La activación intencional de la disreflexia autonómica (DA en adelante, también llamado «impulsar» o boosting) es una práctica utilizada por los atletas afectados por lesiones de la médula espinal (LME). Se trata de una práctica prohibida por el Comité Paralímpico Internacional (IPC) (Mazzeo, Santamaria, y Lavarone, 2015). Comporta riesgos relevantes para la salud a corto y largo plazo. El doping sin abuso de sustancias. Conócelo en esta entrada…

La DA es una manifestación del funcionamiento desinhibido y autónomo de la médula ósea en sujetos que padecen lesiones torácicas altas. Se caracteriza por los efectos provocados por los estímulos recibidos a través del sistema sensorial, que, incidiendo sobre la médula ósea desconectada, son capaces de generar una respuesta autónoma simpática y una importante vasoconstricción. Las consecuencias de ello implican hipertensión severa, aceleración de la frecuencia cardiaca, así como constricción de los vasos periféricos (Lanken, 2003).

«Impulsar» es una práctica que puede ser comparada a los métodos de dopaje y que el IPC prohíbe expresamente. Cualquier intento deliberado de inducir DA, si es detectado, dará lugar a la descalificación deportiva del evento y la posterior investigación realizada por el IPC y sus comités de Legal y Ética.

El mayor perfil competitivo en el deporte paralímpico, y su recompensas potenciales han llevado a algunos atletas con discapacidad a buscar un mejor rendimiento mediante el uso de sustancias ilegales (Webborn y Van de Vliet, 2012; Van de Vliet, 2012 en Mazzeo, 2015). En el contexto de los Juegos Paralímpicos, los esfuerzos por combatir el dopaje se inician en 1984, el año en que se realizaron los primeros controles de dopaje en referencia a las listas prohibidas. Sin embargo, dentro de la discapacidad, existe este particular método de dopaje conocido como boosting o «impulso». Recientemente el IPC ha aprobado nuevas normas que son de aplicación inmediata y que tienen como objetivo poner freno a la práctica de boosting en el deporte paralímpico.

Mecanismos de la DA

El boosting se refiere a una práctica que persigue el máximo rendimiento, por la cual los atletas con lesión de la médula torácica o cervical alta tratan de aumentar su ritmo cardiaco mediante la inducción de forma voluntaria de la DA. Esto se consigue con la creación de estímulos dolorosos en la parte inferior del cuerpo (IPC, 2016).

El boosting o «impulsar» es el resultado de un dramático aumento en la presión arterial (PA) justo antes de la competición (Blauwet et al., 2013 en Mazzeo, 2015). Como se ha descrito anteriormente, la DA es un síndrome agudo que se produce en las personas afectadas por lesiones de médula espinal (LME), causado por la respuesta simpática excesiva (Bhambhani, 2002; Bhambhani et al., 2010 en Mazzeo, 2015). Por regla general, los sujetos con LME tienen la experiencia de parálisis y pérdida de la sensación por debajo del nivel de la lesión; además, a menudo presentan trastornos disautonómicos que afectan a PA, la frecuencia cardiaca y el control la vejiga y los intestinos (Bhambhani, 2002 en Mazzeo, 2015). En consecuencia, durante la competición, el ritmo cardiaco de un atleta de silla de ruedas no aumenta de acuerdo con las exigencias de su cuerpo, y por ello puede conducir a la presión arterial baja, fatiga, mal desempeño y una pérdida de resistencia (Moreno et al., 2012 en Mazzeo, 2015). En efecto, en este tipo de atletas, el deterioro de la función simpática cardiaca en relación con la inervación los sitúa en una frecuencia cardiaca máxima de 110-130 latidos por minuto, determinada solamente por la actividad sinusal. Además, su frecuencia cardiaca de reserva se halla restringida y la reducción en el volumen sistólico se ve agravada por un déficit de respuesta de las catecolaminas al ejercicio y por ausencia de la bomba venosa muscular en la parte inferior (extremidades) (Bhambhani, 2002 en Mazzeo, 2015).

Debido a estas limitaciones fisiológicas, algunos atletas de alto nivel con LME tratan de inducir el estado DA. Como habíamos descrito, dicho estado se provoca por la presencia de un estímulo de activación por debajo del nivel de la lesión, el cual genera una eferente simpática generalizada. La vejiga, el intestino y la piel son las principales fuentes de disparadores de DA (Karlsson, 1999 en Mazzeo, 2015); como es lógico, la irritación de estos órganos es una causa común del fenómeno. Debemos recordar además, que la presión arterial en sujetos con LME es menor que en las personas sanas (es decir, alrededor de 15-20 mmHg inferior). Por ello, un aumento de 20 a 40 mmHg debe considerarse como una señal de alerta (Mazzeo et al., 2015).

Boosting: una práctica paralímpica peligrosa

Fuente: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26415788

Boosting y deporte

Según (Mazzeo, 2015), un estudio realizado por Bhambhani et al. (2010) indica que más del 15% de atletas con lesiones medulares por encima de T6 han inducido voluntariamente DA con el fin de mejorar su rendimiento atlético.

