Fermín Carrillo González Vicerrector de Relaciones Internacionales e Institucionales
Vie, 16/09/2022 - 09:11

Cartel de Semana Europea de la MovilidadCartel de la Semana Europea de la Movilidad 2022.

Del 16 al 22 de septiembre, como cada año, celebramos la Semana Europea de la Movilidad. La filosofía de esta iniciativa, que nació en 2002, consiste en fomentar la movilidad sostenible entre la población. Se pretende que se utilice más el transporte público, la bicicleta o simplemente practicar la actividad física más popular: caminar. Estamos totalmente de acuerdo con este enfoque (como no puede ser de otra manera), pues es fundamental sensibilizar a los ciudadanos para que se unan a la cruzada contra el cambio climático y, así, podamos reducir la contaminación y tener un planeta más sano y por más tiempo.

La Semana Europea de la Movilidad habla, en primer lugar, de Movilidad. En consiguiente, nos anima a desplazarnos. Pero también se incluye la palabra “europea”. Por tanto, no nos referimos sólo a la movilidad local (ir al trabajo o a comprar el pan), sino a la movilidad en mayúscula: cambiar de aires por un tiempo, conocer otros países y culturas. Por último, se trata de “La Semana” de la movilidad. Es una lástima que anualmente se deba recordar la importancia de la movilidad. Podríamos decir que la movilidad, también incluyendo la perspectiva internacional, debería ser obligada para todos. Al igual que se nos obliga a pagar impuestos, deberíamos todos vivir por decreto una estancia de al menos 3 meses fuera del propio país.

Semana de la movilidad en Budapest en 2021

Semana de la movilidad en Budapest en 2021.

Entrando en materia ¿Es viable una movilidad internacional y sostenible? Desde nuestro punto de vista, por supuesto que sí. La sostenibilidad no está reñida con las estancias internacionales. Más bien al contrario. Hay que movilizarse por la cantidad de beneficios que nos da. Se trata de poder viajar minimizando los daños en el medio ambiente. Afortunadamente cada vez más los aviones o los vehículos contaminan menos. Una vez resuelto este importante inconveniente, nos queda lo más difícil: conseguir que las personas salgan de su zona de confort y se atrevan a vivir experiencias intensas en el extranjero.

Promover la movilidad

Desde mi posición, y por dos décadas, he estado promoviendo la movilidad a miles de estudiantes. Ahora, desde el Vicerrectorado de Relaciones Internacionales de la Universidad Isabel I, siento que muchos estudiantes, profesores o personal de administración, ni se plantean viajar a otro país.

Y me asombra porque no conozco a ninguna persona que no esté satisfecha o que se arrepienta de haber disfrutado de una movilidad. Es cierto que hay un gran hándicap: lo económico. Pero para ello existen convocatorias de ayudas, como el programa Erasmus+, que facilitan este propósito con becas sufragando gran parte de las estancias y los gastos de viaje. Y, aunque no fuera así, los beneficios casi siempre superan con creces la inversión monetaria.

Me sorprende cómo muchas personas no tienen reparos en malgastar miles de euros en coches que luego se devalúan de manera fugaz. En cambio, el retorno de una movilidad en términos de inversión es enorme y, normalmente, de por vida. Por ejemplo, uno de los beneficios es la obtención de acreditaciones o títulos extranjeros. Otro, también evidente, la adquisición de un segundo idioma. En general, hablamos de la obtención de experiencia profesional, los aprendizajes asimilados y el crecimiento personal alcanzado. Estas cosas son para siempre. Del mismo modo, representa el mejor capital para mejorar la empleabilidad en un mercado global. Hay muchos estudios que afirman que el principal canal para conseguir oportunidades laborales es el ampliar la red de contactos. Cuanto mayor sea ésta, mayor será la probabilidad de acceder a información privilegiada para conseguir un trabajo. Por no decir que, se reduce la resistencia para trabajar en otro sitio que no sea el lugar de nacimiento.

Desafío personal

En el plano psicológico, la movilidad, supone habitualmente la necesidad de superar desafíos. Tener que defenderse en otra lengua, integrarse con otros grupos de personas o adaptarse a sistemas culturales totalmente diferentes, son retos que ayudan a mejorar como persona e incrementan el sentimiento de autoeficacia. El comúnmente llamado “yo puedo”. Se produce una apertura mental, un incremento del autoconocimiento, el desarrollo de competencias emprendedoras y una mayor capacidad de resolver conflictos interpersonales. Por no hablar del incremento del respeto a la diversidad, el aumento de la tolerancia con los demás y la reducción de los prejuicios racistas.

Con este artículo lo que se pretende es fomentar la movilidad estudiantil y académica y, de paso, hacerlo de manera sostenible. Viajar, aprender, conocer personas, es una de las principales experiencias que debemos tener en la vida.

Añadir nuevo comentario

La Universidad Isabel I tratará la información que nos facilite con el fin de publicar su comentario como respuesta a esta entrada de su blog, así como para mantenerlo informado de nuestra actividad. Más información sobre este tratamiento y sus derechos en nuestra política de privacidad.