Foto de familia de todos

Fotografía de todos los participantes en RuralBotic 2026 en el auditorio de la Universidad Isabel I.

8 de mayo de 2026. Hay mañanas en las que un auditorio universitario deja de parecerse a un auditorio. Este viernes, en la Universidad Isabel I, no había silencio académico ni pasos apresurados entre pasillos. Había risas, pancartas improvisadas, robots sobre lonas de competición y 150 niños mirando al suelo… porque allí estaba el circuito.

La final de RuralBotic 2026 convirtió el campus en una fiesta tecnológica donde 150 jóvenes de centros rurales de Burgos y 14 docentes demostraron que la innovación no entiende de códigos postales. Equipos llegados desde distintos colegios de la comunidad participaron en la gran jornada final de un programa impulsado por la Fundación ASTI, con la colaboración de Redeia y la Fundación “la Caixa”, para acercar la robótica, la programación y las vocaciones STEM al medio rural.

Y sí, hubo competición. Pero también algo más importante, la ilusión por competir y ganar.

Desde primera hora, el auditorio se llenó de mochilas, camisetas de colores y estrategias de última hora. Algunos de los competidores repasaban códigos de programación y otros ensayaban cánticos para animar a sus compañeros.

En la bienvenida institucional, Roberto Arranz, delegado de Redeia en Castilla y León, recordó que este tipo de iniciativas “son una gran oportunidad para el desarrollo personal y profesional de los alumnos, porque muchas de las decisiones del futuro empiezan en edades tempranas”.

Por su parte, Natalia Díez Simancas, responsable de Acción Social de Fundación “la Caixa”, lanzó uno de los mensajes más aplaudidos de la mañana: “Los niños que vivís en los pueblos también tenéis todos los derechos para disfrutar de experiencias como esta y formaros en robótica”.

programación

Niños programando uno de sus robots.

Colegios rurales, talento gigante

Hasta la Universidad Isabel I llegaron estudiantes de distintos centros rurales, entre ellos colegios de Fuentespina, Torresandino, Castrojeriz, Burgos y otros municipios participantes en el programa.

Muchos de ellos llevan meses trabajando en clase con kits de robótica educativa, programación por bloques y retos vinculados al pensamiento computacional. Lo que este viernes parecía un juego era, en realidad, el resultado de todo un curso de aprendizaje.

Nosotros venimos a ganar… pero si no ganamos, por lo menos nos lo pasamos bien”, decía entre risas Hugo, de 10 años, mientras sujetaba con cuidado el robot de su equipo.

A su lado, Carla lo tenía más claro: “Lo importante es que no se choque”.

Primera prueba: el laberinto

La mañana arrancó con una de las pruebas estrella: el laberinto. El robot debía salir desde el punto inicial, seguir un recorrido sin tocar la línea negra del recorrido y encontrar la salida sin salirse del circuito. Martín lo resumía con naturalidad: “Hay que pasar por el laberinto sin tocar las líneas… bueno, las líneas negras”.

laberinto

La prueba del laberinto.

Y claro, en cada equipo se notaba la tensión, el silencio y las explosiones de alegría y risas que generaba cada intento cuando los robots, especialmente, al principio, se desviaban de su trayectoria.

Segunda prueba: las latas

En otra lona, el reto era distinto. En esta prueba, con tres latas dentro de una zona delimitada en un círculo, los robots debían expulsarlas sin abandonar el circuito. Empujar, corregir, volver a detectar la línea, ajustar el giro... y todo en segundos.

Parece fácil hasta que el robot decide hacer cosas raras”, comentaba un profesor entre risas mientras un equipo reajustaba su programación. Pero, los alumnos insistían. Reiniciaban su programación y robaban otra vez.

Aquí se compite… pero también se aprende

tira latas

La prueba de tira latas.

Uno de los rasgos más característicos de RuralBotic es su espíritu colaborativo. Aunque hay clasificación, el ambiente es de ayuda constante entre equipos. “Estamos compitiendo, pero también estamos aprendiendo”, repetían los dinamizadores durante la jornada.

Cuatro finalistas y una última prueba decisiva

Tras las rondas previas, llegó el momento más esperado: el anuncio de los cuatro equipos finalistas. Subieron al escenario para disputar la prueba final de “seguir líneas”, donde la precisión y el tiempo marcaban la diferencia.

La tensión se respiraba en el auditorio. “¡Vamos, vamos!”, gritaban desde las gradas mientras los robots avanzaban por el circuito bajo la mirada de todos.

sigue la línea

Prueba final, 'Seguir líneas', en la que el robot debe seguir un recorrido.

La jornada concluyó con la entrega de premios y medallas para todos los participantes, en reconocimiento a su trabajo durante el curso y la competición.

El podio final quedó así:

  •  Burgaleses 2.0, campeones de la final
  • Teletubbies, segundos 
  • Riberbot, terceros
  • Rurabots, cuartos 

Pero los 150 estudiantes participantes recibieron su medalla en una ceremonia que cerró una jornada marcada por el esfuerzo, la creatividad y el trabajo en equipo.

La entrega de premios puso el broche a una jornada que fue mucho más allá de la competición. RuralBotic 2026 dejó claro que la tecnología también puede ser juego, aprendizaje y comunidad.

Porque entre sensores, líneas negras y robots en movimiento, lo que realmente se construyó este viernes en la Universidad Isabel I fue futuro… con acento rural.