
Cabina de audiometría en los laboratorios de la Universidad Isabel I.
2 de junio de 2026. El silencio dentro de la cabina es absoluto. Apenas unos segundos después de colocarse los auriculares, comienza a sonar un leve pitido. El estudiante escucha, pulsa un mando y el audiómetro registra la respuesta. Parece una escena habitual en una consulta especializada en audiología, pero ocurre dentro de la Universidad Isabel I.
La universidad ha incorporado una cabina de audiometría insonorizada para la formación práctica de los estudiantes del Grado en Logopedia, un equipamiento que permitirá al alumnado entrenarse con herramientas y procedimientos similares a los utilizados en clínicas y centros especializados.
La directora del Grado en Logopedia, Ana Cecilia Colmenárez, explica que este nuevo recurso permitirá a los estudiantes “acercarse al ejercicio de la práctica profesional en la audiología clínica” y aprender a identificar diferentes alteraciones auditivas desde una perspectiva aplicada y rigurosa.
La cabina cuenta con un sistema de audiometría tonal por vía aérea y vía ósea, dos técnicas fundamentales para evaluar la capacidad auditiva de un paciente y detectar posibles pérdidas de audición. “Los alumnos aprenderán a identificar los umbrales auditivos y también a diagnosticar distintos tipos de hipoacusia, tanto neurosensoriales como de transmisión o mixta”, señala Colmenárez.
La hipoacusia —la pérdida parcial de la capacidad auditiva— es uno de los trastornos más frecuentes y puede presentarse con distintos grados de afectación. “De 0 a 20 decibelios estaríamos hablando de una audición sana. A partir de ahí pueden detectarse pérdidas leves, moderadas o graves”, explica la directora del grado.
Tecnología para aprender haciendo
El funcionamiento del equipo reproduce el procedimiento habitual de un centro audiológico. Durante las prácticas, el alumno sitúa al paciente dentro de la cabina insonorizada, coloca los auriculares y realiza la prueba auditiva mediante diferentes frecuencias y volúmenes. A través de un mando, el paciente indica cuándo percibe el sonido y el especialista registra el umbral auditivo.
Además de las audiometrías tonales, los estudiantes trabajarán con pruebas de logoaudiometría, centradas en discriminar el umbral de inteligibilidad del paciente. “No solo analizamos si una persona oye, sino cómo comprende y discrimina el lenguaje hablado”, apunta Colmenárez.

Ana Cecilia Colmenárez, directora del Grado en Logopedia.
La incorporación de este tipo de tecnología tiene una relevancia especial en una disciplina como la Logopedia, donde la intervención va mucho más allá del diagnóstico inicial. Una pérdida auditiva puede afectar directamente al desarrollo del lenguaje, la comunicación y la calidad de vida del paciente, especialmente en niños y personas mayores.
Formación práctica desde tercer curso
Los estudiantes del Grado en Logopedia comenzarán a utilizar esta cabina a partir del tercer curso, etapa en la que se intensifica la formación práctica y el contacto con herramientas clínicas.
“El objetivo es que los alumnos se familiaricen con el audiómetro, aprendan a interpretar pruebas diagnósticas y desarrollen habilidades esenciales para su futuro profesional”, señala Colmenárez.
La formación no se limita únicamente a detectar el problema. Una vez identificado el tipo de pérdida auditiva y su localización, el futuro logopeda también aprende a comprender el proceso terapéutico posterior, desde la adaptación de audífonos hasta el seguimiento de pacientes con implantes cocleares.
“La rehabilitación es fundamental para garantizar un buen rendimiento tanto de las prótesis auditivas como de los implantes cocleares y osteointegrados”, subraya la especialista.
Un problema de salud cada vez más frecuente
La Organización Mundial de la Salud lleva años alertando sobre el aumento de los problemas auditivos asociados a la exposición continuada al ruido. Según explica Ana Cecilia Colmenárez, las causas más frecuentes de pérdida auditiva ya no se limitan únicamente a factores congénitos o al envejecimiento.
“La exposición prolongada a ruidos intensos, tanto en entornos laborales como en el uso cotidiano de auriculares a volúmenes elevados, está provocando un aumento importante de las lesiones auditivas”, advierte. Incluso situaciones aparentemente normales, como asistir a conciertos con frecuencia, pueden dejar secuelas acumulativas. “Después de una exposición muy fuerte puede parecer que recuperamos la audición, pero esas lesiones dejan huella con el tiempo”, añade.
A ello se suma el envejecimiento de la población. “Igual que envejece la vista, envejece el oído. La pérdida auditiva asociada a la edad, más conocida como presbiacusia, es cada vez más habitual debido a las condiciones de vida actual, así como determinadas enfermedades crónicas o el consumo prolongado de medicamentos ototóxicos”, explica.

La profesora Laura Maeso, coordinadora de laboratorios de la Facultad de Ciencias de la Salud, probando la cabina de audiometría.
Un equipamiento avanzado para la práctica clínica simulada
Aunque este tipo de cabinas suele encontrarse en centros especializados de audiología, la profesora Colmenárez destaca el nivel tecnológico del nuevo equipamiento adquirido por la Universidad Isabel I.
“Es una cabina moderna y el audiómetro también es un equipo bastante reciente, con prestaciones avanzadas para la formación práctica del alumnado”, afirma.
La incorporación de este recurso responde a una apuesta cada vez más presente en la formación sanitaria: combinar la base teórica con experiencias prácticas que permitan al estudiante enfrentarse desde el aula a situaciones similares a las que encontrará en su ejercicio profesional.
Para los futuros logopedas, esta inmersión temprana en la evaluación auditiva supone una oportunidad para desarrollar competencias técnicas antes de incorporarse al ámbito clínico. Pero también representa algo más profundo: comprender que detrás de cada audiometría no solo hay gráficos y decibelios, sino personas que buscan volver a escuchar con claridad el mundo que les rodea.