Rubén Celorrio Lázaro Profesor del Máster en Prevención de Riesgos Laborales de la Universidad Isabel I.
Mié, 04/12/2019 - 14:02

Iconos de energías renovables alrededor de una bombilla.

Desde hace años, la Unión Europea, y España como parte integrante de ésta, es consciente del problema y está apostando por la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas al sistema eléctrico. Conceptos tales como economía circular, eficiencia en recursos, huella de carbono o análisis del ciclo de vida son conceptos que no hace mucho eran distantes y reducidos a especialistas en la materia. En la actualidad, muchos de ellos, forman parte de nuestro día a día.

Desde finales del siglo pasado, España ha apostado por la integración de energías renovables en el mix (combinación de tecnologías) de generación eléctrica. España ha sido pionera en diferentes tecnologías renovables, por poner algunos ejemplos citaremos el desarrollo de centrales de generación eléctrica mediante tecnología solar fotovoltaica, sistemas de seguimiento solar, etcétera.

Actualmente, la generación de energía eléctrica mediante fuentes renovables en una realidad en el sistema eléctrico español, cubriendo más del 40% de la demanda eléctrica mediante generación proveniente de estas fuentes.

La integración de generación renovable en el sistema eléctrico mantiene su ritmo de crecimiento, y las previsiones son que se potenciará de forma importante en los próximos años. Sin duda, en el futuro se han de solventar diferentes condicionantes técnicos y económicos para su implantación. El acceso al recurso energético (agua, viento o sol, por poner algunos ejemplos) no está garantizado, mientras que el suministro energético si ha de estarlo.

Medidas sobre clima y energía de la Unión Europea

La Unión Europea fomenta la inclusión de fuentes renovables, así como la eficiencia energética. Dentro del paquete de medidas sobre clima y energía de la Unión Europea hasta 2020, promulgados en el año 2007 e incorporadas a la legislación en 2009, se plantean como objetivos fundamentales reducir un 20% las emisiones de gases de efecto invernadero, obtener el 20% de la energía en fuentes renovables y aumentar en un 20% la eficiencia energética.

Siguiendo con la línea establecida, ya se han acordado y revisado objetivos para el año 2030. Ello supone una reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en al menos un 40%, un mínimo del 32% de cuota de energías renovables, y al menos 32,5% de mejora de la eficiencia energética. Junto a ello, recientemente, el Parlamento Europeo ha aprobado declarar la emergencia climática. En España, la normativa asociada al autoconsumo eléctrico también se ha visto modificada en el presente año.

Todo ello, nos transmite la importancia de las acciones que estamos realizando y cómo afectan a nuestro planeta. El cambio climático lo percibe mayoritariamente la sociedad como una realidad sobre la que estamos comenzando a percibir sus efectos.

Sin duda, el impacto de la actividad humana tiene un peso importante en dicha situación. A través de la demanda energética, asociada a actividades industriales, movilidad o la edificación, se emiten gran cantidad de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático.

La generación eléctrica tiene un peso muy relevante dentro del sistema energético. Actualmente, este sistema está sufriendo una profunda modificación. En un futuro cercano, la demanda energética asociada la movilidad también se verá desplazada hacia fuentes renovables y menos contaminantes.

La digitalización del sistema energético, junto a la integración de fuentes de energías renovables en detrimento de fuentes no renovables, son algunas de las principales revoluciones. Junto a ello, la generación distribuida permitirá el acceso a la energía eléctrica a zonas que todavía no cuentan con ella. La reducción de las emisiones derivadas de la generación y demanda han de reducirse.

Eficiencia energética vs generación energética renovable.

A partir de ahí, surge la disyuntiva entre medidas orientadas a la reducción de la demanda o a una generación renovable. La eficiencia energética, bien entendida, es clave. No se plantea la reducción de la demanda a través de la reducción de las prestaciones o del uso de la energía. Se trata de hacer lo mismo, con menos energía.

El cambio en torno a la cultura energética actual es imprescindible. La población en general no es consciente en su día a día, de las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a su actividad diaria. Pero si multiplicamos por miles o millones de habitantes, actividades industriales, etcétera, las cifras son difícilmente sostenibles.

Actualmente, la tecnología nos ayuda a reducir las emisiones, ser conscientes de nuestra huella e incluso cambiar nuestra cultura energética, con el fin de optimizarla. Un ejemplo cotidiano e interiorizado actualmente lo podemos encontrar en una videoconferencia. Ello nos puede ayudar a evitar un desplazamiento de miles de kilómetros con la demanda energética y las emisiones asociadas al mismo. Al igual que ello, en nuestra vida cotidiana tenemos muchos ejemplos que podemos valorar, tanto en tiempo como en impacto ambiental.

Conclusión

Tenemos que consumir menos y consumir mejor, con mayor eficiencia. El camino de optimización pasa inevitablemente por la comprobación de los resultados. Animando a los actores involucrados en la consecución de objetivos y la reinversión de los ahorros económicos conseguidos en nuevas medidas de eficiencia. Herramientas tales como los protocolos de Medida y Verificación de ahorros energéticos nos permiten cuantificar de forma inequívoca dichos resultados.

La combinación de la eficiencia energética, junto a una adecuada cultura energética comenzando desde la infancia, y el avance en la generación energética renovable permitirá obtener los mejores resultados.

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