Colapso internacional en los años 2026-2027

Infografía del colapso internacional en los años 2026-2027.

26 de enero de 2026Multipolaridad conflictiva, guerra híbrida y debilitamiento del multilateralismo son los ejes del exhaustivo análisis publicado por el profesor Martín González y Santiago, docente del Grado en Ciencias de la Seguridad de la Universidad Isabel I, en el medio especializado Delta13 News. Bajo el título “2026–2027: Mundo al límite. Multipolaridad, guerra híbrida y posible colapso del orden mundial”, el autor ofrece una evaluación estratégica rigurosa del escenario internacional actual y sus proyecciones a corto plazo.

El estudio, elaborado conforme a estándares doctrinales de la OTAN y la Unión Europea, se basa exclusivamente en fuentes abiertas verificadas (OSINT) y no representa una posición institucional ni política, tal como aclara el propio autor en su disclaimer doctrinal. El objetivo es analizar, desde una perspectiva académica y estratégica, las dinámicas que están transformando el sistema internacional.

Un orden internacional en desgaste acelerado

Según el profesor González y Santiago, el mundo se encuentra inmerso en una competencia estratégica prolongada, caracterizada por el debilitamiento del orden liberal surgido tras 1945 y la consolidación de una multipolaridad conflictiva. En palabras del autor, el sistema de seguridad actual es “multidominio, no lineal y sistémicamente interconectado”, lo que hace insuficientes los modelos clásicos de disuasión diseñados para conflictos binarios.

El análisis subraya que la guerra contemporánea se desarrolla en la denominada zona gris, un espacio situado “por debajo del umbral del conflicto armado convencional, pero por encima de la cooperación rutinaria”, donde predominan la ambigüedad, la negación plausible y la coerción progresiva. En este contexto, González y Santiago recupera una célebre máxima de Sun Tzu para ilustrar la centralidad de la ambigüedad estratégica: “cuando ellos creen que estás lejos, estás cerca; cuando creen que estás cerca, estás lejos”.

La ONU como foro declarativo

Uno de los ejes centrales del análisis es la crisis de funcionalidad de la Organización de las Naciones Unidas. El profesor de la Universidad Isabel I sostiene que la arquitectura institucional de la ONU responde a una correlación de poder propia de la posguerra, no del actual entorno multipolar.

El uso sistemático del derecho de veto por parte de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad ha bloqueado la acción colectiva en conflictos como Siria, Ucrania o Gaza. Como resultado, la organización ha pasado, según el autor, “de un actor central de gobernanza a un foro declarativo sin capacidad de ejecución”.

Especial atención merecen las operaciones de mantenimiento de la paz, cuyos fracasos en Ruanda (1994) y Srebrenica (1995) evidencian que la mera presencia de cascos azules no garantiza la protección de los civiles “si no existe un mandato robusto ni voluntad política real”, matiza. González y Santiago recuerda que estos casos generaron “una falsa expectativa de protección con consecuencias catastróficas”.

Unión Europea: potencia normativa sin poder coercitivo

El análisis también aborda las limitaciones estructurales de la Unión Europea, a la que define como una potencia normativa, con gran capacidad económica y regulatoria, pero sin instrumentos coercitivos propios. La ausencia de un ejército plenamente integrado y la dependencia de la OTAN condicionan su capacidad de respuesta ante crisis de alta intensidad.

En escenarios como Ucrania, el Sahel o Gaza, la UE ha sido clave en sanciones y ayuda humanitaria, pero, como explica el profesor González y Santiago, esta institución actúa principalmente como “gestor de consecuencias, no de crisis”. Esta debilidad ha sido reconocida por la propia UE en documentos estratégicos recientes, que identifican la falta de autonomía operativa como una vulnerabilidad crítica.

La Corte Penal Internacional y la justicia sin coerción

Otro de los pilares analizados es la Corte Penal Internacional (CPI), concebida como el principal mecanismo de rendición de cuentas por crímenes internacionales. González y Santiago destaca que su eficacia se ve severamente limitada por la falta de adhesión universal, la ausencia de poder coercitivo y su dependencia de la cooperación estatal.

Ejemplos de esta incapacidad de acción se muestran en la imposibilidad de ejecutar órdenes de detención contra líderes de Estados no miembros adscritos a esta institución. En palabras del profesor, “la CPI funciona más como un mecanismo declarativo que como un instrumento efectivo de contención”, lo que refuerza la percepción de impunidad selectiva para quienes cometen delitos en el ámbito internacional.

Focos de tensión y escenarios de alto riesgo

El estudio identifica varios focos primarios de alta intensidad con impacto sistémico entre 2026 y 2027, como los conflictos entre China–Taiwán, Rusia–Ucrania e Israel–Irán, así como conflictos secundarios en el Sahel, la península coreana o el ámbito geoeconómico global.

En el caso del Indo-Pacífico, el autor advierte que China aplica una estrategia de coerción progresiva multidominio, buscando imponer hechos consumados sin recurrir a una invasión directa. Citando nuevamente a Sun Tzu, señala que “la suprema excelencia consiste en romper la resistencia del enemigo sin luchar”, una lógica plenamente vigente en el estrecho de Taiwán.

Respecto a Ucrania, González y Santiago describe un conflicto de desgaste prolongado, donde la capacidad industrial, los drones y los sistemas de inteligencia y vigilancia son tan decisivos como las maniobras militares tradicionales. “La guerra”, afirma, “se ha convertido en una estrategia acumulativa, no decisiva”.

La política de hechos consumados y el riesgo sistémico

Uno de los conceptos clave del análisis realizado por el profesor González y Santiago es la normalización de la política de hechos consumados como instrumento central de acción estratégica por parte de las grandes potencias. Según el autor, esta lógica busca “alterar la realidad sobre el terreno a una velocidad superior a la capacidad de reacción del sistema internacional”, convirtiendo la legalidad internacional en un coste diferido y gestionable.

Este patrón incrementa el riesgo de imitación estratégica y erosiona la credibilidad de las líneas rojas, favoreciendo la proliferación de conflictos híbridos persistentes. Como advierte el profesor de la Universidad Isabel I, “cuando los mecanismos de gobernanza no pueden castigar la fuerza, la fuerza se convierte en la norma”.

Un mundo marcado por la incertidumbre estratégica

En sus conclusiones, el profesor Martín González y Santiago subraya que el principal riesgo no reside únicamente en decisiones deliberadas de escalada, sino en la acumulación de tensiones, microincidentes y errores de cálculo en un entorno saturado de conflictos simultáneos. La incertidumbre, afirma, se ha convertido en la variable dominante del sistema internacional.

Desde la perspectiva de la inteligencia estratégica, el autor defiende la necesidad de integrar múltiples disciplinas o fuentes de inteligencia utilizadas en seguridad, defensa, análisis estratégico y estudios de riesgo como OSINT, IMINT, CYBINT, ECONINT y HUMINT. Cada una define de dónde procede la información y cómo se obtiene. Con estas fuentes de inteligencia se pueden anticipar señales débiles y prevenir crisis sistémicas. La disuasión futura, concluye, dependerá cada vez más de la resiliencia societal y económica, la autonomía estratégica regional y la capacidad de adaptación ante un orden mundial en transformación.