Niños de preescolar realizando actividad física

Niños de preescolar realizando actividad física.

9 de abril de 2026. La actividad física en la infancia vuelve a situarse en el centro del debate científico tras la publicación del estudio Do Preschool-Aged Children Meet Physical Activity Guidelines? A Systematic Review” en la revista Healthcare, en el que participa, entre otros investigadores, el profesor Adrián Moreno Villanueva, docente del Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (CAFD).

El trabajo, que analiza datos de más de 43.000 niños de todo el mundo, ofrece una visión global sobre el cumplimiento de las recomendaciones internacionales de actividad física en edades tempranas. A través de una revisión sistemática de 23 estudios, los investigadores concluyen que los niveles de actividad física en la población preescolar son, en general, moderados y muy variables según el contexto.

La actividad física desde la infancia reduce el riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes tipo 2, el síndrome metabólico y las patologías cardiovasculares, fomenta factores relacionados fisiológicamente (p. ej., menor masa grasa o mayor índice de masa ósea) y apoya la salud mental, la socialización y la inteligencia emocional.

Los niños en edad preescolar, a menudo descritos como niños de hasta 6 años, representan un grupo demográfico crucial dada la importancia de la actividad física para formar hábitos saludables e influir en los patrones de comportamiento para el resto de la vida. Organismos como la Organización Mundial de la Salud y las guías canadienses de movimiento de 24 horas establecen que, en edades tempranas, se recomienda superar los 30 minutos en posición boca abajo, acumular más de 180 minutos diarios de actividad física total y, dentro de ese tiempo, al menos 60 minutos deben corresponder a actividad física de intensidad moderada a vigorosa.

Una realidad desigual y con margen de mejora

Los resultados muestran que el grado de cumplimiento oscila entre el 30% y el 65% de los niños, una cifra que refleja tanto avances como importantes carencias. Tal y como recoge el estudio, “el promedio en la mayoría de los contextos suele oscilar entre el 30 % y el 65 % de la población infantil”, lo que evidencia que una parte significativa de los menores no alcanza los niveles recomendados.

Esta variabilidad responde a múltiples factores, como el país, la edad, el entorno sociocultural o incluso la forma de medir la actividad física. De hecho, los propios autores advierten de la complejidad de obtener conclusiones homogéneas, ya que “establecer el nivel de adherencia a las directrices de actividad física es difícil debido a los diferentes resultados y directrices utilizados”, argumenta el profesor Moreno Villanueva.

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es la diferencia entre los modelos de evaluación. Cuando la actividad física se analiza de forma aislada, los niveles de cumplimiento son más altos. Sin embargo, al integrar otros factores como el sueño o el tiempo que los pequeños utilizan al visualizar pantallas digitales, siguiendo las recomendaciones de movimiento de 24 horas, los porcentajes descienden.

El peso del sedentarismo y la pandemia

El estilo de vida infantil debe abordarse de forma global, y no solo desde la práctica deportiva, ya que el sedentarismo sigue siendo uno de los principales obstáculos.

El estudio pone el foco en el impacto de los hábitos sedentarios, agravados en los últimos años. En este sentido, se recuerda que la inactividad física sigue siendo un problema global, y que incluso antes de la pandemia ya se estimaba que una gran parte de la población infantil no era suficientemente activa. La COVID-19 intensificó esta tendencia, favoreciendo rutinas más sedentarias que, en muchos casos, aún persisten.

La necesidad de criterios comunes

Más allá de los datos, la investigación lanza un mensaje claro a la comunidad científica: es necesario avanzar hacia una mayor estandarización. Los autores subrayan que “en futuras investigaciones, es importante establecer criterios de referencia comunes (…) para facilitar comparaciones más objetivas y fiables entre estudios”.

Esta falta de homogeneidad metodológica dificulta el análisis y complica la toma de decisiones en políticas públicas y educación.

Un reto compartido

La participación del profesor Adrián Moreno Villanueva en este estudio refuerza el papel de la investigación académica en la comprensión de los hábitos de vida desde edades tempranas. Las conclusiones apuntan a la necesidad de implicar a familias, centros educativos e instituciones en la promoción de estilos de vida activos.

En definitiva, aunque una parte importante de los niños alcanza los niveles recomendados, el margen de mejora sigue siendo amplio. El objetivo ahora está en realizar una mejor medición de los parámetros para homogenizarlos. Igualmente, el equipo investigador propone actuar antes y con mayor eficacia para garantizar una infancia más activa y saludable.