
Alumnos del grado en Logopedia en sus primeras prácticas.
23 de febrero de 2026. Por primera vez desde que se implantó el título, los estudiantes del Grado en Logopedia de la Universidad Isabel I han puesto rostro a sus compañeros, han tocado los materiales con los que trabajarán en su futuro profesional y han sentido, quizá por primera vez con plena conciencia, el peso de una responsabilidad: diagnosticar.
Tras una reunión con la directora del grado, Ana Cecilia Colmenárez, queda claro que estas prácticas presenciales no son un mero trámite académico. Son, en sus palabras, un baño de realidad al poder contar con las herramientas que usarán como profesionales en el futuro.
Trastornos del Lenguaje: del aula virtual al cuadernillo físico
Los alumnos acudieron a las prácticas de la asignatura de Trastornos del Lenguaje, una materia centrada en aquellos trastornos —evolutivos, congénitos o adquiridos— que afectan al desarrollo lingüístico. Durante el intenso fin de semana presencial (sábado y domingo completos), el foco estuvo en el Trastorno de Adquisición del Lenguaje, especialmente en el conocido Trastorno Específico del Lenguaje (TEL), así como en el Trastorno de Retraso del Lenguaje.
“El objetivo era que aplicaran los conocimientos teóricos adquiridos previamente, pero en un contexto mucho más práctico”, explica la profesora Colmenárez. Y eso implicó enfrentarse, por primera vez, a baterías de pruebas psicométricas reales.
¿Qué es una prueba psicométrica?
Lejos del lenguaje técnico que podría intimidar a cualquiera, la directora lo explica con claridad: “Son test estandarizados que evalúan la morfología, la sintaxis, la semántica, la pragmática y la fonología. El test devuelve una puntuación y, con los baremos pertinentes y la edad del niño, podemos saber si la adquisición del lenguaje es normativa o si existe un trastorno”.
En estas primeras prácticas no trabajaron con niños directamente —“son alumnos de segundo y todavía están en una fase inicial”—, pero sí con casos clínicos simulados. Se les presentó el material físico de los test, se explicó su estructura y, posteriormente, realizaron un roleplay profesional: decidir qué partes aplicarían, cómo interpretarían las puntuaciones y qué conclusiones extraerían.
“Un cinco no significa necesariamente que el niño tenga un lenguaje suficiente”, subraya la directora del Grado. “Quizá tenga adecuada la semántica y la sintaxis, pero la fonología esté muy baja. Aprender a interpretar esa puntuación dentro del contexto es clave”.
Las pruebas se realizaron de forma analógica, con cuadernillos físicos. Aunque existen plataformas digitales como TEA —con la que la universidad colabora—, en esta ocasión se optó por el formato tradicional para que los estudiantes conocieran el material tal y como lo encontrarán en muchos entornos profesionales.
Diagnosticar por descarte: comprender la complejidad
Uno de los aprendizajes fundamentales fue entender que el diagnóstico en logopedia es, en muchas ocasiones, un proceso de descarte.
En el caso del TEL, por ejemplo, primero se excluyen otros diagnósticos como el trastorno del espectro autista. Si persiste un déficit significativo, especialmente en el plano fonológico u oral, se evalúan otros componentes: comprensión de órdenes, interacción con iguales, manejo de ideas abstractas.
En cuanto al Trastorno de Retraso del Lenguaje, la directora lo explica con honestidad académica: “Hoy en día la ciencia lo presenta como un cajón desastre, pero no porque el trastorno lo sea, sino porque agrupa casos que no encajan en diagnósticos más asentados en la literatura”.
Los estudiantes no abordaron aún el tratamiento —eso llegará en asignaturas posteriores—, pero sí aprendieron a interpretar correctamente las herramientas diagnósticas, un paso imprescindible para su futura práctica profesional.
Intensidad y emoción: el impacto en los alumnos
Las impresiones del alumnado fueron tan reveladoras como las propias prácticas.
“Estaban muy contentos de verse las caras y de poner rostro a sus compañeros y profesores. Eso les hizo sentir que forman parte de una institución física”, relata la docente. Pero también hubo “vértigo”, (comenta entre risas). “Fue intenso, sobre todo por la cantidad de test y la magnitud de lo que implica utilizarlos”.
Esa intensidad tuvo un efecto revelador: “Creo que fue un acercamiento a la realidad. En su mente tenían una idea de la profesión, pero al venir aquí fue darse cuenta de que tendrán que decidir qué prueba aplicar, cómo hacerlo, cuándo hacerlo”. Y ese era el objetivo de estas primeras prácticas.
Un grado habilitante y una responsabilidad legal
El Grado en Logopedia es habilitante. Eso significa que, al terminar, los egresados pueden ejercer directamente la profesión sin necesidad de cursar un máster adicional. “Por ley, de acuerdo con el real decreto que regula la profesión, deben adquirir competencias prácticas clave para poder ejercer el diagnóstico, la intervención y el tratamiento”, recuerda la directora.
Estas han sido sus primeras prácticas presenciales. Este mismo curso continuarán con prácticas de laboratorio en la sede central de la Universidad, en Burgos; en tercero comenzarán una modalidad dual, combinando laboratorio y centros externos; y en cuarto realizarán prácticas íntegramente en centros, procurando que sean variados y, en la medida de lo posible, cercanos a sus domicilios.
Las próximas citas presenciales ya están fijadas: 14 y 15 de marzo, y dos fines de semana más en mayo y junio, con los que culminarán segundo curso.
El perfil del estudiante: experiencia, vocación y segundas oportunidades
Si algo distingue a este grado es el perfil de su alumnado.
“No es el estudiante tradicional de 18 años”, explica Colmenárez. “Nuestro perfil fuerte procede de Formación Profesional superior y compagina estudios con trabajo y familia”.
La media de edad se sitúa entre los 35 y 37 años. Muchos trabajan ya en el ámbito sanitario o socioeducativo y buscan completar su formación para acceder al sistema público de salud o ampliar sus competencias.
Proceden de titulaciones de FP como: Mediación Comunicativa, Educación Infantil, Audiología Protésica, Anatomía Patológica, Animación Sociocultural y Sociosanitaria, Documentación Sanitaria o como técnicos auxiliares en hospitales.
“Son personas con carga laboral y familiar importante, pero con un deseo claro de seguir evolucionando”, destaca la directora. La metodología semipresencial y trimestral les permite compatibilizar estudios con vacaciones escolares, turnos laborales y responsabilidades domésticas.
En definitiva, no solo estudian logopedia: la necesitan.
Las primeras prácticas presenciales no han sido únicamente un requisito académico. Han sido el momento en que la teoría se volvió tangible, en que la puntuación dejó de ser un número abstracto para convertirse en la posible realidad de un niño.
Y en ese instante —entre la duda, la intensidad y la responsabilidad— comenzó, de verdad, su camino como futuros logopedas.