
En la presentación del IV Congreso de Seguridad y Defensa estuvieron presentes Javier Irozaqui González, Alberto Gómez Barahona, Francisco de Asís Ramírez y Reinaldo Batista Cordova.
22 de octubre de 2026. El IV Congreso de Seguridad y Defensa de la Universidad Isabel I ha analizado las dependencias estratégicas de la Unión Europea, la necesidad de proteger los servicios esenciales frente a los ciberataques y las dificultades para conciliar seguridad, intereses políticos y valores democráticos.
La Unión Europea afronta un escenario internacional en el que las amenazas se multiplican mientras persisten las dificultades para responder de manera conjunta. La competencia entre grandes potencias, las dependencias tecnológicas, los ciberataques y los dilemas éticos asociados a la defensa han centrado el IV Congreso de Seguridad y Defensa de la Universidad Isabel I, celebrado en colaboración con el Ministerio de Defensa.
A lo largo de tres paneles, especialistas del ámbito académico, militar y tecnológico han analizado cómo está cambiando el concepto de seguridad y qué capacidades necesita Europa para afrontar los nuevos riesgos. Las intervenciones han puesto de manifiesto que la defensa europea depende tanto de su posición internacional como de la protección de las infraestructuras, la preparación de las personas y la capacidad política para adoptar decisiones compartidas.
El congreso ha abordado también una cuestión transversal: cómo reforzar la seguridad sin debilitar los principios democráticos y jurídicos que la Unión Europea pretende defender.
La seguridad europea ante un mundo más fragmentado
Durante la inauguración, el rector de la Universidad Isabel I, Alberto Gómez Barahona, recordó que la seguridad constituye una condición necesaria para el desarrollo económico y el bienestar de las personas. El rector destacó la necesidad de analizar las consecuencias de los cambios internacionales, desde la guerra de Ucrania y su impacto en las prioridades presupuestarias europeas hasta la creciente competencia entre Estados Unidos, China y Rusia. También señaló que la transformación tecnológica ha incorporado nuevos desafíos a la defensa tradicional, entre ellos la ciberdelincuencia y la ciberseguridad.
En esta misma línea, el subdelegado de Defensa en Burgos, el coronel Francisco de Asís Ramírez, advirtió de que Europa debe responder a amenazas interiores y exteriores que se desarrollan con creciente rapidez. Puso especial atención en los ataques híbridos y en la necesidad de que la Unión Europea consolide una posición estratégica propia, adaptando sus instrumentos de actuación a un escenario internacional diferente.
El decano de la Facultad de Ciencias de la Seguridad y Criminología, Reinaldo Batista Córdova, destacó el valor del congreso como espacio de investigación y debate sobre geopolítica, conflictos cognitivos, amenazas cibernéticas y cuestiones éticas y normativas relacionadas con la defensa.
La primera conferencia, impartida por el analista Javier Irozaqui González, situó estos desafíos en el contexto de un cambio de época. Bajo el título Hacia un nuevo (des)orden mundial, explicó que las relaciones internacionales están evolucionando desde un sistema basado en reglas hacia otro en el que adquieren mayor peso las relaciones de poder. Según su análisis, la globalización económica también está cambiando de prioridades: los países buscan asegurar sus cadenas de suministro, controlar recursos estratégicos y reducir dependencias que puedan convertirse en vulnerabilidades. La inteligencia artificial, los semiconductores, los minerales críticos y las rutas comerciales, indicó el ponente, se han incorporado a la competencia entre potencias. Para Irozaqui, Europa afronta un triple desafío económico, político y de seguridad, después de décadas en las que pudo apoyarse en la industria china, la energía rusa y la protección militar estadounidense.

Lección magistral del analista Javier Irozaqui González.
China y Oriente Próximo ponen a prueba la autonomía europea
La investigadora Wendan Long, de CEDEU, profundizó en las relaciones entre China y Europa a partir del XV Plan Quinquenal del país asiático. Explicó cómo la planificación a largo plazo permite establecer prioridades en innovación, energía, sostenibilidad y seguridad económica. "La previsibilidad no elimina la incertidumbre, pero permite gestionarla mejor", señaló al explicar el valor de conocer las estrategias de otros países para anticipar riesgos. Long advirtió de que la dependencia europea de determinados materiales estratégicos, especialmente las tierras raras necesarias para la industria tecnológica y de defensa, puede limitar su capacidad de actuación ante restricciones comerciales o tensiones diplomáticas. Al mismo tiempo, identificó oportunidades de cooperación con China en ámbitos como la transición ecológica y la innovación.
Las dificultades de Europa para ejercer influencia internacional también estuvieron presentes en la ponencia de Berta Alam Pérez, investigadora de la Universidad Rey Juan Carlos, dedicada a Oriente Próximo. Alam explicó que la inestabilidad de la región afecta directamente a la seguridad energética, económica y militar europea. Sin embargo, la Unión mantiene un protagonismo limitado en algunos procesos de negociación, pese a disponer de instrumentos diplomáticos y jurídicos para intervenir. La investigadora cuestionó que las dificultades europeas puedan atribuirse exclusivamente a la exigencia de unanimidad en determinadas decisiones de política exterior. Las diferencias entre los Estados miembros y la ausencia de posiciones políticas compartidas también condicionan su capacidad de respuesta. Su intervención defendió una mayor cooperación entre los países de la Unión, basada en la solidaridad y el cumplimiento de las obligaciones internacionales.

