
La profesora Beatriz Robles, ofreció la lección inaugural en la Apertura del Curso 2026-2027.
6 de octubre de 2026. Tecnóloga de los alimentos, divulgadora científica y docente de la Universidad Isabel I, Beatriz Robles Martínez ha construido su trayectoria profesional en el punto de encuentro entre la alimentación, la nutrición, la seguridad alimentaria y la comunicación científica. Antigua estudiante de la propia Universidad defiende que docencia y divulgación comparten una misma tarea: comprender el conocimiento, seleccionar lo relevante y hacerlo accesible sin perder rigor. En esta entrevista habla de desinformación, inteligencia artificial, seguridad alimentaria y pensamiento crítico, y explica las preguntas que quiere trasladar a los estudiantes en la lección inaugural del nuevo curso.
Tu trayectoria reúne ciencia y tecnología de los alimentos, nutrición, seguridad alimentaria, docencia y divulgación. ¿Cómo se han ido conectando estas facetas a lo largo de tu carrera?
En realidad, son facetas que están muy interconectadas entre sí. La ciencia y la tecnología de los alimentos toca el área de nutrición y dietética humana, y la dietética humana también toca la tecnología de los alimentos. Son dos áreas que permean y, en ese sentido, el campo de conocimiento es el mismo.
La docencia y la divulgación también tienen puntos en común porque, en los dos casos, se trata de entender un tema y después tratar de hacérselo comprender al público que te escucha o a los alumnos. Realmente son áreas parecidas.
Estudiaste Nutrición Humana y Dietética en la Universidad Isabel I y hoy formas parte de su equipo docente. ¿Cómo ha sido pasar de estudiante a profesora de la misma Universidad?
Cuando empecé en la Universidad Isabel I como alumna ya trabajaba como divulgadora científica y tenía esa faceta de ciencia y tecnología de los alimentos.
Luego cambia mucho cuando pasas de estudiante a profesora. Te das cuenta de cosas que, a lo mejor, como estudiante no entendías tanto. Y como profesora, haber sido estudiante te permite empatizar con esos problemas y esos agobios que pueden tener los alumnos. Creo que haber estado en los dos lados enriquece también la experiencia.
¿Qué te aporta la docencia cuando tienes que comunicar sobre alimentación y nutrición fuera de la Universidad?
Me ayuda a potenciar las habilidades para la comunicación porque son áreas muy similares. Al final se trata de documentarse, tener una amplia base de información sobre un tema y, a partir de ahí, filtrar los datos, traducirlos y quedarse con el mensaje que va a resultar útil para el público o para los alumnos.
Se trata de hacer ese puente entre el conocimiento y el público o los estudiantes. Las dos facetas van muy en paralelo.
Has trabajado en televisión, radio, prensa, podcast y formatos digitales. ¿Qué cambia cuando tienes que explicar una misma evidencia científica a públicos y formatos diferentes?
Lo que debes tener siempre en cuenta es quién va a escucharte, cuál va a ser tu público. A partir de ahí, el trabajo es muy similar porque lo que haces es adaptar un mensaje que ya tienes preparado y filtrado a la plataforma y a los públicos.
No es lo mismo un medio digital escrito, en el que podemos poner enlaces a todas las fuentes, que un podcast o un vídeo, que disponen de otros recursos. Tenemos que centrarnos en cuál es el público y adaptar el formato y los códigos, pero el mensaje tiene que ser el mismo.
El verdadero objetivo es desarrollar el pensamiento crítico
Este curso eres la encargada de impartir la lección inaugural de la Universidad Isabel I. ¿Qué significa para ti asumir esta responsabilidad?
Es una responsabilidad que me ilusiona mucho y también me produce mucho respeto. Es una oportunidad para transmitir algunas ideas sobre las que vengo pensando y para dejar pinceladas de temas que quizá no voy a desarrollar mucho, pero que pueden hacer pensar a los alumnos y a otras personas.
¿Cuál es el tema central de la lección y por qué has elegido esta cuestión?
Voy a hablar de los nuevos fármacos contra la obesidad, los que conocemos como análogos del GLP-1, pero desde una perspectiva un poco distinta. La eficacia de estos fármacos es indiscutible, pero están cambiando el paradigma no solo de cómo tratamos la obesidad, sino también de muchos aspectos sociales.
