Marcos Terradillos durante la explicación de la tecnología prehistórica.

Marcos Terradillos durante la explicación de la tecnología prehistórica.

2 de junio de 2026. Marcos Terradillos Bernal, director del Máster en Divulgación Científica de la Universidad Isabel I, ha sido uno de los responsables de esta innovadora experiencia desarrollada en el Museo de la Evolución Humana. Durante la actividad, Marcos Terradillos Bernal ha guiado a los participantes en el proceso de fabricación de herramientas de piedra mediante técnicas de talla lítica similares a las empleadas por los grupos humanos prehistóricos, adaptando las explicaciones y los procedimientos a las necesidades de las personas con discapacidad visual.

 

Desarrollo del proyecto “Ojos que no ven, manos que crean” del MEH y ONCE.

El objetivo principal de esta actividad es hacer que el conocimiento científico sea accesible para toda la sociedad, independientemente de las capacidades de cada persona, porque comprender nuestro pasado, nuestra evolución y los avances de la ciencia es un derecho que contribuye a construir una sociedad más inclusiva, participativa y enriquecida por la diversidad.

Esta iniciativa, que se enmarca en el proyecto “Ojos que no ven, manos que crean” del Museo de la Evolución Humana y ONCE, permite abordar una cuestión apenas explorada por la arqueología experimental: determinar hasta qué punto las personas con discapacidad visual pudieron participar activamente en los procesos tecnológicos de la Prehistoria. Este tipo de experiencias nos permite comprobar cómo otras capacidades sensoriales pueden desempeñar un papel fundamental en la producción tecnológica.

Marcos Terradillos Bernal ha destacado también el valor científico de los datos obtenidos durante la jornada, ya que las sesiones han sido documentadas mediante registros audiovisuales que servirán para analizar los gestos técnicos, las estrategias de aprendizaje y las adaptaciones desarrolladas por los participantes. Los resultados podrán contribuir a generar nuevas hipótesis sobre la diversidad funcional en las sociedades prehistóricas y sobre la capacidad de los grupos humanos para integrar a personas con diferentes condiciones físicas.

Marcos Terradillos explicando cómo sujetar un bifaz prehistórico.

La actividad se enmarca en las líneas de trabajo que el Museo de la Evolución Humana y ONCE desarrollan en el ámbito de la arqueología experimental, una disciplina que utiliza la recreación de actividades del pasado para comprender mejor los comportamientos y capacidades de nuestros antepasados. En este caso, la experiencia combina investigación científica, divulgación e inclusión social, poniendo de manifiesto que la diversidad humana ha formado parte de nuestra historia desde los orígenes de la especie.

Iniciativas como esta permiten también reflexionar sobre la propia naturaleza de la evolución humana. La Prehistoria fue una historia de comunidades capaces de cooperar, adaptarse y cuidar de sus miembros. Comprender cómo pudieron participar personas con capacidades diferentes en las actividades cotidianas nos ayuda a construir una visión más completa y humana de nuestro pasado.