
Intervención de Esther Giraldo en la charla 'Neurobiología del alcohol para jóvenes'.
25 de febrero de 2026. La profesora Esther Giraldo, doctora en Bioquímica Molecular y Genética y docente del Máster en Neurociencia y Educación de la Universidad Isabel I, ha acercado la neurobiología del alcohol a jóvenes de entre 12 y 17 años en las Escuelas Parroquiales del Sagrado Corazón de Olivenza (Badajoz), en dos jornadas formativas dirigidas tanto a alumnado como a familias y profesorado.
Bajo el título “Neurobiología del alcohol para jóvenes”, la iniciativa —organizada por el AMPA Sagrado Corazón y celebrada estratégicamente antes del Carnaval de Badajoz, periodo en el que tradicionalmente aumenta el consumo de alcohol en menores— tuvo un objetivo claro: ofrecer información científica rigurosa para favorecer decisiones conscientes.
Un cerebro en construcción
Durante su intervención, la profesora Giraldo explicó que la adolescencia no es simplemente una etapa de transición, sino un momento crítico del desarrollo neurológico. La corteza prefrontal, responsable de la toma de decisiones, la planificación y el control de impulsos, es la última estructura en madurar. “El cerebro adolescente todavía está en construcción. No está terminado. Eso significa que es más vulnerable a sustancias como el alcohol”, señaló ante los estudiantes.
La docente detalló que el cerebro juvenil posee una enorme plasticidad —gran capacidad de aprendizaje— pero también una elevada vulnerabilidad. Mientras el sistema límbico, relacionado con las emociones y la búsqueda de sensaciones, está especialmente activo, la región encargada del autocontrol aún no ha completado su desarrollo.
Según explicó, el alcohol atraviesa rápidamente la barrera hematoencefálica y altera el equilibrio químico cerebral: aumenta la liberación de GABA (generando desinhibición) y bloquea el glutamato (ralentizando el pensamiento). El resultado es una disminución de la memoria, el juicio crítico y el autocontrol. “El alcohol no solo cambia cómo te sientes; cambia quién decides ser”, trasladó la profesora, subrayando que muchas decisiones impulsivas no se habrían producido en condiciones normales.
Evidencia científica: lo que dicen los estudios
La charla incluyó referencias a investigaciones internacionales que vinculan el consumo temprano con alteraciones cerebrales y mayor riesgo de adicción en la edad adulta. Giraldo explicó que comenzar a beber antes de los 15 años multiplica significativamente la probabilidad de desarrollar dependencia posterior.
También abordó el tema de cómo el alcohol altera el sistema de recompensa dopaminérgico y puede afectar a la expresión genética del cerebro durante la poda neuronal propia de la adolescencia, introduciendo el concepto de epigenética en un lenguaje adaptado al alumnado. “El problema no es solo la cantidad, sino el momento. En plena adolescencia, incluso consumos puntuales pueden tener un impacto mayor del que imaginan”, explicó.
Además, compartió estudios que relacionan el consumo temprano con reducción del volumen cerebral en áreas de control ejecutivo, por lo que “mayor impulsividad genera mayor probabilidad de conductas violentas en la adultez”, subrayó.
“Mis amigos los raros”: cuando decir no es valentía
Uno de los momentos más significativos de la charla llegó con la parte más personal del proyecto divulgativo de la profesora Giraldo: “Mis amigos los raros”.
A través de historias reales, la profesora explicó que muchos jóvenes que deciden no beber lo hacen tras haber vivido o presenciado consecuencias graves: embarazos no deseados bajo intoxicación, accidentes, problemas legales, rupturas familiares, enfermedades asociadas al consumo prolongado e incluso muertes evitables.
“No se trata de alarmar, sino de informar. Cuando entienden qué ocurre realmente en su cerebro, pueden valorar mejor las consecuencias”, afirmó.

Esther Giraldo durante la charla.
La charla puso sobre la mesa la reflexión sobre cómo en España, existe una cultura que normaliza el alcohol, quienes deciden no consumir pueden ser etiquetados como “raros”. Sin embargo, desde el punto de vista neurobiológico, son quienes mantienen activa su corteza prefrontal y su capacidad de decidir con claridad. “No beber no es quedarse fuera, es elegir”, fue uno de los mensajes que más resonó entre el alumnado.
Esther Giraldo subrayó que muchas veces el consumo no responde al placer, sino a la presión social. Beber para pertenecer, para divertirse o para sentirse aceptado puede convertirse en una decisión condicionada por el entorno más que por la voluntad propia. En palabras de la docente, “disfrutar no exige anestesiar el cerebro”.

Esther Giraldo y Lupe, quien ofreció su testimonio real sobre el consumo de alcohol.
Cuando la ciencia se une a la experiencia
La jornada no fue únicamente académica. El testimonio en primera persona de Lupe generó un clima de silencio y reflexión entre los asistentes, permitiendo conectar la evidencia científica con experiencias vitales reales.
Los jóvenes participaron activamente en la charla: preguntaron, debatieron y reflexionaron. Comprendieron que cuidar el cerebro no es una imposición adulta, sino una inversión en su propio futuro. “El cerebro humano ha tardado millones de años en desarrollar capacidades como planificar, empatizar o imaginar el futuro… y el etanol puede apagarlas en minutos”, explicó Giraldo en el cierre de la sesión.
La actividad concluyó con un mensaje dirigido a toda la comunidad educativa: defender el futuro de nuestros jóvenes es la forma más profunda de amarlos.