
Jaime Domínguez es recibido en la Plaza del Obradoiro por su familia, autoridades y varios equipos de bomberos que abrieron las mangueras de sus vehículos para recibirle en una lluvia de agua.
11 de septiembre de 2026. El bombero del Ayuntamiento de Madrid y estudiante del Grado en Psicología de la Universidad Isabel I Jaime Domínguez Ibáñez, llegó el 30 de agosto a la Praza do Obradoiro, en Santiago de Compostela, después de correr una maratón diaria durante todo el mes. Con esta etapa cerró prácticamente la fase nacional de ‘Romper el Silencio’, un proyecto que aún debe completar con otras 15 carreras hasta final de año.
La llegada a la Praza do Obradoiro en Santiago de Compostela tuvo la apariencia de una meta definitiva. Jaime Domínguez Ibáñez, conocido como JimmyGo, avanzó los últimos metros acompañado por familiares, corredores y personas que se habían sumado a la etapa. Frente a la Catedral de Santiago lo esperaban su mujer, sus hijas, integrantes del cuerpo de bomberos de la ciudad y representantes municipales.
Era el 30 de agosto y Domínguez acababa de completar 30 maratones en 30 días consecutivos por diferentes puntos de España. Sin embargo, aquella celebración no puso fin al proyecto. La carrera de Santiago fue la etapa número 80 de las 95 que forman ‘Romper el Silencio’, la iniciativa con la que se propone recorrer 3.953 kilómetros, uno por cada persona fallecida por suicidio en España durante 2024, de acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).
“Hay cierta confusión porque, por el impacto que tuvo la llegada, algunas personas entendieron que el proyecto había terminado. En Santiago concluyó la fase nacional, pero todavía quedan 15 maratones”, precisa.
Antes de comenzar el recorrido de agosto, el estudiante del Grado en Psicología de la Universidad Isabel I había completado otras 50 maratones en la Comunidad de Madrid. Durante sus vacaciones convirtió la siguiente fase en una travesía nacional que, según explica, pasó por once comunidades autónomas.
El proyecto combina tres dimensiones de su vida: el deporte, su trabajo como bombero del Ayuntamiento de Madrid y su formación en Psicología. La distancia constituye la parte más visible, pero no el objetivo último. Jaime Domínguez utiliza cada etapa para promover conversaciones sobre el sufrimiento emocional, la prevención y la necesidad de pedir ayuda.
Una llegada construida durante 30 días
La última etapa comenzó a las 8:30 horas en las inmediaciones del Complejo Multiusos Fontes do Sar. Debido a una dolencia física que arrastraba desde las jornadas anteriores, Domínguez sustituyó los recorridos lineales por un circuito urbano de aproximadamente cinco kilómetros. De este modo, podía completar la distancia dentro de la misma ciudad y facilitar que otras personas se incorporasen durante parte del trayecto. “La gente se iba sumando para correr un rato, uno, dos o tres kilómetros. Hicimos así las últimas etapas. En Santiago desarrollamos la mayor parte de la distancia en Fontes do Sar y solo subimos una vez hasta la Catedral, cuando ya terminamos la maratón”, relata.
El recorrido concluyó alrededor de las 14:00 horas en el Obradoiro. La presencia de su familia y el recibimiento de los bomberos añadieron una carga emocional a una jornada condicionada por el dolor físico y el cansancio acumulado. “Fue un momento monumental, también por cómo se habían desarrollado las últimas etapas. Llegué con una dolencia que todavía arrastro y las carreras se complicaron mucho más. Mi mujer y mis hijas tuvieron incluso que tirar del carro”, explica.

Jaime Domínguez satisfecho por kilómetros recorridos, charla con algunos de los asistentes a la meta.
Esa dificultad imprevista terminó reforzando, a su juicio, el mensaje que había tratado de trasladar durante el recorrido, ya que cuando una persona no puede continuar por sí sola, el apoyo de quienes están a su lado puede resultar decisivo.
