica también le reportó un nuevo título mundial, el de Emilio Alzamora en 1998 sin subirse a lo más alto del cajón en ninguna carrera. Y el trabajo como comentarista acercó su trascendental figura a las generaciones posteriores, que oían hablar de él como un ídolo casi de ficción. La vida, irónica y paradójica como nadie, quiso arrebatárnoslo en un accidente de tráfico a los 70 años. Pero hay personas que dejan tanto, que nunca se van del todo. Hasta siempre, Ángel. Y gracias, muchas gracias.

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