
El ponente Miguel García García-Revillo durante la conferencia.
30 de abril de 2026. La Universidad Isabel I ha inaugurado el Ciclo de Conferencias sobre los Retos del Derecho Internacional Público y las Relaciones Internacionales, una iniciativa académica promovida por la Facultad de Ciencias Jurídicas y Económicas para acercar a la comunidad universitaria los debates jurídicos, políticos y medioambientales de la actualidad.
El programa, coordinado por los profesores Nuria Puentes Ruiz, Ricardo Gómez Laorga y Ronan Ciréfice, junto al grupo de investigación GIR-09, arranca con una mirada puesta en uno de los asuntos más estratégicos del siglo XXI: la gobernanza de los océanos y la protección de la biodiversidad marina en aguas internacionales.
La conferencia inaugural, impartida por el profesor Miguel García García-Revillo, experto en Derecho Internacional Público de la Universidad de Córdoba, llevó por título El Acuerdo sobre la Protección de la Biodiversidad en Áreas Marinas más allá de la Jurisdicción Nacional (Acuerdo BBNJ). Reflexiones sobre su futuro a la fecha de su entrada en vigor.
Un nuevo escenario jurídico para la alta mar
Durante su intervención, el ponente explicó el alcance del denominado Acuerdo BBNJ (Biodiversity Beyond National Jurisdiction), tratado impulsado en el seno de Naciones Unidas para proteger la biodiversidad existente fuera de las fronteras marítimas de los Estados.
Se trata, en la práctica, de los ecosistemas situados en la alta mar, zonas oceánicas que no pertenecen a ningún país y que hasta ahora carecían de un sistema jurídico global específico de conservación. “El acuerdo abre un nuevo capítulo en la gobernanza de la alta mar”, destacó García-Revillo, quien subrayó que el tratado supone “un cambio de paradigma al establecer normas comunes para proteger espacios esenciales para el equilibrio ecológico del planeta”.
El Derecho del Mar, clave para entender el tratado
El profesor contextualizó el acuerdo dentro del Derecho del Mar, rama del Derecho Internacional encargada de regular los espacios marítimos, los recursos naturales y las competencias de los Estados sobre sus aguas.
En este sentido, recordó la importancia de la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM), aprobada en 1982 y considerada la base jurídica internacional en esta materia.
A partir de ese marco, explicó la división de los espacios marítimos:
- Aguas Interiores, bajo plena soberanía estatal.
- Mar Territorial, hasta 12 millas náuticas desde la costa.
- Zona Económica Exclusiva (ZEE), hasta 200 millas, donde el Estado tiene derechos sobre recursos pesqueros, energéticos o científicos.
- Plataforma Continental, vinculada al subsuelo marino.
- Alta Mar, abierta a todos los Estados bajo principios de libertad.
- La Zona, que comprende los fondos marinos internacionales.
Sobre esta última, recordó que fue declarada en 1967 patrimonio común de la humanidad, y señaló que sigue existiendo un intenso debate sobre si ese principio afecta solo al espacio físico o también a todos sus recursos naturales.“La dominada como Zona no pertenece a ningún Estado. Está sometida a un régimen internacional y plantea una de las cuestiones jurídicas más complejas de nuestro tiempo”, explicó.
Biodiversidad amenazada y recursos de enorme valor
Uno de los bloques centrales de la conferencia estuvo dedicado al deterioro de la biodiversidad marina. El ponente recordó que la conciencia ecológica sobre los océanos comenzó a consolidarse en las décadas de 1960 y 1970, coincidiendo con el desarrollo industrial, grandes accidentes marítimos y el avance de la investigación científica.
Desde entonces, se ha constatado la pérdida de especies, el deterioro de hábitats por contaminación y sobrepesca, así como la creciente presión económica sobre los océanos.
