Recogida de muestras en un río para analizar la calidad del agua

Recogida de muestras en un río para analizar la calidad del agua, nutrientes, sedimentos y proliferancion de la biodiversidad.

14 de mayo de 2026. El profesor del Máster en Divulgación Científica de la Universidad Isabel I, Álvaro Bayón, ha publicado en la plataforma Patreon una serie de cinco artículos bajo el título Malditos sean los ríos, pues echan sus aguas al mar, en los que analiza desde una perspectiva científica y divulgativa algunos de los principales mitos sobre la gestión hídrica en España, al tiempo que argumenta razones de peso para no quedarse en argumentaciones simplistas que pueden perjudicar al medioambiente.

A lo largo de la serie, el profesor Bayón cuestiona la idea erróneamente defendida por algunos colectivos que señalan que el agua que desemboca en el mar se “desperdicia” . Bayón defiende una planificación basada en criterios ecológicos, hidrológicos y de sostenibilidad a largo plazo.

El hilo conductor de los textos parte de una crítica a determinados discursos políticos que presentan los ríos como simples canales de transporte desaprovechados. Frente a esa visión, Bayón recuerda que “un río no es una bañera de agua que se vacía, sino una cañería cuya función es transportar”, subrayando que su desembocadura en el mar forma parte natural del ciclo hidrológico y no es una pérdida de recursos.

Desde esta premisa, el profesor reflexiona sobre la importancia del agua fluvial, que cumple funciones esenciales durante todo su recorrido. Entre sus funciones están la recarga de los acuíferos, el mantenimiento de los humedales, el transporte de nutrientes y sedimentos a lo largo de todo su cauce, la proliferación de la biodiversidad y el sostenimiento de los ecosistemas costeros. En su opinión, reducir el debate a una cuestión de volumen disponible ignora variables clave como la temporalidad, la calidad del agua o los procesos ecológicos asociados a los cauces fluviales que enriquecen la vida de sus riberas.

El vínculo entre ríos y mares

Uno de los ejes centrales de la serie es la relación entre los caudales fluviales y la salud de los ecosistemas marinos. Álvaro Bayón subrayó que en las desembocaduras, el encuentro entre agua dulce y salada genera zonas de elevada productividad biológica, que sirven de refugio y alimentación para numerosas especies pesqueras.

“El río no solo transporta agua; también lleva nutrientes, organismos vivos y señales químicas que el mar espera recibir”, señala. Según expone, limitar de forma artificial esos aportes puede alterar ciclos reproductivos, reducir capturas pesqueras y debilitar espacios tan sensibles como deltas, estuarios o marismas.

También destaca el papel de los sedimentos arrastrados por los ríos, fundamentales para compensar la erosión costera. La disminución de estos aportes, sostiene, está detrás del retroceso de zonas como el delta del Ebro, donde confluyen subsidencia del terreno, subida del nivel del mar y pérdida de materiales sedimentarios.

España tiene alrededor de 7.900 kilómetros de costa y en sus tres mares (Atlántico, Cantábrico y Mediterráneo), el número de ríos que llegan directamente al mar superan los 300, aunque otros muchos lo hacen en sus ríos mayores, como afluentes de las cuencas del Ebro, Miño, Duero, Tajo o Guadalquivir.

Trasvases y desequilibrios entre cuencas

El profesor Bayón analiza los trasvases como herramienta de gestión y advierte de sus impactos tanto en las cuencas de origen como en las receptoras. A su juicio, considerar que una cuenca tiene “agua sobrante” responde a una simplificación que no contempla las necesidades ecológicas de los ríos ni la variabilidad climática.

“El problema es pensar que el agua se mueve sola y sin consecuencias”, resume. El docente apunta que modificar caudales altera temperaturas, concentración de nutrientes, dinámicas sedimentarias y equilibrio de acuíferos costeros, además de generar tensiones territoriales entre regiones con intereses contrapuestos.

Bayón recuerda igualmente que muchas infraestructuras hidráulicas sufren pérdidas relevantes por evaporación o sedimentación, lo que reduce progresivamente su capacidad útil y cuestiona su eficacia futura en escenarios de sequía más frecuentes.

Riesgo de especies invasoras

La serie dedica además un apartado a los efectos biológicos de conectar cuencas antes aisladas. El traslado artificial de agua facilita la expansión de especies invasoras, patógenos y organismos oportunistas que pueden colonizar nuevos ecosistemas.

El profesor cita el caso del mejillón cebra, cuya proliferación ha provocado daños en tuberías, canales e instalaciones hidráulicas, además de impactos sobre especies autóctonas. “Cada vez que conectamos cuencas estamos acelerando intercambios biológicos que en la naturaleza no se producirían”, advierte.

Desde una perspectiva ecológica, Álvaro Bayón considera que estos procesos favorecen la homogeneización de la biodiversidad y la pérdida de singularidad de los sistemas fluviales ibéricos, muchos de ellos con especies endémicas adaptadas a condiciones muy concretas.

Cortoplacismo político frente a soluciones estructurales

El quinto y último artículo de la serie profundiza en la dimensión política del debate hídrico. El divulgador científico critica que, con frecuencia, se prioricen grandes obras visibles o mensajes simplificados frente a reformas menos llamativas pero más eficaces, como la modernización del regadío, la reutilización de aguas, la eficiencia urbana o la adaptación territorial al cambio climático.

“Prometer ríos nuevos gana más votos que explicar ciclos hidrológicos”, afirma en uno de los pasajes más contundentes. Para el profesor, la gestión del agua exige abandonar respuestas inmediatas y asumir decisiones complejas basadas en evidencia científica.

Como propuesta, Bayón defiende incorporar al precio real del agua y de determinadas infraestructuras los costes ambientales asociados, de modo que las decisiones públicas reflejen también el impacto ecológico.

En sus conclusiones, el profesor Bayón también cuestiona determinados modelos productivos intensivos y desarrollos urbanísticos que, a su juicio, incrementan la presión hídrica en zonas especialmente vulnerables. En este sentido, plantea la necesidad de revisar ciertos cultivos de alto consumo de agua o infraestructuras turísticas difíciles de sostener en escenarios de sequía prolongada.