Albert Flexas, director del Grado en Psicología de la Universidad Isabel I, nos abre las puertas de su despacho para responder a una entrevista, en la que intentamos conocer un poco más a la persona que está detrás del nuevo cargo de director de psicología.  

UI1. Eres psicólogo, ¿cuál fue tu motivación para elegir estos estudios como carrera profesional?

Siempre digo que estoy aquí porque me gusta leer. Aprendí a leer casi a la vez que aprendí a hablar. Y siempre me ha encantado. De pequeño me llamaba mucho la atención un libro titulado Cómo trabaja tu cuerpo, que era una especie de “Érase una vez… el cuerpo humano”, con sus ejércitos de glóbulos blancos que luchaban con monigotes que representaban las bacterias y este tipo de cosas. Pero sin duda lo que más me gustaba era una doble página que mostraba una especie de central de operaciones, con varios departamentos, en plan oficinas, y una centralita de comunicaciones a la cual llegaban un montón de cables con información de todo el cuerpo. Era el cerebro.

Además de ese libro, que me marcó desde temprana edad, siempre me ha gustado leer ficción. Y lo que me emociona de una buena novela es que sus personajes estén bien construidos, que se note que son humanos. Creo que esa fascinación por las historias de seres humanos y por el cerebro es lo que me llevó a estudiar psicología y doctorarme en cognición y evolución humana.

UI1. Visto desde fuera, el poder ayudar y apoyar a los demás cuando tienen un problema parece fantástico. ¿Qué es lo más bonito de la profesión de psicólogo?

Me parece que lo más bonito en cualquier profesión es hacer lo que a uno le gusta y por lo que siente pasión. Cuando la pasión es ayudar a otras personas, creo que eso te da un “plus” de autosatisfacción y desarrollo personal.

En mi caso, que me he centrado mucho más en la investigación, también siento esa satisfacción, por ejemplo al descubrir alguna cosa interesante sobre el funcionamiento del cerebro, o cuando uno de los participantes a nuestros experimentos, o un alumno, te pregunta, siente interés, o puedes resolverle algo. Por poneros algunos ejemplos:

En una investigación con personas que padecen esquizofrenia, una de las chicas estuvo encantada de que la hubiéramos invitado a participar, salir de su rutina, ver el laboratorio… Hacía preguntas, nos ofrecía sus comentarios e impresiones y se notaba que estaba fascinada por el brillo de sus ojos. Y, lo más importante, se trataba de una fascinación sincera que la ayudaba a ignorar las voces de su cabeza. Fue algo que me impresionó.

En otro caso, un exalumno se puso en contacto con nosotros porque le habían diagnosticado un tumor cerebral. Nos dijo que se prestaba voluntario para hacerle las pruebas que quisiéramos antes y después de la extirpación del tumor. Casualmente su tumor estaba localizado en una zona del cerebro que estábamos estudiando en población normal (sin patologías ni lesiones), así que nos resultó fácil preparar una batería de pruebas. Fuimos a verle al hospital y estuvo encantado de atendernos y hacer experimentos en un portátil. Por desgracia, aunque la operación fue bien, el cáncer era muy agresivo y se replicó. Al final el alumno falleció pero nos había demostrado tanta ilusión por participar, que sentimos que habíamos hecho algo por él muy valioso.

Luego, como sabéis, un profesional de la salud, como el psicólogo, no debe atender profesionalmente a sus amigos o seres queridos. Pero muchas veces tan solo explicarle a alguien por qué puede ser que le esté pasando algo, y hacerlo desde un punto de vista científico y profesional (no tan solo hacer de “amigo que sabe escuchar”) puede ayudarle mucho. Por supuesto, en los casos en que existe una verdadera problemática, lo que debemos hacer es recomendarle que acuda a un profesional. Incluso en esos casos, cuando derivas a un paciente porque por alguna razón no puedes atenderlo, también puede ser muy satisfactorio ver cómo un compañero de profesión sí ha podido ayudarlo.

UI1. ¿Qué líneas de investigación trabaja el Grupo de Investigación EvoCog al que perteneces?

El grupo se centra en el estudio de los rasgos cognitivos que caracterizan a la especie humana. A menudo hemos oído hablar de las características físicas que marcaron nuestra evolución: caminar erguidos, liberar las manos, el pulgar oponible… Y cuando se hace referencia a alguna característica más de tipo mental, siempre pensamos en el lenguaje. Un lenguaje con una gramática compleja y capacidad de recursión.

Sin embargo, hay dos rasgos mentales que también parecen exclusivamente humanos y que podrían haber aparecido durante la evolución de nuestra especie, caracterizándola de la misma forma que el lenguaje. Se trata de la capacidad de apreciación estética (esa tendencia que tenemos los seres humanos a apreciar la belleza de todo en cualquier momento y lugar) y la capacidad de juicio moral (la habilidad para discernir aquello que está bien de aquello que está mal).

En el grupo EvoCog centramos nuestras investigaciones alrededor de estos rasgos cognitivos. Por ejemplo, mi tesis doctoral giró en torno a la explicación de las bases biológicas de la capacidad estética, y ahora tenemos en marcha un proyecto para identificar las redes cerebrales implicadas en las decisiones morales, con participantes no únicamente controles (personas de la calle) sino también expertos en juicios (jueces) y delincuentes que han ignorado la mayor restricción moral (presos que cumplen condena por asesinato).

