Eduardo Fernández García

El profesor Eduardo Fernández García en su lección magistral ofrecida sobre la Reina Isabel en la Apertura del Curso de la Universidad Isabel I en 2023.

22 de abril de 2026. El 22 de abril se cumplen 575 años del nacimiento de Isabel I de Castilla en Madrigal de las Altas Torres (Ávila).

Con motivo de esta efeméride, conversamos con el profesor Eduardo Fernández García, docente de la Universidad Isabel I, y doctor en Historia de las Ideas Políticas, licenciado en Derecho, graduado en Geografía e Historia, graduado en Ciencia Política y de la Administración, graduado en Español: Lengua y Literatura; graduado en Economía, además de contar con un máster en Cultura y pensamiento europeo.

El profesor Fernández García es coautor junto a Salvador Rus Rufino de Un mundo en transformación. Biografía política de Isabel I de Castilla (1451-1504), una obra que analiza desde la historia del pensamiento político la coherencia, profundidad y modernidad del proyecto isabelino.

Contexto y actualidad

Coincidiendo con el aniversario de su nacimiento, ¿por qué cree que Isabel I sigue siendo una figura relevante hoy en día?

Porque representa una figura de enorme modernidad. Con su reinado, en buena medida, llega la modernidad a España. A veces hablamos de la Edad Moderna como una etiqueta académica, como si solo interesara a los historiadores, pero en realidad lo que trae consigo son transformaciones profundas —políticas, institucionales, sociales y económicas— que no fueron pasajeras, sino que se consolidaron y han tenido una enorme proyección en el tiempo.

La sociedad castellana, y en gran medida la peninsular, experimenta bajo su gobierno una transformación estructural. No se trata de cambios aislados, sino de una reconfiguración del poder, de las instituciones y de la propia idea de gobierno. Esa huella es tan profunda que sigue despertando interés hoy en día, porque muchas de esas dinámicas están en el origen de la construcción política posterior.

¿Qué puede aportar Isabel I al debate actual sobre liderazgo político?

Siempre conviene evitar el presentismo, es decir, juzgar el pasado con categorías actuales. Pero si utilizáramos un lenguaje contemporáneo, podríamos decir que fue una mujer profundamente empoderada. Aunque tradicionalmente se habla de un gobierno conjunto con Fernando II de Aragón, la realidad es que Isabel tenía una enorme capacidad de decisión y, en muchos casos, marcaba la dirección política.

De hecho, en cuestiones importantes hubo discrepancias entre ambos, por ejemplo en la política exterior o en la intervención en Italia (con las llamadas Guerras de Italia y la lucha por el Reino de Nápoles), y en esos casos se impuso su criterio o se llegó a acuerdos formales —las concordias matrimoniales y de gobierno, siendo la más importante la Concordia de Segovia— para delimitar competencias. Eso muestra un ejercicio del poder consciente y muy moderno.

A esto se suma un aspecto fundamental: la educación. Isabel dio a sus hijos una formación muy cuidada, pero especialmente a sus hijas, a las que educó al mismo nivel que a los príncipes varones europeos, algo absolutamente excepcional. Además, impulsó la incorporación de la mujer al ámbito cultural. El caso de Beatriz Galindo, apodada como “La Latina” por su dominio del latín, fue preceptora y consejera de la reina, es el más conocido, pero no es el único: forma parte de un proyecto cultural más amplio.

Isabel I

Imagen de Isabel I de Castilla. Retrato anónimo del siglo XVII.

¿Se comprende realmente hoy la complejidad de su figura?

No del todo. Siguen pesando mucho los estereotipos. Isabel I no fue bien tratada por determinadas interpretaciones historiográficas, especialmente durante el franquismo, que construyó una imagen mitificada, muy alejada de la realidad de su forma de gobernar.

Eso no significa que no existan aspectos controvertidos —como la expulsión de los judíos o determinadas decisiones bélicas— que deben ser analizados críticamente, sobre todo desde la perspectiva actual. Pero reducir su figura a esos elementos o, por el contrario, idealizarla, es igualmente problemático.

Isabel desarrolló un proyecto político y cultural coherente, complejo y ambicioso, que ha quedado en parte oculto por esas simplificaciones. Su figura tiene tal entidad que no necesita mitificaciones para ser considerada una de las grandes de la historia.

¿Fue reconocida ya en su tiempo como una figura excepcional?

Sí, y eso es muy significativo. Baldassare Castiglione, en su obra El cortesano, la presenta como un modelo de gobernante, destacando su capacidad para promover tanto la acción política como la cultura y el bienestar de sus súbditos.

Esto es especialmente relevante porque en la Europa de la época se dudaba de la capacidad de las mujeres para gobernar. El ejemplo de Isabel desmonta esa idea: demuestra que una mujer no solo puede reinar, sino gobernar de forma efectiva. De hecho, durante generaciones su figura sirvió como referencia en este sentido.

El enfoque de su estudio

Su libro ‘Un mundo en transformación. Biografía política de Isabel I de Castilla (1451-1504)’, pone el foco en su formación. ¿Qué aporta este enfoque?

Nuestro objetivo no era hacer una biografía más, sino analizar su pensamiento político. Queríamos demostrar que el proyecto isabelino no es fruto del azar ni de una suma de intereses personales, sino de una concepción coherente del poder.

Uno de los elementos clave es la idea de una política moralizada. Frente a visiones más resultadistas, como las que posteriormente se asociarán a Nicolás Maquiavelo, Isabel defiende que el ejercicio del poder debe estar orientado al bien común y guiado por principios éticos. No se trata de negar la dureza de algunas decisiones, sino de entender que existía una voluntad de someter la política a límites morales.

