
Llegada a Madrid del reto 30 provincias y 1500kms por el cáncer infantil.
30 de enero de 2026. Bombero de profesión, ultrafondista por vocación y estudiante del Grado en Psicología en la Universidad Isabel I, Jaime Domínguez Ibáñez ha convertido el deporte extremo en una herramienta de transformación social. A lo largo de más de veinticinco años de trayectoria deportiva, ha impulsado retos solidarios de gran exigencia física y mental para visibilizar causas como el cáncer infantil, la donación de sangre o la prevención del acoso y el suicidio. En esta entrevista, repasa su historia personal, su vínculo con el deporte, el papel de su familia y cómo la Psicología influye en su forma de entender el esfuerzo, la resiliencia y el compromiso con los demás.
Jaime, ¿Cómo fueron tus primeros pasos en el running y qué te llevó, con el tiempo, al ultrafondo?
Empecé a correr hace 25 años, casi por obligación. Soy bombero desde hace veinte años y, en el proceso de oposición, varias de las pruebas físicas eran de carrera. En aquel momento no me gustaba nada correr, pero era algo que tenía que hacer sí o sí. Una vez superada esa etapa, seguí corriendo de forma esporádica, sin especial pasión.
El cambio llegó más adelante, ya trabajando, por una cuestión puramente práctica: el parque de bomberos al que iba tenía muy poco aparcamiento y empecé a plantearme alternativas. Así comencé a combinar trayectos corriendo con transporte público, sumando kilómetros casi sin darme cuenta. Poco a poco, aquello dejó de ser un medio de transporte para convertirse en un hábito, y con los años, derivó en el ultrafondo. Eso sí, ha sido un proceso muy largo, de más de catorce o quince años.
Hoy realizas entrenamientos que llaman mucho la atención. ¿Cómo se llega a ese nivel de resistencia?
Siempre digo que contado rápido parece una locura, pero nada de esto es inmediato. Por ejemplo, ahora es habitual que llegue al trabajo tras correr unos 20 kilómetros y que, después de una guardia de 24 horas, vuelva a casa corriendo otros 50. Pero eso no se hace de la noche a la mañana. Detrás hay años de adaptación, de escuchar al cuerpo, de aprender cuándo apretar y cuándo frenar… No es ser bestia, es ser constante y muy cuidadoso.
¿En qué momento decides que el deporte puede ir más allá de lo personal y convertirse en algo solidario?
Fue un proceso bastante natural. Empecé a compartir entrenamientos y retos en redes sociales y me di cuenta de que enganchaba mucho, incluso a personas que no eran deportistas. La gente se interesaba por cómo entrenábamos, por la experiencia humana que había detrás. Ahí pensé que todo ese esfuerzo podía servir para algo más que competir. Empecé a darle un enfoque solidario, a vincularlo con causas sociales. La competición sigue estando ahí, he ganado carreras y me gusta, pero ahora la motivación principal es otra.
A lo largo de estos años has vivido experiencias muy diversas. ¿Hay alguna que recuerdes de forma especial?
Muchas, pero quizá las más bonitas no son competitivas. Por ejemplo, hacer el Camino de Santiago corriendo con mi mujer, recorriendo unos 45 o 50 kilómetros diarios. Fue una experiencia increíble. Al año siguiente, nuestras hijas quisieron participar y repetimos el Camino Portugués desde Oporto: ellas en bicicleta y nosotros corriendo. Fueron unos 300 kilómetros que no recuerdo como un reto deportivo, sino como una vivencia familiar brutal, de las que se quedan para siempre.
En septiembre de 2025 ganaste la carrera de 24 horas de Santander con récord absoluto. ¿Qué implica una prueba de este tipo?
Son pruebas muy exigentes que no se preparan en unos meses. Hace falta una base muy sólida, muchos años de trabajo, controles médicos y una preparación muy meticulosa. No es para todo el mundo, porque llevas al cuerpo a límites muy altos.
En mi caso, ese verano había participado en un reto solidario contra el cáncer infantil: 30 días consecutivos, en 30 provincias diferentes, corriendo 50 kilómetros diarios. Eso te da la confianza de que el cuerpo puede aguantar y de que llegas preparado a una carrera de 24 horas.

Llegada a meta en la carrera de las 24 horas de Santander.
Uno de tus retos más singulares fue correr 438 kilómetros junto a un atleta sordociego. ¿Cómo fue esa experiencia?
Fue una de las más duras a nivel mental. Físicamente era bajar el ritmo, pero la exigencia psicológica era enorme. @m.a.r.i.e.t.e, que es como se le conoce en redes, no ve nada y la guía tenía que ser constante. No podía desconectar ni un segundo, porque cualquier piedra podía provocar una caída.
En el ultrafondo, muchas veces te evades mentalmente para soportar las horas, pero aquí eso no existía. Terminé agotado mentalmente, pero también con una sensación de logro brutal, porque llegamos a Madrid y el recibimiento fue muy emocionante.

