
Bomberos extinguiendo un incendio forestal.
30 de julio de 2026. Cada verano, con la llegada de los grandes incendios forestales, resurgen también algunos de los mensajes más repetidos sobre cómo prevenirlos. Uno de ellos es la necesidad de "limpiar el bosque". Sin embargo, para el biólogo y profesor del Máster en Divulgación Científica de la Universidad Isabel I, Álvaro Bayón, esta idea simplifica en exceso un problema ecológico mucho más complejo.
En un análisis publicado recientemente, Bayón explica que los incendios forestales no pueden entenderse únicamente como un fenómeno estival ni combatirse con soluciones aparentemente intuitivas que carecen de respaldo científico. "Los bosques no necesitan ser limpiados", afirma el investigador, quien recuerda que estos ecosistemas "llevan existiendo desde hace más de 350 millones de años" y que su funcionamiento responde a procesos ecológicos desarrollados mucho antes de la aparición del ser humano.
El profesor de la Universidad Isabel I sostiene que la prevención de los incendios comienza mucho antes de que aparezcan las primeras llamas. "La mejor forma de apagar un fuego no es echar agua sobre las llamas, sino soplar la cerilla que lo va a encender", señala para subrayar la importancia de gestionar el territorio durante todo el año y no únicamente cuando se producen las emergencias.
Un problema que combina clima, gestión del territorio y actividad humana
Según explica Bayón, el ecosistema mediterráneo ha convivido históricamente con el fuego y muchas de sus especies vegetales están adaptadas a él. El problema surge cuando factores como el cambio climático, la transformación del paisaje y el abandono de determinadas actividades tradicionales alteran el equilibrio natural de estos ecosistemas.
El incremento de las temperaturas, las olas de calor y los cambios en el régimen de precipitaciones favorecen la acumulación de combustible vegetal y aumentan la vulnerabilidad de los montes. A ello se suma la desaparición progresiva de la ganadería extensiva y la reducción de las poblaciones de grandes herbívoros, cuya actividad contribuía de forma natural a mantener un paisaje heterogéneo y a limitar la propagación de los incendios.
Frente a esta realidad, el investigador advierte de que eliminar indiscriminadamente el sotobosque puede resultar contraproducente. La vegetación arbustiva desempeña funciones esenciales para conservar la humedad del suelo, favorecer la biodiversidad y mantener la estructura del ecosistema, por lo que su eliminación total puede incrementar el riesgo de incendios a medio y largo plazo.
La mayoría de los incendios tienen origen humano
El análisis recuerda además que los incendios forestales en España son, en su inmensa mayoría, consecuencia de la actividad humana. Basándose en los datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Bayón señala que únicamente una pequeña parte de los incendios tiene un origen natural, mientras que la mayoría se deben a negligencias o a acciones intencionadas.
Por ello, considera imprescindible reforzar tanto la investigación sobre las causas de los incendios como las políticas de prevención, la gestión forestal basada en criterios científicos y el apoyo a los profesionales encargados de la extinción.
Ciencia para comprender mejor los incendios
Para el profesor del Máster en Divulgación Científica de la Universidad Isabel I, afrontar el problema exige abandonar soluciones simplistas y adoptar una visión a largo plazo basada en la evidencia científica.
"La solución no pasa por intentar eliminar el fuego por completo, sino por gestionar el territorio para convivir con él de manera segura", concluye Bayón, quien defiende la recuperación de paisajes más diversos, el apoyo a la ganadería extensiva y una planificación continuada que devuelva a los ecosistemas mediterráneos parte de su resiliencia natural.