“El mensaje adquirió todavía más sentido. Es un poco como la vida misma. Te planteas una cosa de una manera, luego no todo sale como esperabas y, de repente, miras a tu lado y encuentras gente que siempre busca soluciones contigo”, añade.
Una distancia que representa 3.953 vidas
El número de kilómetros no es casual. Las 95 maratones permitirán a Domínguez alcanzar aproximadamente los 3.953 kilómetros que dan forma simbólica al proyecto. El corredor insiste en que la estadística, los 3.953 suicidios registrados en 2024, sirve para dimensionar el problema, pero también puede ocultar las historias personales que contiene. “Primero hay que pensar en las cifras y después entender que cada una de ellas representa a una persona. Estamos hablando de alrededor de once personas al día. Creo que eso es lo que se nos tiene que quedar grabado: llevamos años con once o doce muertes diarias por suicidio en España”, señala.
Su intención es convertir un dato difícil de asimilar en una sucesión de acciones concretas. Cada kilómetro recorrido representa una de esas muertes; cada etapa crea una oportunidad para reunir a personas, conversar y difundir recursos de ayuda.
El mensaje que quiere trasladar a la sociedad con su proeza deportiva consiste en sacar la salud mental. “No se trata de normalizarla como un problema, sino de normalizar que todas las personas tenemos salud mental. Tenemos que hablar de ella, no escondernos ni verla con extrañeza”, sostiene.
La propuesta no pretende sustituir el trabajo clínico ni ofrecer respuestas simples a un fenómeno complejo. Jaime Domínguez habla de una responsabilidad social anterior y complementaria a la intervención profesional. Considera fundamental aprender a escuchar, reconocer el sufrimiento ajeno y evitar que una persona tenga que ocultarlo. “Hay que tratar la salud mental con la naturalidad que necesita también en el ámbito social. No hablo solo del nivel clínico o profesional, sino de cómo nos relacionamos y de cómo somos capaces de reconocer que alguien puede estar sufriendo”, explica.
Una motivación personal y profesional
El origen de ‘Romper el Silencio’ se encuentra tanto en su entorno personal como en su experiencia laboral. Domínguez ha vivido varias pérdidas cercanas por suicidio y a ellas se suma el contacto con situaciones de riesgo durante su trabajo como bombero.
Esta iniciativa deportiva ha necesitado años de preparación física, además de dos y tres años de planificación. En ese periodo, su experiencia profesional reforzó la convicción de que el silencio que rodea al sufrimiento podía constituir el eje de la iniciativa.
El alumno de la Universidad Isabel I evita atribuir las conductas suicidas a un momento aislado o a una sola circunstancia. Su planteamiento coincide con las recomendaciones del Ministerio de Sanidad y de la Organización Mundial de la Salud, que definen el suicidio como un fenómeno complejo y multifactorial. “Cada persona es un mundo y no podemos definir qué está pasando en cada cabeza. Lo que desde fuera parece un clic seguramente procede de una acumulación enorme de circunstancias. A veces nos quedamos con el hecho concreto que creemos que lo desencadenó, cuando puede existir un sufrimiento que lleva mucho tiempo oculto”, advierte. El futuro psicólogo considera que muchas veces ni la propia familia es consciente de lo que una persona lleva sufriendo durante años. Puede estar atravesando una depresión y, al mismo tiempo, mantener aparentemente una vida normal.
El valor de escuchar sin restar importancia
El bombero madrileño considera que acompañar no significa disponer de una solución inmediata. “Las personas que han atravesado los momentos más duros nos dicen que una de las cosas que más les dolía era el silencio que tenían alrededor. Necesitan que alguien reconozca la importancia de lo que les pasa”, agrega, y de ahí, el lema de su proyecto, que lleva inscrito en su camiseta.
