
Donación de sangre en la Universidad Isabel I.
4 de junio de 2026. En la Sala Atapuerca de la Universidad Isabel I, el movimiento es constante desde primera hora de la mañana. El trasiego de personas, las indicaciones del personal sanitario y el murmullo contenido de quienes esperan su turno dibujan una escena en la que la solidaridad se convierte en rutina. Es la primera campaña de donación de sangre del año, abierta no solo a la comunidad universitaria, sino también a cualquier ciudadano de Burgos que se acerque con intención de donar.
En la entrada, una mesa de recepción organiza el flujo de donantes. Allí, Ana Ruiz González, enfermera del equipo de hemodonación, revisa los formularios previos con calma y precisión. "Lo más importante es garantizar que la donación sea segura tanto para el donante como para el receptor", explica mientras señala los pasos del proceso: registro, entrevista médica, análisis previo y extracción.

Carmen Barreda rellena el formulario de donación.
Primer filtro: las preguntas del médico
Antes de llegar a la camilla, cada persona se enfrenta a una breve entrevista clínica. No es un examen, sino una conversación que determina si se cumplen los requisitos básicos: tener entre 18 y 65 años, pesar más de 50 kilos y no haber padecido enfermedades transmisibles por la sangre.
La doctora Maite Ordóñez, responsable sanitario de la campaña, repite a lo largo de la mañana algunas de las preguntas habituales: antecedentes recientes, intervenciones quirúrgicas, infecciones o posibles riesgos. "A veces la gente piensa que puede donar sin más, pero hay tiempos de espera importantes que debemos respetar", señala la facultativa médica.

Entrevista con la doctora antes de la donación.
Consejos y tiempos de espera para donar
En la Sala Atapuerca, el personal sanitario aprovecha cada entrevista para resolver dudas habituales y aclarar los principales tiempos de espera antes de poder donar.
Entre esas dudas frecuentes, muchas se repiten: tras una extracción dental o cirugía menor, es necesario esperar una semana. Si ha habido fiebre, gripe o infecciones, el plazo sube a dos semanas. Tras una cirugía mayor o un contacto sexual de riesgo, así como después de tatuajes, piercings o tratamientos como la acupuntura, es necesario esperar cuatro meses. En el caso del parto o el aborto, el plazo se amplía a seis meses, mientras que durante la lactancia solo se puede donar si han pasado al menos seis meses desde el nacimiento. La menstruación, en cambio, no impide la donación siempre que la persona se encuentre en buen estado.
Junto a estas pautas temporales, los profesionales recuerdan las restricciones permanentes, como en los casos de VIH, hepatitis B o C y otras enfermedades transmisibles por la sangre. Todo ello forma parte de un protocolo que busca garantizar la seguridad tanto del donante como del receptor, y que se explica de forma individual antes de cada extracción por parte de la doctora.
La sala de espera: nervios y primeras veces
En una de las zonas habilitadas, varios donantes de la Universidad esperan su turno. Algunos hojean el móvil, otros conversan en voz baja. Para varios de ellos es la primera vez.
"Me da un poco de respeto, pero también curiosidad. Siempre he querido hacerlo", comenta María Jesús García, profesora de la Facultad de Ciencias de la Salud, mientras observa a quienes salen ya del proceso con un pequeño apósito en el brazo.
A su lado, Leire Núñez, confiesa que dudó hasta última hora. "No sabía si cumpliría todos los requisitos, porque otras veces me ha dado el análisis preliminar bajo en hierro", explica. El personal sanitario le confirma que, en su caso, sí puede donar, siempre que hayan pasado al menos dos semanas desde la recuperación completa.
Los que repiten: una costumbre solidaria
En contraste con los nervios de los primerizos, otros donantes se mueven con naturalidad. Son habituales de estas campañas que se organizan dos veces al año en la Isabel I. Para ellos, el proceso ya es conocido y forma parte de su rutina anual o semestral.
Uno de los donantes habituales es el Rector, Alberto Gómez Barahona, quien subrayó el valor de la donación de sangre como un compromiso solidario con la sociedad. “Las campañas de donación son fundamentales para garantizar unas reservas suficientes, pero la necesidad existe durante todo el año. Donar es un acto sencillo que salva vidas y que cobra aún más sentido cuando entendemos que cualquiera puede necesitarlo en algún momento”, afirmó.

El Rector de la Universidad, un donante habitual en la campaña.
Carmen Barreda, trabajadora del personal administrativo de la universidad, es una donante habitual, incluso tiene carnet de donante. "Es un gesto pequeño, pero constante. Si todos lo hiciéramos, no habría nunca falta de sangre", comenta mientras recibe indicaciones tras la extracción.
También Ana Rodríguez destaca la importancia de la regularidad. "Hay que respetar los tiempos: dos meses entre donaciones, hasta cuatro veces al año en el caso de las mujeres y seis en los hombres. Es fácil organizarse si eres consciente de ello", apunta.
Un gesto que se repite en silencio
La campaña avanza con fluidez a lo largo de la jornada. Entre entrevistas, extracciones y pequeñas pausas, la Sala Atapuerca mantiene un ritmo constante marcado por la cooperación y el silencio concentrado de los donantes.
Al final del proceso, todos reciben indicaciones básicas de cuidado y descanso antes de retomar su actividad diaria. Algunos se marchan en silencio; otros comentan ya su intención de volver en la próxima campaña.
En la Universidad Isabel I, la donación de sangre se convierte así en una escena cotidiana que, aunque invisible en el día a día, sostiene una red esencial de ayuda entre desconocidos.