Foucault y Pasolini

Fotografía de Michel Foucault y Pier Paolo Pasolini, autores de las teorías sobre el poder en las democracias contemporáneas.

15 de enero de 2026. El poder en las democracias contemporáneas ya no se ejerce principalmente a través de la represión, sino mediante la normalización, la homogeneización y la instrumentalización de la vida. Esta es una de las tesis centrales del artículo Pasolini y Foucault analizan el poder en las democracias contemporáneas, firmado por Sheila López-Pérez, de la Universidad Isabel I. A partir del pensamiento del cineasta italiano Pier Paolo Pasolini y del filósofo francés Michel Foucault, el trabajo ofrece una lectura crítica del funcionamiento del poder en el capitalismo actual y de los límites de las democracias representativas.

El poder como instrumentalización y dominio circular

El artículo parte de una distinción clave entre dos formas de poder: el “poder para oprimir”, propio de las élites; y el “poder para liberarse”, que emerge cuando la ciudadanía se convierte en actor político. Según la autora, las democracias contemporáneas están dominadas por lo que denomina relaciones circulares de poder, un tipo de dominio en el que las élites compiten entre sí por acumular poder, completamente alejadas de la intervención popular.

En este contexto, el poder deja de ser una herramienta de transformación social para convertirse en un mecanismo de dominación: “La relación que establecen los actores con la mayoría de la población es de sujeto a objeto, de actor a recurso”.

Inspirándose en Foucault, el artículo subraya que el poder más eficaz no es el represivo, sino el que produce conductas, deseos y discursos: “Lo que hace que el poder sea aceptado es que no pesa solo como una fuerza que dice no, sino que circula, produce cosas y forma saber”.

Democracia representativa y alejamiento ciudadano

Uno de los ejes del análisis es la crítica a las democracias representativas, entendidas como sistemas que, lejos de empoderar a la ciudadanía, consolidan el control de las élites. En palabras del texto, estas democracias “solo corroboran el alejamiento de los recursos de poder de la ciudadanía”, reduciendo la participación política al acto puntual del voto.

El artículo recupera la idea de que los momentos verdaderamente democráticos surgen en épocas de ruptura, cuando el pueblo ejerce un poder lineal orientado a objetivos concretos. En esa línea, se cita a Pasolini de forma contundente que sólo la verdadera democracia puede destruir la falsa democracia.

Biopolítica, homogeneización y “nuevo fascismo”

El diálogo entre Pasolini y Foucault se intensifica en el análisis de la biopolítica, entendida como el conjunto de técnicas mediante las cuales el poder gobierna la vida sin necesidad de recurrir a la violencia física. La normalización de comportamientos, gustos y aspiraciones se presenta como una forma de violencia radical que desactiva a los ciudadanos como sujetos políticos.

La autora recoge una de las advertencias más incisivas de Foucault y explica, siguiendo sus palabras que “la más alta función del poder no es ya matar sino invadir la vida enteramente”.

Desde la mirada pasoliniana, esta homogeneización cultural es descrita como un auténtico “genocidio de las particularidades”, ligado a la expansión global del capitalismo consumista. Pasolini lo expresó con crudeza, al definir cómo “la clase dominante ha procedido al más completo y total genocidio de las culturas particularistas que recuerde la historia”.

Subjetivación y verdad como claves democráticas

Frente a este panorama, el artículo defiende la subjetivación de los ciudadanos y su conversión en actores políticos conscientes, como la única vía para recuperar la dignidad democrática. La democracia, sostiene López-Pérez, no puede limitarse a estructuras formales, sino que exige acceso ciudadano a la producción de verdad.

En este punto, Foucault vuelve a subrayar que “el poder es la capacidad de crear, de generar verdad”.

La autora concluye que democratizar el poder implica reducir la distancia entre “la Plaza y el Palacio”, desmontar la hegemonía cultural y abrir espacios para relaciones de poder lineales, activas y transformadoras.

El artículo sitúa a Pasolini y Foucault como pensadores imprescindibles para comprender las formas contemporáneas de dominación y los déficits democráticos actuales. Frente al conformismo y la homogeneización, la investigación reivindica la conciencia crítica, la acción política y la construcción de una globalización trans-democrática como alternativas al poder circular de las élites.