Niños programando

Niños programando uno de sus robots para las pruebas.

30 de abril de 2026. El salón de actos de la Universidad Isabel I se llenó de expectación, cables, robots y, sobre todo, ilusión. Entre 50 y 60 niños y niñas llegados de distintos puntos de Castilla y León participaron un año más en la final de STEM Talent Kids, el programa que durante todo el curso siembra vocaciones científicas y tecnológicas desde las aulas de primaria.

La cita, organizada junto a la Junta de Castilla y León, la Fundación ASTI y con el apoyo de la Fundación "la Caixa", no es solo una competición. Es, como recordó Luis Domingo, uno de los responsables educativos de la Junta de Castilla y León, “un día de escuela de los importantes”, donde lo esencial no es ganar, sino todo lo aprendido por el camino.

Los colegios que han logrado llegar a la final han sido el CEIP Pinares de Cega de Valladolid, el CEIP Virgen del Brezo de Palencia y los burgaleses CEIP Fernando de Rojas y CEIP Las Candelas. Y los grupos que se formaron entre los alumnos tenían nombres tan variopintos como Aurelio, Montaña, Valentina, Ojitos del Cega, Aurelio, Darwin de PInares, Kula o Vacas.

Patricia Cabrero

Patricia Cabrero, Vicerrectora de Investigación, da la bienvenida a los participantes del Stem Talent Kids.

Un día para demostrar lo aprendido

Tras meses de trabajo en sus colegios, los equipos llegaban a la final con un objetivo claro: poner en práctica todo lo aprendido en robótica y programación por bloques. El torneo se estructuró en varias pruebas en las que los alumnos debían demostrar su pericia en programación y robótica como recorrer un laberinto con robots o desafíos de precisión y creatividad, culminando con una prueba final.

Pero, ¿cómo lo han vivido ellos? “Lo más importante es no ponerse nervioso y probar primero despacio”, explicaba Mario, de 10 años, mientras ajustaba su robot. “Si el robot se equivoca, no pasa nada, porque luego puedes cambiar el programa”, añadía. Su compañera Lucía afirmaba con seguridad: “Antes de empezar siempre calibramos el sensor. Si no, el robot se pierde en las líneas y ya no hay nada que hacer”.

Autoridades

Autoridades participantes en la jornada.

Pequeños ingenieros, grandes ideas

En la prueba del laberinto, los participantes tenían que conseguir que su robot siguiera unas líneas hasta encontrar la salida. Algo que, sobre el papel, parece sencillo, pero que requiere lógica, precisión y trabajo en equipo. “Es como enseñarle a un robot a pensar”, decía Sergio, de Valladolid. “Nosotros le decimos lo que tiene que hacer, pero si algo falla, tenemos que pensar por qué”, añadía concentrado.

En otra de las pruebas, los robots debían reconocer formas y reaccionar con luces. “Cuando llega a un triángulo, tiene que pararse y cambiar de color”, explicaba Marta, muy resuelta. “Eso lo hacemos con un bucle. Es como repetir una orden muchas veces”, añadía con precisión al programar el robot con el ordenador de su equipo.

Las explicaciones, espontáneas y claras, reflejan el verdadero espíritu del programa: aprender haciendo.

Prueba de las latas

Prueba de las latas. El robot debe sacar fuera del círculo las tres latas sin salirse de la circunferencia.

Más allá de la tecnología

Durante la inauguración, la Vicerrectora de Investigación de la Universidad, Patricia Cabrero, lo dejó claro: “Hoy los protagonistas sois vosotros”. Y les lanzó dos mensajes sencillos: disfrutar y animaros unos a otros.

Un enfoque que también compartieron el resto de las autoridades. “Lo importante no es quién gana o pierde, sino cómo trabajáis en equipo, cómo aprendéis del error y cómo crecéis”, se insistió Natalia Díez de la Fundación La Caixa durante la jornada.

Esa idea caló entre los participantes. “A mí me gusta porque trabajamos juntos. Si uno no sabe algo, otro lo explica, y tenemos como apoyo a los profes”, decía Claudia.

Inclusión y oportunidades

Uno de los pilares del programa es su carácter inclusivo. A lo largo del curso, alumnado con diferentes capacidades ha participado en igualdad de condiciones, gracias a la colaboración de entidades especializadas. “Todos podemos programar, solo hay que encontrar la forma”, afirmaba Diego, orgulloso de su equipo.

La iniciativa busca, además, reducir la brecha de género en disciplinas STEM. Y en la final, eso se notaba con las niñas liderando equipos, explicando estrategias y programando con la misma soltura que sus compañeros.

Prueba final

Prueba final. El robot debe realizar un recorrido por las líneas marcadas en el menor tiempo posible.

Una experiencia que deja huella

Entre risas, nervios y algún que otro fallo técnico, la jornada avanzó hasta la esperada final. Solo tres equipos llegaron al último reto.

Y llegó el momento de los premios. En tercera posición quedaron en tercera posición el equipo Tecnorojas, del CEIP Fernando de Rojas, en un diploma que entregó Rubén Martínez, gerente de la Fundación Asti. Logró la segunda posición el equipo Darwin entregado por Natalia Díez de la Fundación La Caixa. Y los ganadores este año han sido los del equipo Aurelio, de Lucidus Burgos, que han recibido el diploma ganador de la mano de Roberto Saiz, delegado de la Junta de Castilla y León en Burgos y el director provincial de Educación en Burgos.

En la clausura, Roberto Sanz agradeció la participación de todos los centros y felicitó a los ganadores, destacando que lo verdaderamente importante del programa es la formación y el aprendizaje. Subrayó el valor de pensar antes de actuar, aprender de los errores y mejorar continuamente, más allá de los resultados de la competición. También recordó el trabajo conjunto entre instituciones, profesorado y entidades colaboradoras, y animó a todos los participantes a sentirse satisfechos por lo aprendido durante la jornada, pero también en los meses previos de preparación.

STEM Talent Kids cierra así una nueva edición demostrando que la ciencia, la tecnología y la educación pueden ser, además de formativas, profundamente emocionantes. Y que, cuando se aprende jugando, el futuro se construye con más ganas.