Panel 1 con la participación de Wendan Long y Berta Alam Pérez.
La ciberseguridad debe garantizar que los servicios esenciales sigan funcionando
El segundo panel trasladó el debate a las amenazas digitales, que pueden afectar a infraestructuras, empresas, administraciones y servicios utilizados diariamente por la ciudadanía. El coronel en la reserva Félix Estrada Matamala, responsable de Gades Security Consulting, explicó que los efectos de un ciberataque pueden extenderse más allá del sistema informático inicialmente comprometido. La interconexión entre infraestructuras permite que un incidente provoque interrupciones de servicios, pérdidas económicas y consecuencias para la población.

Lección magistral del panel 2 del coronel en la reserva Félix Estrada Matamala.
Estrada distinguió entre ciberdelincuencia, espionaje, sabotaje y operaciones vinculadas a conflictos internacionales. Advirtió de que un ataque digital grave no debe interpretarse automáticamente como una agresión militar, ya que su valoración exige pruebas técnicas y un análisis de las responsabilidades. Su intervención defendió la necesidad de garantizar la continuidad de los servicios esenciales y recuperar la actividad tras un incidente, mediante una coordinación efectiva entre los organismos responsables de la prevención, la investigación y la gestión de crisis.
Esta visión se completó con la aportación de Amalia Beatriz Orúe, decana de la Facultad de Ciencias y Tecnología de la Universidad Isabel I, quien cuestionó que las personas sigan considerándose el eslabón débil de la ciberseguridad. Orúe explicó que los atacantes recurren a técnicas de ingeniería social para manipular a los usuarios, pero recordó que las personas también pueden identificar comportamientos sospechosos, detener operaciones de riesgo y tomar decisiones cuando los sistemas automáticos resultan insuficientes. La profesora defendió que el factor humano debe convertirse en una capacidad de protección mediante formación, protocolos comprensibles y actualización profesional. Esta preparación debe extenderse tanto a los especialistas como a los responsables de empresas, administraciones y al conjunto de la ciudadanía.
El ingeniero industrial Ricardo Serrano, presidente del grupo Inteligenia, completó el panel con un análisis de la ciberdelincuencia transnacional. Bajo el título Cuando la amenaza no tiene pasaporte, examinó los riesgos asociados a la conectividad permanente, las dificultades para perseguir delitos cometidos desde otros países y la dependencia de infraestructuras y componentes tecnológicos externos. Serrano también abordó el uso del entorno digital para influir en la percepción de la ciudadanía, una dimensión que amplía los efectos de los conflictos más allá de los ataques a sistemas informáticos.

Panel 2. Expertos Amalia Beatriz Orúe y Ricardo Serrano.
Los valores democráticos plantean límites y responsabilidades a la defensa europea
El tercer panel examinó las contradicciones que surgen cuando la Unión Europea intenta reforzar sus capacidades de defensa y, al mismo tiempo, mantener su compromiso con la paz, los derechos humanos y el derecho internacional.
Angustias Hombrado Martos, del Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado, analizó esta cuestión en la conferencia La paradoja normativa: poder, acción y ética en tiempos de complejidad. La investigadora explicó que Europa ha construido buena parte de su influencia internacional mediante la diplomacia, el comercio y la regulación. Sin embargo, el deterioro del entorno de seguridad ha intensificado el debate sobre la necesidad de contar con mayores capacidades militares. Hombrado planteó las dificultades de convertir los principios europeos en actuaciones concretas cuando existen diferencias políticas entre los Estados miembros o faltan instrumentos adecuados. También examinó las respuestas ante las guerras de Ucrania y Gaza y las tensiones entre los objetivos de seguridad y los medios utilizados para alcanzarlos.

Lección magistral del tercer panel de Angustias Hombrado Martos.
Uno de los ejemplos más concretos de estos dilemas apareció en la intervención de Kilian Wirthwein Vega, investigador vinculado a la Universidad Carlos III de Madrid y otras instituciones académicas. Wirthwein analizó los problemas que plantea la fabricación conjunta de armamento por parte de varios países europeos cuando sus gobiernos mantienen criterios distintos sobre la exportación a terceros Estados. La cooperación industrial puede facilitar el desarrollo de capacidades comunes, pero también genera conflictos sobre quién debe autorizar una venta y cómo aplicar los controles establecidos para proteger los derechos humanos. El investigador advirtió de que la integración de la industria europea de defensa está avanzando más rápidamente que los mecanismos comunes para decidir sobre las exportaciones de armamento.
La reflexión ética se extendió al funcionamiento de las sociedades democráticas con la intervención de Adolfo López Novas, docente e investigador de la Universidad Isabel I. A partir de autores como Kant, Max Weber y Carl Schmitt, el profesor analizó cómo la polarización política puede convertir las diferencias ideológicas en relaciones de enfrentamiento entre adversarios. López Novas advirtió de los riesgos de deshumanizar al contrario y defendió la recuperación del diálogo, las instituciones democráticas y el compromiso con el contrato social como condiciones necesarias para construir una paz duradera.

Panel 3 con Kilian Wirthwein Vega y Adolfo López Novas.
Más capacidad de defensa, pero también cooperación y diplomacia
En la clausura, Reinaldo Batista Córdova recuperó algunas de las cuestiones planteadas durante las tres mesas: la transformación del equilibrio internacional, la importancia de las amenazas digitales y la necesidad de incorporar la reflexión ética a las decisiones sobre seguridad. El decano recordó que la propia Unión Europea constituye una experiencia de cooperación entre países que anteriormente habían mantenido enfrentamientos. Desde esta perspectiva, defendió que el fortalecimiento de la seguridad debe acompañarse de instrumentos diplomáticos y capacidad de negociación. También señaló que la inversión en defensa no puede identificarse exclusivamente con la adquisición de armamento, puesto que la prevención de conflictos exige conocimiento, diálogo y decisiones políticas fundamentadas.