Sheila López Pérez Profesora de la Universidad Isabel I
Mar, 02/11/2021 - 16:20

Informática niños

La realidad virtual.

Serie: 'Conectados' (XIX)

En esta entrada vamos a partir de un supuesto: estamos en medio de una duplicación de los elementos del mundo físico al mundo virtual. Con ello, apuntamos a que estamos trasladando todos los componentes y procesos que antes eran físicos a su versión digital. La primera y más evidente consecuencia de esto es que lo que antes ocupada un espacio geográfico, ya no lo ocupa –o lo sigue ocupando, pero ahora de manera infinitesimal-. No obstante, en este traslado de lo físico a lo digital emerge repentinamente una pregunta inédita: ¿Qué ocurre con aquella contrapartida que tiene todo elemento y espacio físico, esto es, su esencia transformativa, su carácter indeterminado, su posibilidad de ser algo diferente a lo que ya es, algo no pre-configurado? O lo que es lo mismo, ¿Qué ocurre con la aperturidad y la posibilidad de ruptura con lo dado que lo físico (esto es, lo no virtual) promete?

Elementos materiales versus elementos virtuales

Empecemos por el principio. Un elemento material tiene muchas características, siendo una de ellas –la que aquí nos interesa- la de ser un elemento en constante cambio, en constante indeterminación, en constante evolución hacia otras formas no prefijadas. Un elemento material es modificado por dos esferas: el contexto –un espacio abierto que contiene infinitos elementos, y que por lo tanto se encuentra en una transformación impredecible- y su propia dinámica interna, que a su vez es móvil, compleja y repleta de elementos, algunos de ellos antagónicos. De este modo, podríamos decir que todo elemento material es modificado por un número tan inasible de influencias que es imposible de enclaustrar en una definición, tal y como señaló el filósofo Heráclito:

“Nadie se baña dos veces en el mismo río, pues el río cambia y el hombre tampoco es el mismo” (Heráclito, 2015).

La virtualidad, por su parte, se caracteriza por ser un espacio determinado y cerrado. A pesar de la apariencia de espacio abierto que ofrecen sus plataformas, la virtualidad no es un espacio abierto: se trata de una realidad con coordenadas fijas y algoritmos determinados y delimitados, los cuáles están compuestos -y componen- unas fórmulas a su vez determinadas y delimitadas. El mundo virtual, tal y como indicó Cédric Durand a través de su concepto tecnofeudalismo (Durand, 2021), es una especie de ciudad digital cuyas calles están delimitadas y restringidas, y lo que es más importante, con unos dueños que monopolizan esas calles y que determinan lo que se puede y no se puede hacer, lo que se puede y no se puede comprar y lo que se puede y no se puede decir en ellas.

La duplicación digital de los elementos de la realidad en esas calles virtuales falsea la esencia de los elementos de la realidad, pues los saca de ser elementos vivos y en constante transformación y los convierte en cosas, en elementos prefijados, en algoritmos cuyo despliegue está ya programado y pre-coordenado de antemano. Los elementos de la realidad tienen dentro de sí algo de lo que carecen los elementos digitales: la posibilidad de ser algo distinto a lo que ya son. La posibilidad de ser algo no deducible. La posibilidad de dar un salto cualitativo imposible de prever.

Consecuencias de la duplicación de la realidad en el espacio virtual

¿Qué ocurre cuando el espacio público, la polis, el espacio de emergencia de algo cualitativamente diferente se digitaliza? Que deja de ser un espacio público, una polis, un espacio de emergencia de algo cualitativamente diferente, y pasa a ser un espacio unidimensional cuya evolución y aparición de elementos está restringida y programada.

La sociedad del espectáculo (2005) de la que hablaba Guy Debord (aquella en la que, inconscientemente, depositábamos nuestra vitalidad, nuestros actos y hasta nuestros propios deseos en las directrices de una maquinaria de masas) es semejante –si no su duplicación- a la sociedad digital de la actualidad. En una sociedad espectacular/digital donde no puede emerger la ruptura, la diferencia, lo impensable para lo que ya hay, ¿es el individuo del mundo físico el único capaz de crear un acontecimiento no calculable para los algoritmos digitales? ¿Es el mundo físico el único espacio donde podemos recuperar la no pre-determinación? ¿Es el mundo físico la única polis posible?

 

Bibliografía

Debord, G. (2005) La sociedad del espectáculo, Editorial Pre-textos

Durand, C. (2021) Tecnofeudalismo. Crítica de la economía digital, Editorial Kaxilda

Heráclito (2015) Fragmentos, Editorial Encuentro

 

Editor: Universidad Isabel I

ISSN 2792-1794

Burgos, España

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