En este contexto, García-Revillo destacó el valor estratégico de los Recursos Genéticos Marinos (RGM), organismos y materiales biológicos presentes en el mar con potencial para aplicaciones farmacéuticas, cosméticas, alimentarias o biotecnológicas.
De la teoría azoica a las chimeneas negras
El profesor recordó que durante mucho tiempo predominó la llamada teoría azoica, según la cual en los grandes fondos oceánicos no podía existir vida debido a la oscuridad, la presión extrema y la falta de oxígeno.
Sin embargo, las expediciones científicas de los años sesenta y setenta desmintieron esa hipótesis al descubrir ecosistemas únicos en las profundidades marinas.
“Se hallaron las black smokers o chimeneas negras rodeadas de vida, con especies sorprendentes como gusanos gigantes. Fue el descubrimiento de una realidad fascinante desde el punto de vista biológico y genético”, señaló. Ese hallazgo multiplicó el interés internacional por los recursos marinos profundos y abrió el debate sobre quién puede acceder a ellos y bajo qué normas.
Veinte años de negociación internacional
El Acuerdo BBNJ es el resultado de casi dos décadas de negociaciones diplomáticas.
El proceso comenzó con un Grupo de Trabajo entre 2005 y 2015. Después se constituyó un Comité Preparatorio entre 2016 y 2017 y, posteriormente, la Conferencia Intergubernamental, celebrada entre 2018 y 2023, donde se consensuó el texto definitivo.
El tratado entró oficialmente en vigor el 17 de enero de 2026 y cuenta ya con 87 Estados parte y la adhesión de la Unión Europea.
Qué cambia con el nuevo acuerdo
Entre las principales novedades del tratado, el ponente destacó la posibilidad de crear Áreas Marinas Protegidas (AMP) en alta mar, destinadas a preservar ecosistemas estratégicos y especies vulnerables.
También regula el acceso a los Recursos Genéticos Marinos e incorpora mecanismos para compartir beneficios derivados de su utilización.
Además, establece la obligación de realizar Evaluaciones de Impacto Ambiental (EIA) antes de autorizar actividades susceptibles de dañar el entorno marino, así como nuevos órganos permanentes de cooperación institucional.
Pesca, patentes y el gran debate pendiente
Uno de los aspectos más sensibles del acuerdo afecta a la pesca. García-Revillo explicó que el tratado incorpora el principio de not undermining, es decir, no debilitar los organismos y tratados ya existentes.
“No regula directamente la pesca ni modifica los acuerdos en vigor, y eso probablemente fue acertado”, afirmó. Sin embargo, advirtió de que “la batalla no ha terminado”, ya que el nuevo foco estará en definir el alcance real de las Áreas Marinas Protegidas y cómo pueden afectar indirectamente a la actividad pesquera.
El experto también alertó de otro desafío: la posición de algunos países industrializados que aún no forman parte del sistema. “Sin grandes potencias científicas y tecnológicas, el éxito del tratado será más complicado”, señaló, en referencia a Estados con una fuerte presencia en patentes vinculadas a recursos genéticos marinos.
Los retos del futuro
Para García-Revillo, el verdadero éxito del acuerdo dependerá ahora de su aplicación práctica, de la capacidad de cooperación internacional y de la resolución jurídica de cuestiones aún abiertas.
“Habrá que plantear muchas de estas cuestiones ante tribunales internacionales, como la Corte Internacional de Justicia o el Tribunal Internacional del Derecho del Mar”, apuntó. También reclamó mayor coordinación entre el nuevo tratado y organismos como la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), especialmente en materias vinculadas a la pesca y sostenibilidad marina.
Un foro universitario para los grandes debates globales
Con esta primera sesión, la Universidad Isabel I abre un espacio de análisis destinado a conectar la teoría jurídica clásica con los desafíos contemporáneos. La protección de los océanos, la cooperación internacional y la gestión de bienes comunes globales marcan el inicio de un ciclo que aspira a consolidarse como referente universitario en el estudio del papel del Derecho Internacional en el mundo actual.