UI1. ¿En qué momento o en qué modo encaja un psicólogo con la producción audiovisual y asesoramiento de emprendedores? A priori parecen campos que no tienen mucho que ver unos con otros… pero seguro que nos sorprendes.

Pues en realidad todo tiene que ver con lo que te comentaba antes: me encanta leer, me fascinan las personas y las historias sobre seres humanos. Al final uno se atreve también a escribir sus propias historias y plasmar sus conocimientos sobre el funcionamiento de la mente y los seres humanos en sus personajes.

Así que en la producción audiovisual mi lugar está, sobre todo, como guionista y como ayudante de dirección para ayudar a los actores a entender su personaje y buscar la mejor forma de interpretarlo. Otra cosa es que, en función del presupuesto, también me ha tocado aprender otras funciones (risas).

También he aprendido mucho de comunicación, y a utilizar todo lo que sé sobre la narrativa, las historias y el cerebro humano para que la comunicación sea más eficaz. Las historias y ciertos elementos narrativos tienen el poder de llamar la atención de las personas e incluso cambiar nuestro comportamiento. Ya conocéis aquel proverbio hindú:

“Cuéntame un hecho y lo aprenderé. Cuéntame una verdad y la creeré. Pero cuéntame una historia y vivirá por siempre en mi corazón”

Y esto es lo que enseño a emprendedores: les enseño “storytelling” para que comuniquen mejor sus objetivos, les ayudo a construir su “elevator pitch”, a producir sus propios videos con contenido de marca, a desarrollar su estrategia de marketing basada en contenidos…

UI1. Y con tantas funciones, ¿cómo puedes compaginar tareas y horarios? Cuál es el secreto.

Esta es la pregunta más buena de todas. Si encontráis el secreto espero que me lo contéis (risas). Bromas aparte, en mi caso creo que la clave está en una buena organización y en utilizar todos los recursos de que dispongo, tanto a nivel personal como material: las nuevas tecnologías, bien usadas, pueden ahorrarte mucho tiempo y te permiten hacer un montón de cosas a distancia.

Por eso también me parece fantástico el estilo de la Universidad Isabel I, porque pretende aprovechar estos recursos para ofrecer una enseñanza práctica, moderna y sobre todo, eficaz.

¿Cómo es que te animaste a fundar una productora? Nos sorprendería que entre tus trabajos no hubiese algún “thriller psicológico”.

Es cierto que la mayoría de nuestros trabajos son audiovisuales pero Mallorca Creativa es más un laboratorio de ideas que una productora. De hecho, nació un poco de la necesidad de hacer cine de bajo presupuesto sin que se resintiera la calidad. Y esto solo puede lograrse con una dosis extra de ideas creativas.

Me animé principalmente a fundar Mallorca Creativa gracias a mis hermanos y mi pareja. Nos llevamos muy bien y nos complementamos como equipo. Además contamos con una inmensa red de colaboradores fantásticos, personal y profesionalmente.

Lo primero que hicimos fue el episodio piloto de una serie web que efectivamente es un thriller psicológico con una gran dosis de aventura y algunos toques de humor, romance, terror… Se titula siKnum y, aunque al final no arrancó más allá del tráiler y el piloto, espero que algún día vea la luz.

Luego hicimos algunos cortometrajes, entre los que destaca el videoclip de la canción Miro al cielo del grupo mallorquín de pop Gin Tonics Band. Antes de que me lo preguntéis, sí, he dicho cortometraje, porque como os he comentado antes, en Mallorca Creativa siempre buscamos la mejor forma de comunicar. Buscamos la historia, la narrativa. Y la canción tenía una narrativa muy particular que era inevitable convertir en película. Estamos contentos porque fue ganador del galardón al mejor cortometraje-videoclip del TomatinaMusic& Film Festival de Buñol (Valencia) en 2014 y Premio del Público Short of theMonth en abril de 2015, entre otras selecciones internacionales.

Podéis ver otros trabajos o avances en nuestro canal de YouTube. De hecho ahora que se acerca el día del padre creo que será momento de recordar nuestro primer spot.

UI1. Vemos que eres un amante de los videojuegos. Cuál es tu opinión sobre la utilización de los videojuegos como herramientas educativas. A nivel psicológico, ¿cómo puede afectar un uso excesivo de los videojuegos en lo niños?

Estoy totalmente a favor. Un videojuego es una historia interactiva y está demostrado que no soy el único al que le gustan las historias. A todos nos gustan las historias, bien sea en forma de novelas, películas, canciones, telenoticias, conversaciones con los amigos, programas de cotilleos o, por supuesto, juegos. Esto es así probablemente porque los seres humanos evolucionamos con esa serie de capacidades lingüísticas, estéticas y morales, que nos llevaban a comunicarnos y a desarrollar una narrativa que nos permitía controlar lo que sucedía en el grupo social, dar lecciones morales y, sobre todo, aprender.

Nuestro cerebro está preparado para aprender con historias. Y seguro que habéis oído también que aprendemos mejor si nos lo pasamos bien. En un videojuego no tan solo somos los protagonistas (ya sea de una historia épica o de un pequeño reto, eso da igual), sino que además nos lo pasamos bien, y todo aquello que se nos transmita con elementos narrativos y/o emocionales, está demostrado que lo aprenderemos mejor (recordad el proverbio hindú que comentábamos antes).

En cuanto al uso excesivo de videojuegos en niños, o incluso en adultos, por supuesto puede tener consecuencias negativas. El secreto, como siempre, está en la moderación.