Boniatos, cebollas y ajos pueden generar cambios en el organismo de forma natural

Boniatos, cebollas y ajos pueden generar cambios en el organismo de forma natural.

11 de agosto de 2026. La tecnóloga alimentaria Beatriz Robles, profesora del Máster en Divulgación Científica de la Universidad Isabel I, analiza en un artículo publicado en El Comidista de El País cómo determinados alimentos pueden producir cambios visibles en el organismo que, aunque a menudo resultan llamativos, tienen una explicación científica y, en la mayoría de los casos, son completamente normales.

El artículo titulado “Manos naranjas, alimento dulce y sudor de ginebra: los efectos más curiosos de la comida en el cuerpo” explica la respuesta del organismo ante determinados alimentos.

Uno de los ejemplos más conocidos es la carotenodermia, un fenómeno asociado al consumo elevado de alimentos ricos en betacarotenos, como zanahorias, calabaza o boniato. Según explica la profesora Robles, "el betacaroteno pasa a la sangre intacto y llega al estrato córneo de la piel, donde se deposita", especialmente en las palmas de las manos y las plantas de los pies, provocando una coloración anaranjada. La autora aclara que este efecto "es probablemente la base del mito que dice que comiendo zanahorias te pones morena", aunque en realidad no aumenta la producción de melanina ni sustituye la protección frente a la radiación solar.

Alimentos y olor corporal

El artículo también aborda los cambios que algunos alimentos producen en el olor corporal. El ajo y la cebolla contienen compuestos sulfurados que, tras ser absorbidos, "pasan a la sangre y llegan a los pulmones, donde se liberan con el aire espirado". Por ello, el olor persiste durante horas incluso después del cepillado dental. De forma similar, una parte del etanol ingerido con las bebidas alcohólicas "se elimina sin metabolizar a través de los pulmones y de las glándulas sudoríparas", lo que explica el característico aliento y olor corporal tras el consumo de alcohol.

Color rojo de la orina

Entre las curiosidades más llamativas figura también el efecto de la remolacha. Sus pigmentos naturales, las betalaínas, especialmente la betanina, pueden sobrevivir parcialmente al proceso digestivo y colorear la orina de rojo en un fenómeno denominado beeturia. Robles recuerda que este cambio es pasajero y que, antes de alarmarse, conviene preguntarse simplemente: "¿qué comiste ayer?".

Los espárragos protagonizan otro de los ejemplos clásicos. Su contenido en ácido asparagúsico, una molécula rica en azufre da lugar tras el metabolismo a compuestos volátiles que se eliminan rápidamente por la orina y generan su característico olor. Asimismo, el consumo de suplementos con vitamina B2 (riboflavina) puede producir una intensa coloración amarillo fluorescente en la orina al tratarse de una vitamina hidrosoluble cuyo exceso se elimina por vía urinaria.

Finalmente, la autora recuerda que la intensidad de todos estos efectos depende de factores individuales como la genética, la microbiota intestinal, la velocidad del tránsito digestivo o la sensibilidad olfativa de cada persona. En este sentido, concluye que muchos cambios aparentemente preocupantes tienen una explicación relacionada con la alimentación, aunque recomienda acudir a un profesional sanitario cuando los síntomas persistan o existan dudas sobre su origen.