Una de las cuestiones que quiero poner sobre la mesa es si son una ayuda para reducir la desigualdad o si, por el contrario, pueden contribuir a ampliarla.
¿Qué pregunta te gustaría dejar a los estudiantes después de tu intervención?
Me gustaría que reflexionasen sobre cómo la ciencia llega o no a las personas que la necesitan y cuál es nuestro papel como sanitarios o profesionales a la hora de hacer que llegue esa ciencia, de democratizarla.
También me gustaría que pudieran dar un paso atrás y reflexionar de una manera más amplia sobre los avances que nos llegan, no quedarse solo con el propio avance, sino pensar en cómo nos afecta como sociedad.

Beatriz Robles durante la lección inaugural.
¿Qué papel debería desempeñar hoy la Universidad para enseñar a distinguir información fiable, interpretar evidencias y cuestionar afirmaciones aparentemente científicas?
Creo que lo fundamental es dar a los estudiantes herramientas, estemos en el campo que estemos, para que desarrollen pensamiento crítico. Ese es el verdadero reto de la sociedad en la que estamos ahora mismo.
Puede que no tengan el conocimiento concreto sobre un tema, pero deben saber dónde buscarlo y disponer de herramientas para interpretar bien esa información y discernir si es falsa, verdadera o dudosa.
La desinformación tiene recursos con los que la ciencia no cuenta
Alimentación y nutrición son dos ámbitos especialmente expuestos a modas, mensajes contradictorios y contenidos virales. ¿Por qué resulta tan difícil distinguir la evidencia científica de la desinformación?
La desinformación tiene recursos con los que la ciencia no cuenta. La ciencia es lenta, el conocimiento tarda en asentarse y se está poniendo a prueba continuamente. Específicamente en alimentación y nutrición, no tenemos certezas y consensos absolutos en muchos temas.
La población, en cambio, busca certezas y ahí la desinformación actúa muy bien, porque ofrece certezas, mensajes que tranquilizan y rapidez en las respuestas. La ciencia no puede ofrecer eso. Estamos en una carrera en la que uno compite dopado y el otro, con una pierna escayolada.
¿Qué responsabilidad tienen quienes divulgan ciencia cuando una explicación rigurosa tiene que competir por la atención con mensajes mucho más simples y contundentes?
Lo primero es estar presentes. Tenemos que estar para ofrecer mensajes rigurosos y basados en la ciencia, pero también debemos ser rápidos y ocupar los espacios.
Cuando no hablamos nosotros de un tema, ese espacio no queda vacío. Va a haber alguien que lo ocupe y dé información que puede no responder a la ética y a la responsabilidad que se debería exigir a quien llega a un público muy amplio.
Tenemos que estar presentes, ser rápidos, ocupar esos espacios y adaptarnos a los códigos y lenguajes de la comunicación actual sin perder por ello el rigor.
Inteligencia artificial y el problema de distinguir el dato correcto del erróneo
La inteligencia artificial generativa está cambiando la manera de buscar información. ¿Qué oportunidades y problemas observas cuando se utiliza para resolver dudas relacionadas con alimentación, nutrición y salud?
Es una herramienta muy potente que puede ser útil, por ejemplo, para buscar fuentes, conocer estudios que quizá te pasarían desapercibidos o enfocar determinados temas desde ángulos que no habías contemplado.
Pero tenemos un problema, que es la imprecisión. En una misma respuesta puede ofrecerte una parte que sea acertada y vaya en consonancia con los consensos científicos y otra que no, pero aparece todo mezclado y puede resultar difícil discernirlo. Creo que ahí se genera una gran confusión.
Acabáis de comenzar la tercera edición del podcast A la guerra con la cuchara. ¿Qué aporta el diálogo entre periodismo y ciencia a la hora de explicar la alimentación?
Mi compañera Laura Caorsí es periodista y está especializada en sociología, y yo procedo de las ciencias de la alimentación. Esas dos miradas, una desde las ciencias sociales y otra desde la ciencia, convergen.
