Niña en el hospital

Niña en el hospital.

30 de abril 2026. La relación entre educación, salud emocional y resiliencia en la infancia hospitalizada ha sido objeto de un nuevo estudio liderado por la profesora de la Universidad Isabel I Ana Padillo Andicoberry, coordinadora de los Grados en Educación Infantil y Primaria, que ha publicado en la revista científica Frontiers, dentro de su sección especializada en necesidades educativas especiales.

El trabajo, desarrollado en colaboración con investigadores del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla y la Universidad de Sevilla, analiza cómo la experiencia educativa dentro de las aulas hospitalarias influye en la ansiedad y la resiliencia de niños ingresados. La investigación se ha centrado en un grupo de 60 menores, de entre 9 y 14 años, que participaron en un programa educativo durante su hospitalización.

Un estudio que conecta educación y salud emocional

El objetivo principal de la investigación ha sido determinar si la resiliencia, tanto la que presentan los niños al ingresar como la que desarrollan durante su estancia, puede contribuir a reducir dos tipos de ansiedad habituales en estos contextos.

Ana Padillo explica que “la ansiedad generada por la enfermedad y la hospitalización en los niños podría modularse mediante sus habilidades de resiliencia”, una premisa que sitúa esta capacidad como un elemento clave en la intervención educativa en entornos sanitarios.

El trabajo parte de un contexto bien documentado, una serie de investigaciones previas  que sitúan en un 50% el porcentaje de menores hospitalizados que experimentan alteraciones emocionales, siendo la ansiedad una de las más frecuentes. En este escenario, la escuela hospitalaria se configura como un espacio esencial para mantener el ritmo académico y optimizar el bienestar psicológico del menor.

Metodología y seguimiento individualizado

La investigación, parte de la tesis doctoral de la profesora Padillo Andicoberry, se ha desarrollado mediante un diseño prospectivo con evaluación antes y después de la intervención educativa. Los menores fueron evaluados en dos momentos, al ingresar en el aula hospitalaria y antes de recibir el alta.

Para medir la ansiedad se utilizó la escala STAIC (State-Trait Anxiety Inventory for Children) es un instrumento psicológico diseñado para evaluar la ansiedad en niños y adolescentes, generalmente entre los 9 y los 15 años, mientras que la resiliencia se evaluó mediante la Escala de Resiliencia Escolar. Durante su estancia en el centro hospitalario, los participantes asistieron a actividades educativas adaptadas a su situación médica y emocional, con una media de tres horas diarias.

Estas actividades combinaban contenidos curriculares con propuestas lúdicas y participativas. De hecho, los propios investigadores subrayan que “las actividades educativas implementadas en la escuela hospitalaria deben adaptarse a la enfermedad de los niños y contribuir a reducir el estrés emocional causado por la hospitalización”, señala la profesora Padillo.

Resultados: menos ansiedad y mayor resiliencia

Los resultados muestran una evolución significativa en los indicadores analizados. Antes del alta hospitalaria, los niveles de ansiedad —tanto situacional como rasgo— se redujeron de forma estadísticamente significativa, mientras que la resiliencia global experimentó una mejora notable.

El estudio concluye que “tanto las capacidades de resiliencia individuales como las proporcionadas por el entorno sociofamiliar contribuyeron significativamente a reforzar el manejo positivo de las emociones de los niños”, argumenta la docente. Esta afirmación refuerza la idea de que el entorno educativo y familiar desempeña un papel determinante en la recuperación emocional.

Uno de los hallazgos más relevantes es que la ansiedad situacional está más vinculada a experiencias previas de hospitalización, mientras que la ansiedad rasgo se ve influida por factores como la autoestima, el entorno y los recursos sociales del menor.

El papel de la escuela hospitalaria

El estudio refuerza el valor de la escuela hospitalaria como un entorno educativo con impacto más allá del aprendizaje académico. Los niños valoraron positivamente las actividades realizadas, con puntuaciones medias de 4 sobre 5 tanto en disfrute como en su capacidad para reducir la preocupación por la enfermedad.

Aunque las actividades curriculares no se vinculan de forma directa con la reducción de la ansiedad, sí contribuyen a fortalecer la resiliencia. En este sentido, los autores señalan que “la percepción de que las actividades ayudan a no preocuparse por la enfermedad se asocia con un refuerzo de la autoestima y los recursos internos”.

Implicaciones para la práctica educativa y sanitaria

Los resultados abren nuevas vías de trabajo en la intersección entre educación y salud. La posibilidad de identificar a menores con mayor vulnerabilidad emocional permite diseñar intervenciones más ajustadas a sus necesidades.

Además, el estudio subraya la importancia de la coordinación entre docentes, familias y profesionales sanitarios, un elemento clave en el desarrollo de programas eficaces.

El trabajo concluye con una idea que resume el alcance de la investigación. “La resiliencia puede promover una actitud más activa y participativa que ayude a los niños a superar el impacto negativo de la hospitalización”, concluye la profesora Padillo. En un contexto de vulnerabilidad, esta capacidad se convierte en una herramienta clave para mejorar la experiencia emocional de los menores.