Isabel I

Isabel I vestida como Reina, pero siguiendo su sobriedad. Museo del Prado.

Formación y personalidad

 ¿Por qué es fundamental su infancia y juventud para entender su reinado?

Porque muchas de las claves de su cultura política se forman en etapas muy tempranas. Isabel no estaba inicialmente destinada a reinar, ya que existía un heredero varón, Enrique IV de Castilla. Sin embargo, desde su infancia se van fijando ideas fundamentales sobre el gobierno y el servicio a los súbditos.

Su etapa en Arévalo (Ávila) es especialmente importante. Allí aprende paciencia, capacidad de adaptación y también a desenvolverse en un entorno complejo, marcado por tensiones políticas. No es un periodo ajeno a la política, sino un primer aprendizaje de sus dificultades.

Además, la influencia de su madre (Isabel de Portugal), de las damas portuguesas y del entorno familiar contribuye a formar su carácter. Es una etapa de interiorización, de aprendizaje progresivo, que luego se reflejará en su forma de gobernar.

¿Qué aprende en la corte y en los conflictos sucesorios?

En la corte se refuerza su convicción y su capacidad de resistencia. En un contexto de gran incertidumbre —con las disputas sucesorias entre ella y Juana la Beltraneja—, Isabel aprende a mantenerse firme en su proyecto.

Ese periodo está marcado por la presión de los intereses nobiliarios y por la intervención de potencias extranjeras, como Portugal (que apoyaba a Juana de Castilla, conocida popularmente como la Beltraneja, su rival en la guerra para gobernar el reino de Castilla). Es una experiencia dura, pero formativa: aprende a gestionar conflictos, a negociar y a sostener una posición política en condiciones adversas. Esa experiencia será fundamental en su primera etapa de gobierno tras la guerra civil (Guerra de Sucesión Castellana).

¿Su personalidad fue fruto del contexto o de una voluntad excepcional?

Aunque el contexto influye, en su caso pesa mucho más su voluntad personal. Isabel muestra una perseverancia extraordinaria en su idea de gobierno. Mantiene una visión coherente, con aciertos y errores, pero siempre guiada por un proyecto.

Su pensamiento está profundamente marcado por una concepción moral y religiosa del poder. Vivía en un mundo profundamente sacralizado, donde el providencialismo —la idea de que su misión tenía un origen divino— era central. Eso refuerza su convicción de que no todo vale en política, de que existen límites éticos.

Isabel como reina

¿Fue una figura adelantada a su tiempo?

Rotundamente sí. No solo por su condición de mujer gobernante, sino por su concepción del poder. Desarrolla un proyecto político estructurado, algo que no siempre encontramos en monarcas posteriores.

De hecho, tras Felipe II, es difícil encontrar esa misma coherencia en los proyectos políticos de los reyes españoles. Isabel gobierna con una visión de conjunto, no subordinada a intereses personales o al ocio, lo que la convierte en una figura profundamente moderna.

Hitos históricos de su reinado

¿Cómo definiría su política a partir de los grandes hitos de su reinado?

Más allá de acontecimientos como la toma de Granada, la llegada a América con Cristóbal Colón o la política religiosa, lo fundamental es el proyecto global que los articula. Ese proyecto incluye la centralización del poder, la reorganización institucional, la promoción cultural —con figuras como Antonio de Nebrija—, el impulso universitario, la profesionalización administrativa y la creación de instrumentos de gobierno más eficaces.

También hay que destacar el desarrollo de infraestructuras y políticas públicas, como la red hospitalaria o la seguridad a través de la Santa Hermandad. Todo ello responde a una visión coherente de fortalecimiento de la monarquía.

Uno de los retratos de Isabel I.

Pensamiento político de Isabel I

¿Podemos hablar de un modelo de Estado en su reinado?

Con matices, sí. No es el Estado moderno en sentido contemporáneo, pero sí un paso decisivo hacia su configuración. Isabel impulsa una estructura más organizada del poder, con instituciones más eficaces y un mayor control del territorio.

Además, hay un elemento clave desde el punto de vista jurídico: la consolidación de un ordenamiento que reconoce derechos y limita el poder arbitrario. Esto es fundamental, porque introduce una idea de gobierno sometido a normas, no solo a la voluntad del gobernante.

Legado de Isabel I

¿Cómo ha sido tratada su figura históricamente?

Ha sido tanto mitificada como criticada en exceso. Ha habido apropiaciones ideológicas y también interpretaciones simplificadas. Ni una cosa ni la otra ayudan a comprenderla.

Es necesario superar tanto las visiones idealizadas como las críticas descontextualizadas y analizarla con rigor histórico, atendiendo a lo que realmente hizo y al contexto en que lo hizo.

Para terminar, si tuviera que definirla en una idea…

 “Buen gobierno y bien común”. Esa es la síntesis de su pensamiento y de su acción política.

Eduardo Fernández García

El profesor Eduardo Fernández García.

Felicidades Isabel I

A 575 años de su nacimiento, Isabel I de Castilla sigue siendo una figura esencial para comprender el origen de la modernidad política. Su legado no reside solo en los grandes hitos de su reinado, sino en la coherencia de un proyecto que integró poder, moral y visión de futuro. Como destaca Eduardo Fernández García, su principal enseñanza sigue vigente: la política, para ser legítima, debe orientarse siempre al buen gobierno y al bien común.

Desde la Universidad Isabel I, institución que lleva su nombre, queremos sumarnos a esta efeméride y felicitar a la Reina Isabel I de Castilla en el aniversario de su nacimiento, recordando la vigencia de su figura y la importancia de seguir reflexionando sobre su papel en la historia.