Libro abierto

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9 de septiembre. Sheila López, Defensora Universitaria de la Universidad Isabel I, ha publicado un artículo en la revista Filosofía Fundamental titulado ‘El fin de la historia (del arte y de la política) y el comienzo de la acción. El artículo tiene como objetivo presentar tanto el fin del arte como el de la política. Se ha creado en base a discursos cerrados e inmodificables como el comienzo de la posibilidad de la acción humana.

La docente apunta en su escrito que el comienzo de la intervención política por parte de los ciudadanos durante el siglo XVIII, así como el nacimiento de las vanguardias durante el siglo XX, fueron los dos síntomas del viraje hacia la conquista de la capacidad demiúrgica en el ser humano.

En referencia a la historia, se ha dividido en dos fases: una anterior a la Modernidad, en la que todo lo que sucedía se trataba como algo inevitable, y otra posterior a la Modernidad, en la que la historia comenzó a tratarse como una obra en construcción. Después de las supresiones de expertos como Marx y Nietzsche se dice que la idea de realidad está abierta y es modificable. A pesar de eso, la humanidad se sigue dividiendo en aquellos que tratan la realidad como algo cerrado e inmodificable y aquellos que defienden la posibilidad de ser intervenida.

En lo que respecta a la historia del arte, se diferencian tres grandes estadios:

Primer estadio. Desde la Antigua Grecia hasta el siglo XVIII. En este estadio se limitaba a plasmar lo que ocurría en la naturaleza o en la sociedad.

Segundo estadio. Del siglo XVIII hasta principios del XX. Supone el punto de inicio del arte tal y como lo concebimos ahora. Un arte en el que hay que tomar una compostura concreta ante la obra.

Tercer estadio. Comienza a principios del siglo XX y va ligado a la aparición de las vanguardias. Supone el fin del arte tal y como se había concebido hasta el momento. El arte es algo separado de la vida cotidiana.

La profesora explica que, continuando con el ámbito artístico, los ‘ready-made’ nacieron a principios del siglo XX con el francés Marcel Duchamp, fue el primero el violar el tabú de la originalidad del arte con fotografías de objetos cotidianos.

Para concluir, ha indicado que las sociedades sólidas pueden definirse a sí mismas a través de relatos cerrados. Las sociedades líquidas, por su parte, ponen el foco en el devenir continuo de la realidad y defiende que “la acción es el único relevo posible de los relatos cerrados acerca de la realidad”.