Javier Diz Casal Coordinador de Psicología
Jue, 18/03/2021 - 10:50

Figuras de la guerra de las galaxias en muñecos de plástico simulando una familia de paseo

Metáfora de la conciliación familiar y laboral, con juguetes de la Guerra de las Galaxias.

La conciliación familiar y laboral es una de esas cosas que nos siguen recordando el modo verdadero en el que nuestras sociedades están todavía configuradas. Por lo general, cuando hablamos de "cuidados” podemos estar seguros de que, en la gran mayoría de los casos, será una mujer sobre quién recaiga esa necesidad/obligación. Sigue siendo todavía un clásico que sea la mujer quien asuma el cuidado de un familiar si este enferma. Es algo que casi se da por hecho. Las implicaciones no son pocas pues las horas de un mes no dan para todo y en el transcurso del tiempo en el que estas mujeres se dedican al cuidado de otros, han de renunciar, necesariamente, a un tiempo en el que podrían seguir desarrollando su trayectoria profesional.

Pero el “cuidado” no solamente se refiere a las personas enfermas. El nacimiento de una hija o de un hijo es un motivo de gozo, pero, además, por lo general es la antesala de un cambio de tercio, al menos temporal. En este sentido es un instituido todavía depositar gran parte de la responsabilidad del cuidado de las crianzas sobre la mujer.

En este sentido, la responsabilidad social de las corporaciones y demás tejido empresarial, público o privado es elevadísima, me refiero a la que deberían asumir y que no siempre resulta de esa manera, si vamos a la práctica, la reducción es todavía mayor.

En el caso de la maternidad y de la paternidad existen ciertos derechos a los que, como madres y padres nos podremos acoger: permisos retribuidos, permiso de maternidad y paternidad (en la actualidad equiparados), reducciones de jornada, flexibilidad en los turnos y autonomía para fijar horarios, también la modalidad de teletrabajo. Aunque en muchas ocasiones lo que sucede es la necesidad de solicitar una excedencia, casi impuesta, lo que en sí mismo supone una inatención del derecho a disponer de herramientas para conciliar la vida familiar con la laboral, también sucede que, lejos de facilitar la nueva situación de una madre se le cargan encima sospechas y dudas sobre su capacidad para poder seguir desarrollando su actividad profesional, esto se hace, desde luego, obviando toda responsabilidad empresarial. Esto no es muy diferente a estar acostumbrado a trabajar 12 horas al día y, pasada una época comprender que eso es una explotación. No se verá hasta que lo vea una masa crítica de la población, se presione al legislador/a para que garantice los derechos reconocidos y trabaje por garantizar otros que todavía no lo están.

Las personas legisladoras han hecho, en este sentido, su trabajo, pero no lo han dotado de contundencia pues es bien sabido que el trabajador es un David a la disposición de un Goliat enorme e investido del conocimiento y de los órganos necesarios para hacer de su sustrato un lugar ideal para trabajar o un desierto de preocupante aridez hacia el cuidado y el bienestar de sus trabajadores/as, entendiendo que el trabajo es parte indisociable de una vida, una vida en la que los elementos psicosociales nos impactan. La conciliación puede suponer un factor determinante en la regulación del bienestar psicosociolaboral. Cualquier postura que trata de restar valor a esto no es sino una representación reaccionaria que viene a vivificar posturas conservadoras cuyas implicaciones se alejan de las de una sociedad responsable, igualitaria, democrática, plural y abierta a la obligación de imponer responsabilidad por parte de los poderes estatales. 

Así pues, la falta de conciliación y aun la percepción por parte de las personas trabajadoras de falta de interés por este asunto ya sea a nivel corporativo o gubernamental puede facilitar la aparición de elementos psicológicos en un plano negativo como pueden ser procesos de ansiedad que pueden llegar a cronificarse dando como resultado, por ejemplo, el padecimiento del síndrome de Burnout (enfermedad que comenzará a ser reconocida como patología asociada a lo laboral el 1 de enero de 2022). Desde la Organización Mundial de la Salud se ha definido o evidenciado la existencia de determinados factores que están presentes en el entorno laboral y cuyas implicaciones pueden cambiar fácilmente de valencia si existe, conjuntamente, una inatención hacia elementos tan fundamentales como es la conciliación y derivar en un cuadro depresivo.

La conciliación es uno de los grandes deberes todavía pendiente en nuestra sociedad española y los prejuicios asociados a ella hacen que rememore las palabras de Einstein:¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”, pero lo haremos.

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