José María Izquierdo Velasco Tutor de Trabajos de Fin de Grado de CAFD
Vie, 10/09/2021 - 08:50

Serie: 'In corpore sano' (XI).

En general, dependiendo de la categoría y nivel, los meses de junio y julio coinciden con el periodo vacacional de muchos jugadores de fútbol. Este regreso a sus equipos para comenzar la pretemporada cada agosto, después de haber estado disfrutando de sus vacaciones, en ocasiones no se realiza de la mejor manera. Es un periodo que sirve para “cargar pilas” física y mentalmente; sin embargo, el excesivo relajamiento a nivel físico puede acarrear aspectos negativos, tales como un retraso para volver a obtener una óptima condición física, pero sobretodo, un riesgo para la salud del deportista en forma de lesiones derivadas por las nuevas cargas de entrenamiento. A pesar de que el jugador suele contar con un programa de entrenamiento individual para sus vacaciones, en muchas ocasiones no se supervisa directamente.

Por ejemplo, jugadores de fútbol amateurs masculinos que dedicaron menos tiempo al entrenamiento de fuerza y acondicionamiento durante el período vacacional, antes del comienzo de la pretemporada, tenían tres veces más probabilidades de experimentar una lesión en la espalda o en las extremidades inferiores (Brumitt et al., 2017). El hallazgo en este estudio de asociaciones entre niveles más bajos de tiempo dedicado al entrenamiento durante las vacaciones y la lesión posterior sugiere que los atletas lesionados no están preparados físicamente para el inicio de la temporada. Entrenadores, preparadores físicos y profesionales de la medicina deportiva a menudo realizan pruebas de rendimiento funcional durante la pretemporada o al inicio de ésta para identificar a los deportistas que pueden estar en riesgo de sufrir lesiones (Manske, & Reiman, 2013). En este sentido, dos pruebas de rendimiento funcional relacionas con la fuerza: el salto buscando longitud con ambas piernas y el salto con una sola pierna, han demostrado ser herramientas válidas para discriminar el riesgo de lesiones (Brumitt et al., 2013). Jugadoras amateurs tenían nueve veces más probabilidades de experimentar una lesión en el muslo o la rodilla si comenzaban la pretemporada con valores menores a un 65 % comparado con su valor durante la temporada anterior (Brumitt et al., 2013).

Otro factor de riesgo potencial de lesión musculoesquelética que merece una evaluación es el índice de masa corporal (IMC). Sin embargo, es importante darse cuenta de que un IMC "más alto" no significa necesariamente que uno tenga "sobrepeso", pero si puede tener consecuencias a efectos de rendimiento y de probabilidad de lesionarse. Varios estudios han identificado el IMC como un factor de riesgo de lesión en jugadores de fútbol (Amoako et al., 2017; Sugimoto et al., 2018; Nilstad et al., 2014; Tyler et al., 2006; Fousekis et al., 2012). Un mayor IMC se asoció con un riesgo 1,43 veces mayor de lesiones en jugadoras de fútbol adolescentes y un riesgo 1,51 veces mayor de lesiones en las extremidades inferiores en jugadoras de fútbol de élite (Sugimoto et al., 2018; Nilstad et al., 2014). Respecto a las causas, los deportistas con un IMC más alto pueden carecer de la capacidad de estabilizar el tobillo durante los movimientos específicos del deporte (cambiar de dirección, impulsarse, aterrizar…) (Tyler et al., 2006).

Para finalizar, las investigaciones futuras deben implementar y evaluar diferentes programas de entrenamiento en periodo vacacional para buscar asociaciones con lesiones a posteriori. Además, no solo el entrenamiento físico debe evaluarse, sino que también hay que en cuenta el ritmo de vida en este periodo referente a aspectos tales como la ocupación activa o pasiva del tiempo o la ingesta de bebidas y la alimentación.

Referencias

Amoako, A.O.; Nassim, A. & Keller, C. (2017). Body mass index as a predictor of injuries in athletics. Curr. Sports Med. Rep., 16, 256–262.

Brumitt, J.; Heiderscheit, B.C.; Manske, R.C.; Niemuth, P.E. & Rauh, M.J. (2013). Lower extremity functional tests and risk of injury in division iii collegiate athletes. Int. J. Sports Phys. Ther, 8, 216–227.

Brumitt, J.; Heiderscheit, B.C.; Manske, R.C.; Niemuth, P.E.; Mattocks, A. & Rauh, M.J. (2018). Preseason functional test scores are associated with future sports injury in female collegiate athletes. J Strength Cond. Res., 32, 1692–1701.

Brumitt, J.; Engilis, A.; Eubanks, A.; Mattocks, A.; Peet, J. & Bush, N. (2017). Risk factors associated with noncontact time-loss lower-quadrant injury in male collegiate soccer players. Sci. Med. Football, 1, 96–101.

Fousekis, K.; Tsepis, E. & Vagenas, G. (2012).  Intrinsic risk factors of noncontact ankle sprains in soccer: A prospective study on 100 professional players. Am. J. Sports Med., 40, 1842–1850.

Manske, R. & Reiman, M. (2013). Functional performance testing for power and return to sports. Sports Health, 5, 244–250.

Sugimoto, D.; Howell, D.R.; Tocci, N.X. & Meehan, W.P. (2018). Risk factors associated with self-reported injury history in female youth soccer players. Phys. Sportsmed., 46, 312–318.

Nilstad, A.; Andersen, T.E.; Bahr, R.; Holme, I. & Steffen, K. (2014). Risk factors for lower extremity injuries in elite female soccer players. Am. J. Sports Med., 42, 940–948.

Tyler, T.F.; McHugh, M.P.; Mirabella, M.R.; Mullaney, M.J. & Nicholas, S.J. (2006). Risk factors for noncontact ankle sprains in high school football players: The role of previous ankle sprains and body mass index. Am. J. Sports Med., 34, 471–475.

Editor: Universidad Isabel I

ISSN 2697-1992.

Burgos, España

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