Sheila López Pérez Profesora de la Universidad Isabel I
Lun, 07/02/2022 - 11:20

Mujer mirando a la ventana en la que se ve su reflejo en el cristalMujer que reflexiona sobre el humanismo.

Serie: 'Criminología en serie' (XVI)

Cuatro descripciones del antihumanista

Antihumanista es aquel que niega las posibilidades del presente a través de dos vías: amarrándose a lo que fue (y ya no es); amarrándose a lo que él considera que debería ser (y a todas luces no es). Ambas vías implican capar lo que es de las posibilidades de lo que podría ser.

Antihumanista es aquel que pone al ser humano en segundo lugar respecto a una realidad idealizada. Si esta no existe tal y como lo hace en su mente, el antihumanista busca crearla a costa de aquellos que la obstaculizan.

Antihumanista es aquel que trata la historia como espectáculo a contemplar, y no como construcción en la que intervenir. Para el antihumanista la historia tiene un fin inmanente, y es aquel en el que el antihumanista cree. Si la realidad existente no se está dirigiendo hacia ese fin, el antihumanista pide la reconducción de aquella a cualquier precio.

Antihumanista es aquel que generaliza y abstrae, olvidándose de lo real. Las generalizaciones y abstracciones, no obstante, son un escapismo de lo real, que siempre es lo concreto y lo inconstante.

El pensamiento humanista

Cuando se quiere valorar si una idea o pensamiento es humanista, se debe plantear lo siguiente: ¿parte de un mundo ideal como referencia en la que quiere encajar el mundo que existe, a cualquier precio, bajo cualquier recorte? ¿O toma el mundo como un proyecto sujeto a modificación, como una edificación que no puede ser finalizada de una vez y para siempre, como un ideal en continua e impredecible metamorfosis?

Cuando una idea o pensamiento no se puede aplicar en el mundo que existe sin que ningún colectivo humano salga perjudicado, esa idea o pensamiento no es humanista: es dogmático, intransigente con lo humano (que siempre es lo concreto), antihumanista.

El pensamiento humanista, para amparar a todos los seres humanos, debe crear un tipo de comunicación concreta, una comunicación que permita a los sujetos que participan de ella acceder a un espacio acogedor con todas las partes (y no hostil con las menos poderosas). Este tipo de comunicación real es la única vía para que el humanismo pueda materializarse, para que el humanismo pueda convertirse en amparo social, para que el humanismo pueda traducirse en mundo compartido.

El humanismo y la comunicación

Las personas de estatus sociales diferentes tienen problemas objetivos de comunicación, tanto por sus propias condiciones de existencia (abismo entre sus vidas materiales) como por las asunciones psicológicas que esas condiciones provocan (incomprensión de la situación del otro, rechazo por el abismo material, frustración, etc.). El pensamiento humanista tiene que hacer un gran esfuerzo reflexivo para suspender esas condiciones y establecer comunicación entre individuos cuyas condiciones concretas son inconmensurables.

Mientras la comunicación de la actualidad siga fragmentada y mediada, ya sea por transacciones, por relaciones de poder o por presupuestos socioculturales, decrecerá la posibilidad del humanismo, que es la posibilidad de la comunicación objetiva (esto es, la comunicación entre individualidades cuyas condiciones concretas son diferentes).

En un momento en el que la imposibilidad de comunicación social ha crecido hasta convertirse en una nueva característica del sistema, un sistema cada vez más agrietado y emponzoñado, debemos rechazar la solución simplista de achacar dichos efectos a una realidad originariamente hostil y compartimentada. Se debe localizar cómo y por qué un espacio mediador de singularidades, esto es, un espacio aséptico que debería ser acogedor de nuevas emergencias y formas de vida se ha corrompido hasta convertirse en un agresor de las mismas.

La realidad, el espacio compartido, debe retomar su labor humanista, esto es, su capacidad para crear comunicación real -lo que significa traducir el diálogo en praxis- acerca de la dignidad de todos los seres humanos. Cuando la comunicación no puede transformar la vida de aquellos que participan del diálogo no estamos ante una comunicación real: estamos ante una convergencia disonante de diálogos unidireccionales, esto es, de monólogos incapaces de crear humanismo.

ISSN 2697-1984

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España

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