En nuestra conversación nos damos cuenta de que lo que obtenemos no es simplemente el punto de vista de una más el de la otra, sino algo nuevo, un punto de vista distinto. Creo que ahí está la riqueza y la originalidad del podcast.
Después de años respondiendo a preguntas sobre alimentación en los medios, ¿qué dudas y mitos continúan apareciendo una y otra vez?
Hay muchas tendencias que se hacen virales y explotan en un momento determinado, pero las dudas más básicas, las que aparecían hace 20 o 30 años, siguen repitiéndose.
Los grandes clásicos son si la leche es buena o mala, todo tipo de dudas sobre las frutas, si se pueden comer en un momento u otro o cuál es mejor o peor. También se pregunta por las dietas vegetarianas y de dónde se obtiene la proteína, o por sustitutos naturales del azúcar, como la miel, la panela o distintos jarabes vegetales.
Son preguntas muy recurrentes que, aunque exista mucha información y hayan sido desmentidas muchas veces, permanecen.

Beatriz Robles Martínez en la Universidad Isabel I.
Seguridad alimentaria, también dentro de casa
En tu libro 'Come seguro comiendo de todo' abordas la seguridad alimentaria cotidiana. ¿Qué te llevó a escribir sobre este asunto?
Me fijé en mi entorno más cercano. Cuando tienes puesto el radar de la seguridad alimentaria, te das cuenta de que en casa hacemos cosas que no son las más correctas para garantizarla.
Tenemos la suerte de que, en nuestro entorno, la seguridad alimentaria ha muerto de éxito. Compramos un alimento en cualquier sitio y no tenemos que estar pensando continuamente si es higiénicamente adecuado. Compramos en un supermercado o comemos en un bar y, por lo general, los estándares son muy altos, por lo que esa seguridad pasa desapercibida.
Pero es fruto de mucho trabajo, de muchos años de legislación y del trabajo de los distintos eslabones de la cadena alimentaria. El objetivo del libro era ofrecer pautas sencillas, sin alarmar, que podemos aplicar en casa y que reducen el riesgo de sufrir una intoxicación alimentaria.
Desde tu doble experiencia como antigua alumna y profesora, ¿qué consejo darías a quienes comienzan ahora su primer curso en la Universidad Isabel I?
Les diría que intenten disfrutarlo. Cuando entramos en un grado o en una carrera universitaria generalmente queremos acabar, correr, aprender rápido e ir muy deprisa. Es totalmente lícito porque son estudios que nos permiten continuar nuestra trayectoria profesional.
Pero les diría que intenten disfrutar del camino, a pesar de los momentos de estrés, de pensar que no llegan o de tener que dejar temporalmente alguna faceta personal para continuar estudiando. Que vayan paso a paso y no intenten correr. Luego recuerdas el camino y era bonito.
Si pensamos en quien comienza hoy un grado y en el profesional que será dentro de unos años, ¿qué competencia debería llevarse de la Universidad independientemente de su titulación?
Análisis crítico. Conocer cómo funciona la información y disponer de las herramientas que proporciona la Universidad para desarrollar un pensamiento crítico, dudar y ser escéptico con criterio.
Creo que eso puede hacer que seamos una población menos manipulable, que es uno de los retos a los que nos enfrentamos ahora mismo.
Aprender a interpretar la evidencia antes de transmitirla
De estudiante de Nutrición Humana y Dietética a docente de la Universidad Isabel I, la trayectoria de Beatriz Robles ha mantenido un elemento común entre las aulas, los medios de comunicación y la divulgación científica: aprender a interpretar la evidencia antes de transmitirla. Una capacidad que considera especialmente necesaria en alimentación y salud, pero que extiende a cualquier ámbito profesional.
Su mensaje para quienes comienzan ahora su etapa universitaria combina dos ideas que recorren toda la entrevista. Por un lado, avanzar sin perder de vista el aprendizaje que se produce durante el camino. Por otro, salir de la Universidad con herramientas para “dudar” y “ser escéptico con criterio”, una competencia que sitúa en el centro de la formación universitaria en un contexto marcado por la sobreinformación, la desinformación y las nuevas formas de acceder al conocimiento