Sin embargo, solo el 27% de los pacientes tetrapléjicos con lesión incompleta muestra signos de esta afección, en comparación con el 91% de los tetrapléjicos con daño completo de la médula (Legg Mason y 1998 en Mazzeo, 2015). La razón principal por la que los atletas paralímpicos autoinducen el síndrome de DA es que, durante el entrenamiento y la competición, el estado DA reduce la calificación de la percepción esfuerzo y aumenta su velocidad máxima (Webborn, 1999 en Mazzeo, 2015).

Este tipo de autolesión es inducida según nos indican (Legg y Mason, 1998 en Mazzeo, 2015) en diversas formas:

1- Mediante el enrollado de correas en las piernas apretando fuerte.

2- Mediante la entrega de descargas eléctricas en los músculos.

3- Aplicando constricción en los pies, las piernas, el escroto o los testículos.

4- Por fractura de hueso (por lo general los dedos de los pies).

5- Mediante el bloqueo del catéter, consiguiendo un llenado excesivo de la vejiga.

Posición del IPC y discusión legal

Desde 2004, cuando la práctica fue prohibida por el IPC, se ha puesto a prueba la presión sanguínea de los atletas que presentaban mayor riesgo de provocar boosting, justo antes de la competición deportiva. Se estableció que a cualquier atleta con una lectura de la presión arterial sistólica de más de 180mmHg después de la prueba y la repetición de la misma no se le permitía competir por cuestiones de salud, debiendo convertirse en objeto de una mayor investigación sobre si fue inducida intencionalmente la presión arterial. Posteriormente y durante los Juegos Paralímpicos de Pekín 2008 se realizaron 37 pruebas y se encontró que ningún atleta presentaba una lectura de la presión arterial superior a 180mmHg. Del mismo modo, en Londres 2012 se llevaron a cabo 41 pruebas justo antes de la competición, y nadie superó el límite legal.

Según el manual, el síndrome DA se considera  presente cuando la PA sistólica es de 180 mmHg o superior. Un atleta que presenta los síntomas será evaluado nuevamente 10 minutos después de la detección inicial. Si los datos de PA se mantienen sin cambios, el atleta será excluido de la competición. El manual también prohíbe expresamente cualquier intento de inducir la auto-DA, indicando que un atleta descubierto en este tipo de intentos será excluido de la competición, independientemente de la lectura de PA sistólica.

A raíz de un estudio de ocho años en la DA por el Comité Médico del IPC, y considerando la literatura de investigación reciente y los datos recogidos de casi 160 atletas, el umbral de la presión arterial utilizado para determinar un estado DA ha sido revisado desde 180mmHg a 160mmHg. Peter Van de Vliet, médico del IPC y director científico, dijo: «Para todo el deporte paralímpico, es deber del IPC para proteger la salud del atleta, la integridad del deporte y el atleta limpio». Compitiendo en un estado DA, ya sea inducido involuntariamente o deliberadamente, se pone en riesgo la salud del deportista y puede conducir a un derrame cerebral o un ataque al corazón (IPC, 2016).

Tras la decisión de la Junta, el IPC envió una carta a todos los Comités Paralímpicos Nacionales para informarles de la nueva norma, que entra en vigor inmediatamente. La correspondencia también les recordó que si un atleta es conocido por tener la tensión arterial elevada sobre una base continua, la evidencia médica que documenta la presión arterial inicial del atleta debe ser comunicada al Comité Médico del IPC para su revisión durante los 14 días previos al inicio de la competición. Con ello, se busca evitar un resultado falso positivo.

Pese a que la Agencia Mundial Antidopaje no contempla el boosting en la lista de  prohibiciones, sí es necesario destacar que el IPC prohíbe expresamente la práctica del mismo, no tanto porque es inaceptable éticamente como porque es extremadamente peligroso para la salud (Bhambhani, 2002, en Mazzeo et al., 2015).

Lista de prohibición de sustancias de 2014: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26415788.

Por último, hay que subrayar el estudio realizado por la Agencia Mundial Antidopaje (WADA), el IPC y la Universidad de Alberta (Canadá) en el periodo marzo de 2007 a febrero de 2009, en el que se constata una necesidad de programas educativos, a cargo de profesionales de la rehabilitación, entrenadores y formadores, para mejorar los conocimientos de la DA, sus complicaciones médicas y la incidencia de efectos adversos a corto y largo plazo sobre la salud (Mazzeo et al., 2015).

 

Bibliografía:

Lanken, P. N. (2003). Manual de cuidados intensivos. Médica Panamericana.
Mazzeo, F.; Santamaria, S. y Lavarone, A. (2015). Boosting in paralympic athletes with spinal cord injury: doping without drugs. Functional Neurology, 30(2), 91-98.

Añadir nuevo comentario