Las enseñanzas deportivas han ido a paso lento… Lentísimo desde sus primeras configuraciones, aunque poco a poco parece que va adaptándose a la realidad social en la que vivimos.

Allá por 2003 y 2004 se iniciaron procedimientos legislativos a modo de Reales Decretos que querían equiparar en duración y condiciones, la formación profesional a la deportiva.

Fruto de esa decisión precipitada, y debido al carácter no profesional mayoritario que inunda la estructura deportiva de nuestro país (salvo de algunos afortunados), produjo en la mayoría de los deportes que huyesen de esa legislación como lo haría un español del siglo XVII de la peste.

Así, aunque algunos deportes sucumbieron a la dureza de esos primeros Reales Decretos (por diversos intereses, en algunos casos personalistas), otros deportes esperaron a que las aguas llegaran menos bravas y se pudieran flexibilizar dichas enseñanzas deportivas.

Miguel Martín fue alumno de la Universidad Isabel I. Actualmente es docente, formador de entrenadores y director del Curso Superior de Entrenadores de Baloncesto en España.

Así, tras innumerables quejas de las entidades federativas, el Ministerio abrió la mano con la redacción en 2007 del R.D. 1363 que reconocía la necesidad de flexibilizar dichas enseñanzas así como el trabajo en la formación de entrenadores de las federaciones deportivas.

Esto nos llevó en el caso del baloncesto, a promover junto con el atletismo y el balonmano -con el CSD-  la necesidad de abrir, entre otras peticiones, la educación a distancia a las enseñanzas deportivas.

En ese momento, allá por 2011, empezaron las actualizaciones normativas de los tres deportes en cuestión.

En mi caso, tuve la responsabilidad de dirigir -y digerir- durante casi años la ardua y compleja tarea de elaborar dos Reales Decretos y otras tantas órdenes, que desarrollarían los currículos en la modalidad de baloncesto.

Ahora, tras la reciente publicación de las dos órdenes para territorio MEC (incomprensiblemente año y medio después de la publicación de los Reales Decretos a los que se refiere), se abre un nuevo camino que todavía tiene heridas sin curar. 

En lo bueno, que por fin se abre la necesaria y lógica vía a la enseñanza a distancia, se simplifican la estructura de módulos del bloque específico (adaptándose más a la lógica del juego), se fortalece el aprender a enseñar (tarea básica de un entrenador –o técnico como le gusta decir al Ministerio-),…

En el debe, todavía queda seguir luchando por la homologación de las enseñanzas del período transitorio (de 2000 a 2007), y no sólo eso, sino  también buscar la fórmula legal para reconocer la formación federativa (prácticamente la única que se ha desarrollado en toda España, salvo algunos centros dispersos con un número mínimo de alumnos), hasta que se ponga rumbo definitivo a las enseñanzas oficiales con garantías.

Difícilmente alguien podría argumentar que –al menos en baloncesto- el 80% de los que entrenan actualmente (titulados entre 2008 y 2017) a los más de 30.000 equipos que existen en España, y que nos ha llevado a estar situados en el número 2 del Ranking FIBA (sólo por detrás de USA), no puedan ejercer porque no tienen la titulación académica.

Primero trabajemos con sentido común, reconozcamos lo mucho que se ha hecho hasta ahora, y comencemos una nueva etapa desde la lógica, la viabilidad del deporte amateur, el acuerdo y el compromiso de todos.

Si no, estaremos una vez más intentando poner puertas al campo, algo que siempre se demuestra que es un inútil camino.

Gracias por leerme.

@MiguelMartinL 

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