Javier Diz Casal Coordinador de Psicología
Sáb, 06/02/2021 - 08:30

Imagen de una cuchilla roja y sobreimpresionado en inglés fin de la Mutilación Genital Femenina.

“La mutilación no sólo extirpa el sexo de la mujer, sino también una parte del cerebro que hace de ella una mujer sumisa, porque cuando una niña es mutilada se están vulnerando sus derechos y eso la acompaña a lo largo de toda su vida.” cita de la Presidenta de la Red Europea contra las Mutilaciones Sexuales.

Con motivo del Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina 2021, el 6 de febrero, hemos querido dedicar un espacio para recordar que esta práctica, muy a pesar de algunas pretendidas argumentaciones en favor de la cultura, se encuentra completamente alejada de posibles argumentaciones culturales. Dicho de otro modo, aquí la relatividad cultural no puede, en todo caso no debe, situarse por encima de esos esquemas que hemos conseguido crear y que, más o menos, todas las personas podemos compartir: los Derechos Humanos. Así entonces, pretendidas explicaciones relacionadas con las tradiciones, falsas creencias en torno a la higiene o a la salud reproductiva, elementos estéticos y aun motivos religiosos presionan a las niñas mutilando su libertad.

Esta mutilación secular no deja de ser una práctica que pretende alterar o dañar los órganos genitales femeninos, así, sin más peros ni medias tintas. Parece ser que, además, está bien extendida la falsa creencia de que la mutilación genital femenina se circunscribe al continente africano. La realidad es que es una práctica presente en varios y alejados lugares del planeta.

Recuerdo una estancia en una universidad bogotana en la que un colega y yo mismo discutíamos con dos de sus estudiantes: una chica y un chico. Ellos argumentaban que ninguna cultura era quién de negar el derecho de un pueblo a practicar la ablación genital femenina. Nosotros les indicábamos que, más allá del tirón que tiene el relativismo cultural, cualquier persona, por el hecho de serlo ha de ver garantizados algunos derechos básicos que la mutilación genital femenina elude desde lo cultural y de los que deja huérfanas a estas personas.

Proceso cruel e inhumano

Así pues, esta práctica es una fuente de violación del derecho a la integridad física, a la salud y a la seguridad de mujeres y niñas. Además, apoca a estas personas que la sufren en una desgracia de proceso cruel e inhumano que degrada su capacidad para decidir de manera autónoma. En muchas ocasiones, el resultado final es la muerte a causa de infecciones y heridas.

 En la actualidad, esta práctica cruel está presente en unos 29 países repartidos por África, Asia y América Latina. No obstante, los diversos procesos migratorios internacionales han hecho que esta práctica tenga también presencia en varios países europeos como España y Francia, en EE.UU o Canadá y en territorios como Nueva Zelanda y Australia. Esto no significa ni mucho menos que esta práctica sea legal, sino más bien, puede implicar que unas niñas de origen maliense residentes en España o, incluso con nacionalidad española, por ejemplo, se vayan de vacaciones a su País de origen (u origen de sus ancestros) y se atente contra su libertad sexual, hecho que en muchas ocasiones viene propiciado por la propia familia. En España abundan los casos hasta el punto de que en 2015 aparecía el: Protocolo común para la actuación sanitaria ante la Mutilación Genital Femenina (MGF), al tiempo que también las CC.AA se hacían eco de la necesidad de acometer el esfuerzo para desarrollar otros protocolos con base en el anterior indicado que ha de ser común.

A nivel mundial sigue siendo un auténtico problema, un atropello contra las libertades de las niñas y de las mujeres. En el año 2013, UNICEF elaboró un informe Mutilación/ablación genital femenina: Resumen estadístico y exploración de la dinámica de cambio, en el que señaló que 125 millones de mujeres y niñas han sufrido mutilación genital en 29 países en los que la edad en la que se comete esta práctica oscila entre los 5 y los 14 años. Es un desafío mundial y no solamente localizado en aquellos países de donde estas prácticas puedan ser originarias. Sin ir más lejos, en España, en el año 2014 el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad impulsaba las Jornadas Internacionales sobre mutilación genital femenina, en las que ya se alertaba del riesgo que 17.000 niñas corrían de sufrir algún tipo de mutilación genital femenina en España.

Proteger a la mujer

Así pues y como reflexión final, resulta un imponderable visibilizar otras formas de violencia contra la mujer que puedan parecer lejanas, poco evidentes en algunos casos, no relacionadas o poco visibles. Solamente haciendo esto se podrá seguir actuando y mejorando la eficiencia de protocolos y leyes, como también ampliando la información y las oportunidades más allá de aspectos socioeconómicos, raciales o religiosos de todas las niñas, hay que tener claro que cuando se somete a estas personas de esta manera, una de las explicaciones que sostienen las familias es que ellas solamente querían lo mejor para sus hijas: protegerlas de la exclusión y el estigma. Así que el problema reside en lo social, en las creencias falsas que atentan contra determinados derechos humanos.

“Las mujeres deben conocer y saber hablar del tema. Es difícil superarlo, pero lo intentamos para que las demás no pasen lo que otras ya hemos pasado”. Cita de Néné Koita.

 

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