Equipo subiendo a una montaña en el Himalaya

Equipo subiendo a una montaña en el Himalaya.

14 de septiembre de 2026Vivir a 6.000 metros de altitud significa enfrentarse a una presión atmosférica mucho menor que la existente al nivel del mar, temperaturas extremas y una exposición más intensa a la radiación ultravioleta. Son condiciones difíciles para la vida que, sin embargo, algunas especies han conseguido convertir en su hábitat natural al adaptar su organismo al entorno. Así lo explica el biólogo y divulgador Álvaro Bayón, profesor del Máster en Divulgación Científica de la Universidad Isabel I, en una de sus habituales colaboraciones en el podcast de ciencia, tecnología e historia de Radio Euskadi, La mecánica del caracol, dirigido y presentado por Eva Caballero.

En el último episodio, el profesor Bayón analiza una serie de ejemplos como el del ratón andino, un pequeño roedor capaz de vivir por encima de los 5.700 metros, hasta las poblaciones humanas del Himalaya y los Andes.

En estas altitudes la presión atmosférica disminuye y también lo hace la disponibilidad efectiva de oxígeno; aumenta la exposición a la radiación solar y las temperaturas pueden descender de forma extrema. La vegetación de la que dependen los animales también cambia.

Un ratón desde el nivel del mar hasta los 5.700 metros

Álvaro Bayón ha explicado el caso del ratón orejudo andino (Phyllotis vaccarum), que tiene la singularidad de residir en ambientes desde el nivel del mar a los 5.700 metros, en las cumbres más elevadas de los Andes. “Es el mamífero y vertebrado capaz de vivir a mayor altitud y puede estar toda su vida sin descender”, explica Bayón durante su intervención.

Algunas especies afrontan la falta de oxígeno mediante modificaciones relacionadas con su sistema respiratorio o circulatorio, pero el ratón orejudo andino presenta, además, adaptaciones metabólicas.

Bayón dirige la atención hacia las mitocondrias, las estructuras celulares implicadas en la obtención de energía. “El músculo esquelético de estos ratones y su grasa parda tienen una mayor concentración de mitocondrias”, señala. Estas adaptaciones en las células están relacionadas con la capacidad del animal para obtener energía y producir calor en un ambiente que combina bajas temperaturas y escasez de oxígeno.

Un estudio publicado en 2026 en Science, con participación de investigadores de la Universidad de Montana y otras instituciones, ha analizado precisamente las diferencias entre poblaciones de Phyllotis vaccarum distribuidas a lo largo de su enorme gradiente altitudinal. Los resultados muestran que los ratones de las zonas elevadas presentan una mayor capacidad para generar calor en condiciones de hipoxia, asociada a cambios en la capacidad respiratoria mitocondrial del músculo esquelético. “Las adaptaciones genéticas a vivir en altura están más desarrolladas en los que viven a mayor altitud y latentes en el resto”, explica Bayón al abordar las diferencias existentes entre estas poblaciones.

Ratón orejudo

Ratón orejudo o Phyllotis vaccarum.

Adaptarse también significa poder comer

El análisis genómico de Phyllotis vaccarum ha encontrado señales de selección relacionadas con procesos de biotransformación de sustancias presentes en su alimentación. Bayón explica que algunas poblaciones pueden consumir plantas con compuestos que resultarían tóxicos para otros animales. “Estos ratones presentan mecanismos en el hígado que son capaces de desintoxicar estas sustancias y metabolizarlas con éxito”, señala. Cada población debe responder también a las características del ecosistema y a los alimentos disponibles en su entorno.

Vicuñas y gansos, otras soluciones para el mismo problema

Los camélidos de los Andes, como vicuñas, llamas y alpacas, presentan características fisiológicas que favorecen el transporte y aprovechamiento del oxígeno a gran altitud.

Y el ganso indio (Anser indicus) plantea otro caso especialmente llamativo. Durante sus migraciones atraviesa las regiones del Himalaya.

Las aves disponen de un sistema respiratorio diferente al de los mamíferos, caracterizado por la presencia de sacos aéreos y un flujo unidireccional a través de los pulmones. En el ganso indio se añaden otras características fisiológicas que favorecen la obtención y transporte del oxígeno como es el caso de los huesos huecos o la capilaridad de su cuerpo, que lleva oxígeno a todas las células. El profesor Bayón explica que estas aves adoptan trayectorias de vuelo que les ayudan a administrar el esfuerzo durante los grandes desniveles, aprovechando las corrientes atmosféricas para reducir el coste energético.

Llama en los Andes

Llama en los Andes.

El ser humano también se ha adaptado a las alturas

Las poblaciones humanas que llevan miles de años viviendo en las tierras altas del Himalaya y los Andes presentan características relacionadas con la adaptación a la hipoxia. Bayón menciona a tibetanos, sherpas y habitantes de los altiplanos andinos para explicar cómo la selección natural también ha actuado sobre poblaciones humanas sometidas durante generaciones a estas condiciones.

El caso del Tíbet tiene algunas variantes genéticas relacionadas con la adaptación a la altura se han vinculado con la herencia de los denisovanos, un grupo humano arcaico que se cruzó con Homo sapiens.

La comparación entre humanos en distintos lugares de condiciones de altitud extremas permite distinguir entre aclimatarse temporalmente a la altura y las adaptaciones heredables que aparecen en una población después de numerosas generaciones sometidas a unas determinadas condiciones ambientales.

La intervención completa de Álvaro Bayón puede escucharse en el episodio ‘El cerebro necesita abrazos. El ratón andino y otros prodigios de la naturaleza’, de La mecánica del caracol.