Incendio de coche eléctrico en Yokohama, Japón

Incendio de coche eléctrico en Yokohama, Japón.

24 de julio de 2026. El profesor de la Universidad Isabel I Martín González y Santiago ha publicado en Seguritecnia un análisis en el que advierte de un problema cada vez más presente en la sociedad actual: los incendios provocados por baterías de ion-litio, presentes en coches eléctricos, patinetes, sistemas de almacenamiento energético o dispositivos industriales, requieren nuevos protocolos de prevención y respuesta porque no se comportan como un incendio convencional.

Su trabajo parte de una novedad internacional relevante, la publicación en 2026 de la nueva norma ISO 3941, que por primera vez incorpora una nueva categoría específica de fuego, denominada Clase L, creada para identificar incendios originados en baterías de litio (sin litio metálico).

Un fuego diferente a todo lo conocido

La principal advertencia del estudio es que estos incendios funcionan de manera completamente distinta a los fuegos tradicionales. Mientras un incendio convencional necesita oxígeno exterior para mantenerse, las baterías de ion-litio pueden entrar en un proceso llamado thermal runaway —o fuga térmica—, una reacción química interna que genera calor extremo, gases inflamables y sustancias altamente tóxicas sin necesidad de oxígeno del exterior. Esto significa que apagar el fuego no siempre resuelve el problema.

Según explica el profesor González, una batería aparentemente extinguida puede volver a incendiarse horas después, generar explosiones secundarias o liberar gases peligrosos invisibles que suponen un grave riesgo tanto para los trabajadores como para los servicios de emergencia.

El problema no es solo el fuego: también hay gases tóxicos

Uno de los aspectos más preocupantes que destaca el profesor es la emisión de sustancias químicas peligrosas durante este tipo de incendios, entre ellas sobresale el fluoruro de hidrógeno (HF), un compuesto extremadamente tóxico que puede afectar gravemente a las vías respiratorias incluso en concentraciones bajas. A esto se suman monóxido de carbono, dióxido de carbono, hidrocarburos y partículas contaminantes que pueden permanecer en el ambiente incluso después de extinguirse el incendio. En otras palabras: el riesgo no termina cuando desaparecen las llamas.

Los actuales planes de autoprotección se han quedado atrás

El trabajo del profesor Martín González apunta a que la mayoría de los actuales planes de emergencia y autoprotección de empresas e instalaciones no están preparados para gestionar este nuevo tipo de incidentes. Hasta ahora, muchos protocolos se han diseñado pensando en incendios convencionales, centrados en evacuación rápida y extinción del foco. Pero en el caso de las baterías de litio, la situación cambia radicalmente.

El experto en seguridad indica que puede ser más seguro confinar a las personas en determinadas zonas en lugar de evacuar, controlar durante horas la ventilación del espacio, retirar residuos contaminados o monitorizar el riesgo de reignición durante largo tiempo. Por eso, González sostiene que los planes de autoprotección necesitan una actualización profunda.

Montaje de batería de litio para coche eléctrico

Montaje de batería de litio para coche eléctrico.

Un cambio técnico que obliga a cambiar la normativa

El profesor recuerda que la nueva clasificación internacional no crea un problema nuevo, sino que reconoce oficialmente un riesgo que ya existe y que está creciendo a gran velocidad debido a la expansión de la movilidad eléctrica y las nuevas tecnologías energéticas.

La consecuencia directa es que empresas, industrias, centros logísticos, parkings, hospitales o cualquier instalación que almacene baterías deben revisar sus protocolos. En este sentido, Martín González insiste en que la autoprotección no puede seguir tratándose como un simple documento administrativo. “Los planes existen muchas veces de forma formal, pero no siempre se actualizan, no se entrenan mediante simulacros y no preparan realmente para escenarios complejos”, señala el investigador en su análisis.

Formar mejor a los profesionales será clave

Otro de los puntos que subraya el estudio es la necesidad de mejorar la formación de los técnicos encargados de elaborar estos planes. Ingenieros, técnicos de prevención, responsables de seguridad o directores de emergencias deben comprender que este tipo de incendios mezclan simultáneamente riesgos térmicos, químicos y eléctricos, lo que obliga a integrar normativas que tradicionalmente se analizaban por separado. Además, la coordinación con bomberos, servicios sanitarios y protección civil se vuelve especialmente importante. Como resume el profesor en su artículo, “la coordinación no se improvisa; se entrena”.

La era del coche eléctrico

La investigación concluye que el auge de vehículos eléctricos, sistemas de almacenamiento energético y dispositivos basados en baterías hará que este tipo de incendios sean cada vez más frecuentes. Por ello, González advierte de que el verdadero problema no es solo aprender a apagar estos fuegos, sino rediseñar toda la cultura preventiva y los planes de emergencia para adaptarlos a una nueva generación de riesgos tecnológicos.

La nueva Clase L, incorporada por la norma internacional ISO 3941:2026, marca así un cambio de paradigma en la forma en que el mundo deberá afrontar la seguridad en la era de la electrificación.