Plantilla de la REUPS sobre la campaña de las universidades para conmemorar el Día Europeo de la Salud Sexual.

13 de febrero de 2026. Hablar de sexualidad sigue siendo incómodo para muchas personas, pero los datos demuestran que el silencio ya no es una opción. Las infecciones de transmisión sexual (ITS) no dejan de crecer en España.

Las cifras hablan por sí solas. Según datos difundidos por RTVE y la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (RENAVE), en 2024 se notificaron en España más de 91.000 nuevos casos de clamidia, gonorrea y sífilis. Es el doble que en 2021 y hasta diez veces más que hace una década. La clamidia alcanzó su máximo histórico, con cerca de 42.000 diagnósticos, mientras que la gonorrea se ha multiplicado por 38 en los últimos 20 años. La sífilis, lejos de desaparecer, también sigue aumentando.

La población joven es la más afectada. En este contexto, las universidades, como espacios de formación y de salud comunitaria, tienen un papel clave. Por ello, la Universidad Isabel I se suma, junto a la Red Española de Universidades Promotoras de la Salud (REUPS), a la conmemoración del Día Europeo de la Salud Sexual, que se conmemora cada 14 de febrero, con un mensaje claro: cuidar la sexualidad es también una forma de disfrutarla mejor.

Datos sobre la falta de información

Las investigaciones revelan que la edad de inicio de las relaciones sexuales es cada vez más temprana. Estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de ámbito europeo indican que más de la mitad de los jóvenes entre 15 y 19 años ya ha mantenido relaciones sexuales con penetración. En España, la edad media se sitúa entre los 15,8 y los 16,5 años, antes que en generaciones anteriores. A esto se suman situaciones especialmente preocupantes, como los embarazos en menores de 15 años, que evidencian que algunos inicios se producen incluso entre los 11 y los 13 años, muchas veces sin información suficiente ni medidas de protección adecuadas.

El problema no es solo cuándo empiezan, sino cómo. La protección frente a las ITS sigue siendo claramente insuficiente. La OMS advierte de que en Europa el 30 % de los adolescentes sexualmente activos no utilizó ningún método anticonceptivo en su última relación sexual. En España, aproximadamente un tercio de los adolescentes no usa ni preservativo ni píldora anticonceptiva y el uso del preservativo ha descendido de forma notable en los últimos años, tanto en chicos como en chicas. Los estudios indican que el uso del preservativo ha descendido del 70 % en varones y 63 % en mujeres en 2014, a un 61 % y 57 % respectivamente en 2022.

Fuentes de información

La adolescencia es una etapa de exploración, pero también de riesgo. Muchos jóvenes comienzan a tener relaciones sin una educación afectivo-sexual completa que les ayude a comprender la importancia del autocuidado, el consentimiento, la comunicación con la pareja y el uso responsable de métodos de protección. A esta falta de formación se suma el acceso temprano y masivo a internet y a las redes sociales. La pornografía se convierte, en muchos casos, en una de las principales fuentes de información sobre sexualidad, aunque suele mostrar relaciones poco realistas, sin afecto ni protección, y refuerza estereotipos y conductas de riesgo.

En los últimos años, además, ha aparecido un nuevo actor: la inteligencia artificial. Cada vez más jóvenes recurren a ella para resolver dudas sobre sexualidad y relaciones, atraídos por su rapidez, anonimato y ausencia de juicio. Sin embargo, la IA no siempre ofrece información completa, fiable ni con un enfoque educativo, lo que refuerza la necesidad de espacios seguros de diálogo y aprendizaje en el entorno familiar, escolar y universitario.

Propuesta de formación desde la universidad

Desde REUPS y las universidades que la integran, como la Universidad Isabel I, se insiste en que la educación afectivo-sexual no se limita a prevenir embarazos o infecciones. Va mucho más allá. Implica hablar de afectividad, cuerpo, género, diversidad sexual y de género, consentimiento, igualdad y respeto. Supone entender cómo la sexualidad se construye socialmente y cómo los estereotipos, los tabúes y la desinformación influyen en las decisiones de los jóvenes.

En este marco, la educación afectivo-sexual se consolida como una herramienta clave de salud pública y de ciudadanía. Promueve hábitos responsables, fomenta el pensamiento crítico, desmonta mitos y reduce el miedo y la desinformación. También refuerza estrategias fundamentales como el uso del preservativo, la detección precoz de ITS, la vacunación frente a la hepatitis B y el virus del papiloma humano (VPH), y la concienciación sobre la resistencia antimicrobiana.

Frente a una juventud cada vez más expuesta y a una realidad cambiante, el mensaje de las universidades es claro: reforzar la educación, la prevención y el acceso a información fiable no es una opción, es una prioridad. Porque una sexualidad informada, responsable y libre no solo protege la salud, sino que también permite vivirla con mayor bienestar y disfrute.