
Diego Sandoval y Carmen Martínez Alonso durante el webinar.
16 de abril de 2026. La inteligencia artificial y la química computacional han dejado de ser conceptos abstractos para convertirse en herramientas en el día a día de la transición energética. Ese fue el eje central del webinar organizado por la Universidad Isabel I bajo el título Herramientas computacionales para la energía y la descarbonización, en el que se abordó, con un enfoque divulgativo, cómo se puede producir energía limpia a partir del hidrógeno.
La sesión, impartida por la doctora Carmen Martínez Alonso, responsable de proyectos en el clúster del hidrógeno de Castilla y León (H2CYL), permitió entender cómo disciplinas altamente técnicas pueden tener una aplicación directa en la vida cotidiana. “Soy química y utilizo la química para investigar, pero ahora aplicada a un objetivo muy concreto: el desarrollo del hidrógeno renovable”, explicó durante su intervención.
Del hidrógeno gris al hidrógeno verde
Uno de los primeros conceptos que la ponente quiso aclarar fue la diferencia entre los distintos tipos de hidrógeno. Aunque se trata del elemento más abundante del universo, en la Tierra apenas se encuentra en estado puro en la atmósfera, lo que obliga a producirlo.
Hoy en día, gran parte del hidrógeno utilizado es el denominado “gris”, que se obtiene a partir del gas natural, un proceso que genera emisiones contaminantes. Frente a ello, el hidrógeno verde se produce mediante electrólisis del agua utilizando energías renovables como la solar o la eólica.
“El hidrógeno verde no genera emisiones de CO2, y permite almacenar energía y utilizarla después en sectores como la movilidad o la industria”, subrayó Martínez Alonso. Este proceso consiste, en términos sencillos, en separar el hidrógeno y el oxígeno del agua mediante electricidad, para después utilizar ese hidrógeno como combustible limpio.
El papel de la simulación y la inteligencia artificial
Uno de los aspectos más innovadores del webinar fue la explicación de cómo los ordenadores permiten simular reacciones químicas complejas sin necesidad de realizarlas físicamente en un laboratorio.
La química computacional utiliza modelos matemáticos para predecir cómo se comportan los materiales. En este caso, el objetivo de los investigadores es encontrar catalizadores eficaces que puedan acelerar las reacciones necesarias en la producción de hidrógeno.
Un catalizador es una sustancia que facilita una reacción química sin consumirse en el proceso. El problema es que los más eficaces, como el platino, son escasos y extremadamente caros. “El reto es encontrar materiales alternativos que funcionen igual de bien, pero que sean más baratos y abundantes”, explicó la investigadora.
Para ello, en las investigaciones actuales se emplean simulaciones que reproducen el comportamiento de superficies metálicas a nivel atómico. Estas simulaciones permiten calcular, por ejemplo, la energía de adsorción, es decir, cómo interactúan los átomos de hidrógeno con el material.
“El ordenador no te da una respuesta simple, sino cientos de páginas de datos. Pero al final puedes saber qué material es más eficiente y por qué”, señaló.
Nuevos materiales sin platino
El uso de inteligencia artificial ha supuesto un salto cualitativo en este campo. En lugar de probar materiales uno a uno, los investigadores entrenan modelos de machine learning con datos previos para predecir cuáles serán los más prometedores.
En el estudio presentado realizado por la ponente, el equipo investigador trabajó con una base de datos de más de 900 combinaciones de materiales, incluyendo metales puros, aleaciones y estructuras modificadas. A partir de ahí, el algoritmo fue capaz de identificar nuevas opciones con un alto rendimiento.
Uno de los hallazgos más relevantes fue la posibilidad de sustituir el platino por combinaciones de metales más accesibles. “Hemos encontrado materiales sin platino ni paladio que ofrecen resultados muy competitivos”, destacó Martínez Alonso, poniendo como ejemplo determinadas aleaciones de plata e indio sometidas a tensión.
Este tipo de avances se basan también en técnicas como la deformación de materiales a nivel microscópico. Al modificar su estructura, se puede mejorar su comportamiento químico. “Las tensiones de tracción favorecen la reacción, mientras que la compresión la dificulta”, resumió.
Aplicaciones reales y horizonte 2030
Más allá del laboratorio, el desarrollo del hidrógeno verde tiene implicaciones directas en sectores clave como el transporte, la industria pesada o la producción de fertilizantes.
En España, proyectos como el corredor del hidrógeno o el despliegue de hidrogeneras forman parte de una estrategia a medio plazo que apunta al año 2030 como horizonte de consolidación. Ya existen, de hecho, autobuses y camiones impulsados por hidrógeno en funcionamiento.
Para que este modelo sea viable, es necesario desarrollar toda una infraestructura que permita producir, almacenar y distribuir el hidrógeno. “No basta con tener el vehículo. Hace falta todo el ecosistema”, advirtió la ponente. Aun así, el mensaje final fue claramente optimista. “Las cosas están avanzando poco a poco, pero de forma constante. Estoy convencida de que el hidrógeno será una pieza clave en el futuro energético”, concluyó.
El webinar, moderado por el profesor Diego Sandoval, puso de relieve el papel de la universidad como puente entre la investigación y la sociedad. Traducir conceptos complejos en soluciones prácticas es, en este contexto, uno de los grandes retos de la educación superior en la era de la descarbonización.