La Organización Mundial de la Salud señala que hablar abiertamente y de manera responsable sobre el suicidio no induce por sí mismo a una persona a quitarse la vida. Por el contrario, puede abrir un espacio para expresar el sufrimiento, valorar otras alternativas y buscar ayuda.
A lo largo de las 80 etapas realizadas, diferentes personas se han acercado a Jaime Domínguez para compartir experiencias propias o relacionadas con familiares y amistades. Y las motivaciones de acompañarle en este reto deportivo varían: algunas corrieron junto a él; otras le escribieron y una gran mayoría acudieron a los puntos de llegada.
Para el impulsor del proyecto, esos testimonios confirman que una parte del problema reside en la dificultad para hablar del sufrimiento sin recibir respuestas que lo minimicen. “La gente necesita que lo que está pasando se reconozca como algo real, no que se le reste importancia, que es algo a lo que estamos demasiado acostumbrados”, indica.
La responsabilidad de hablar de forma adecuada
El corredor defiende que el problema debe ocupar un espacio público, aunque reconoce la responsabilidad de los medios a la hora de decidir cómo abordarlo. “Durante mucho tiempo se pensó que había que silenciarlo. Sin embargo, las cifras están ahí. Otra cosa es que tengamos que aprender a tratarlo correctamente. El periodismo tiene mucha responsabilidad porque la información debe transmitirse como corresponde”, argumenta.
Las recomendaciones del Ministerio de Sanidad insisten en evitar explicaciones simplistas, no difundir detalles sobre métodos o lugares y no presentar casos concretos de manera sensacionalista. También aconsejan ofrecer datos procedentes de fuentes oficiales, incorporar recursos de ayuda y promover mensajes orientados a la prevención. “Ya no se trata solo de cómo aparecen las noticias, sino de cómo tratamos los problemas como sociedad. No hay que esconderlos. Hay que aprender a hablar y a escuchar”, resume Domínguez.

Jaime Domínguez en la Plaza del Obradoiro en Santiago de Compostela charla con autoridades y bomberos.
El deporte ayuda, pero no sustituye la atención profesional
Las 95 maratones convierten el deporte en el vehículo del mensaje, pero Jaime Domínguez introduce una precisión fundamental: la actividad física no debe presentarse como tratamiento único ante el sufrimiento psicológico intenso o el riesgo de conducta suicida. “Siempre defiendo el deporte como algo beneficioso, no solo fisiológicamente, sino también psicológicamente y en todas las edades. Es una gran herramienta, pero no puede ser la única solución”, explica.
La práctica deportiva puede favorecer las relaciones sociales, la adquisición de rutinas y el bienestar general. No obstante, cuando una persona atraviesa una situación clínica o un episodio de sufrimiento grave, necesita una valoración profesional.
“En las fases más intensas del dolor, el deporte por sí solo puede hacer poco. Cuando una persona necesita atención clínica, debe recibirla. Creo que la actividad física puede desarrollar un trabajo preventivo importante antes de llegar a ese punto, pero no sustituye a los profesionales”, recalca. Su condición de estudiante de Psicología le permite, además, relacionar el aprendizaje académico con las experiencias que encuentra durante el recorrido. Sin convertir el proyecto en una intervención terapéutica, Domínguez sitúa la escucha, el acompañamiento y la búsqueda de ayuda en el centro de su mensaje.
El proyecto continúa
Domínguez debe recuperarse ahora de la dolencia que condicionó las últimas etapas y concretar después el calendario de las 15 maratones pendientes. “Lo primero es curarme bien para terminar lo que queda. Hay que llegar a las 95 maratones y todavía faltan 15. Aún no están definidas, pero la idea es que, a medida que nos acerquemos al final, tengan cada vez mayor impacto”, avanza.
“Vamos a seguir sumando kilómetros, moviendo ciudades, prensa y redes sociales para llegar lo más lejos posible. Lo importante es no perder la capacidad de hacer que la gente hable de ello”, concluye.