Reto Madrid-Valencia 438kms en 7 días guiando atleta sordo ciego por la ceguera infantil.
También has impulsado iniciativas muy visibles, como el reto alrededor del Hospital La Paz
Sí, fue una idea sencilla: correr durante 24 horas alrededor del hospital para apoyar la campaña de donación de sangre. No esperaba la respuesta que tuvo. A cualquier hora llegaba gente a donar porque lo había visto en redes. Fue muy impactante ver cómo algo tan simple podía movilizar a tantas personas y generar un resultado real.
En todo este camino, ¿qué papel juega tu familia?
Fundamental. Mi mujer y mis hijas siempre han estado ahí. En el reto de La Paz, aparecieron de madrugada, con frío, trayendo caldo, mantas… Vivimos a 45 kilómetros del hospital y aun así vinieron. Esto no tendría sentido sin su apoyo. Mi familia ha estado presente en un porcentaje muy importante de mis retos y también, por supuesto, en el día a día.
Actualmente eres alumno del Grado en Psicología de la Universidad Isabel I. ¿Qué te llevó a estudiar esta carrera?
Por inquietud personal y profesional. En mi trabajo, en los últimos años, estamos viendo cada vez más situaciones relacionadas con la salud mental, como tentativas de suicidio. Algo que hace quince años no era tan visible.
Estudiar Psicología me ayuda a comprender mejor estas realidades y encaja mucho con mi forma de entender el deporte, la vida y el compromiso social.
¿Cómo influye la Psicología en tu manera de afrontar el deporte extremo?
Muchísimo. Me ayuda a entender la gestión del esfuerzo, de la frustración, de las crisis. El ultrafondo te enseña que las crisis van a llegar, igual que en la vida. La clave es mantener la calma, adaptarte y seguir. Siempre se sale, y a veces sales más fuerte.
¿Crees que el deporte puede ser una herramienta educativa y terapéutica?
Sin ninguna duda. El deporte saludable es fundamental, sobre todo a nivel mental. Vivimos con mucho estrés y mucha rapidez y el deporte es un espacio de pausa y equilibrio. No hablo de competir, hablo de moverse, de cuidarse.

Jaime levanta el trofeo del triunfo al finalizar una de sus carreras.
Mirando al futuro, ¿qué retos tienes previstos para 2026?
Va a ser un año muy intenso. Tengo varios proyectos solidarios centrados en infancia y adolescencia, especialmente en la prevención del acoso y el suicidio. Habrá retos en Madrid, a nivel nacional, probablemente pasando por Burgos, e incluso internacionales. La idea es seguir usando el deporte como altavoz para generar impacto social real.
De cara a los próximos años, tienes en el horizonte una carrera internacional. ¿Qué nos puedes contar sobre ese proyecto?
Es uno de los grandes retos que tengo por delante. Se trata de una prueba internacional de ultrafondo con un nivel altísimo de exigencia, tanto física como logística. Para mí no es solo una carrera, sino una oportunidad de llevar el mensaje solidario fuera de nuestras fronteras y dar visibilidad internacional a las causas que defiendo. Es un proyecto que requiere una preparación muy específica y una planificación a largo plazo.
Ese tipo de retos implican también un importante esfuerzo económico. ¿Qué papel juegan los patrocinadores?
Son fundamentales. Hasta ahora he sido bastante autónomo, pero cada vez los retos son más complejos y requieren desplazamientos, material específico y una logística importante. El apoyo de empresas o instituciones no es solo una ayuda económica, es una forma de multiplicar el impacto social del proyecto. Si cuento con patrocinadores, puedo llegar más lejos y ayudar a más personas.

En la meta, la carrera de Jaime Domínguez en las 24 horas de Cantabria.
¿Qué tipo de colaboración buscas con esas entidades?
Busco colaboraciones basadas en valores compartidos: compromiso social, salud, educación y solidaridad. No se trata solo de poner un logo, sino de formar parte de un proyecto con sentido. Muchas empresas están alineadas con la responsabilidad social corporativa y estos retos son una forma muy directa y visible de materializarla.
Para terminar, ¿qué mensaje lanzarías a quienes quieran unir deporte y compromiso social?
Que no hace falta hacer cosas enormes. A veces, con una iniciativa pequeña y bien explicada, puedes ayudar mucho. Mirar alrededor y aportar desde lo que cada uno puede ya es un gran primer paso.
La historia de Jaime Domínguez demuestra que el deporte puede ser mucho más que un reto físico. En su caso, correr es una forma de estar en el mundo, de acompañar, de visibilizar y de ayudar. Entre guardias como bombero, kilómetros interminables y apuntes de Psicología, ha encontrado una manera muy personal de transformar el esfuerzo en impacto social. Un camino largo, exigente y, como él mismo defiende, abierto a cualquiera que entienda el compromiso como una carrera de fondo.