
Uso de ultrasonidos como técnica para resolver un problema provocado por una inyección de ácido hialurónico en el rostro.
26 de agosto de 2026. La profesora Sandra Núñez Rodríguez, docente del Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (CAFD) de la Universidad Isabel I, ha participado junto a otros investigadores en un estudio sobre el uso del ultrasonido de alta frecuencia para tratar una complicación vascular provocada por una inyección de ácido hialurónico. El artículo ha sido publicado en 2026 en la revista científica Diagnostics.
El trabajo analiza el caso clínico de una paciente que sufrió una obstrucción en una arteria situada debajo del ojo después de recibir un tratamiento de relleno facial. La complicación también afectó a una segunda arteria relacionada con la encía superior y provocó una reducción del riego sanguíneo tanto en la piel como en el tejido gingival.
Una complicación poco frecuente, pero grave
Los rellenos de ácido hialurónico son uno de los procedimientos más utilizados en medicina estética. La mayoría de sus posibles efectos adversos son leves pero cuando surgen complicaciones suelen ser graves, cuando el producto bloquea o comprime un vaso sanguíneo.
Esta obstrucción, conocida como oclusión vascular, impide que la sangre llegue correctamente a los tejidos y cuando no se identifica y trata a tiempo, puede causar lesiones en la piel, necrosis y secuelas funcionales o estéticas.
La red de arterias del rostro es compleja y puede variar de una persona a otra. La exploración clínica permite detectar señales de alarma, aunque no siempre muestra con precisión qué vaso está afectado, cómo se ha producido la obstrucción o hasta dónde se extiende.
Un cambio de coloración en la piel y pérdida de sensibilidad
El estudio en el que participa la profesora Núñez Rodríguez describe el caso de una mujer de 60 años que recibió una inyección de ácido hialurónico en la zona media de las mejillas.
El procedimiento transcurrió inicialmente sin síntomas aparentes pero unas seis horas después, la paciente comenzó a presentar un cambio progresivo de coloración en la piel situada debajo del ojo izquierdo y alrededor de la nariz. También experimentó una pérdida de sensibilidad en la encía superior del mismo lado, por lo que la evolución de estos síntomas hizo sospechar que el ácido hialurónico estaba afectando al flujo sanguíneo de la zona inyectada.
Tras una primera intervención, la paciente mostró una mejoría inicial pero al día siguiente apareció una lesión en la encía próxima al canino superior izquierdo, acompañada de una pérdida persistente de sensibilidad. La respuesta de la paciente a la intervención sugirió que el problema vascular podía extenderse más allá de la zona visible de la piel.
El ultrasonido permitió localizar el origen del problema
El equipo empleó un ultrasonido de alta frecuencia con tecnología Doppler, una técnica que permite observar los tejidos, los vasos sanguíneos y el movimiento de la sangre en tiempo real.
En la aplicación de esta técnica se detectaron depósitos de ácido hialurónico alrededor de la arteria infraorbitaria, situada debajo del ojo, que estaban comprimiendo el vaso desde el exterior. También se observó una falta de flujo sanguíneo en la arteria alveolar superior anterior, relacionada con la zona de la encía afectada.
Las imágenes permitieron comprobar que no se trataba únicamente de una obstrucción localizada debajo del ojo y el problema también había alcanzado otra rama arterial y había provocado una falta de riego sanguíneo en la encía.

Inyección de ácido hialurónico en el rostro, una técnica utilizada en medicina estética para mejorar la tersura de la piel y eliminar arrugas.
Un tratamiento dirigido con una dosis reducida
Para tratar la complicación se utilizó hialuronidasa, una enzima capaz de degradar el ácido hialurónico. El equipo que trató a esta paciente empleó una estrategia diferente basada en dosis más bajas y dirigidas hacia las zonas afectadas.
Primero se administraron 200 unidades internacionales en el recorrido de la arteria infraorbitaria. Posteriormente, después de localizar mediante ultrasonido la segunda arteria afectada, se aplicaron otras 100 unidades directamente sobre esa zona y bajo control de imagen.
El uso del ultrasonido como novedad en el tratamiento permitió administrar la enzima en el lugar preciso, en vez de distribuir una cantidad mayor de forma generalizada.
Tras el tratamiento se recuperó el flujo sanguíneo en las dos arterias y la paciente no presentó secuelas funcionales ni estéticas posteriores a esta intervención.
Mayor precisión y menor exposición al tratamiento
Los investigadores de este estudio señalan que la combinación de ultrasonido y hialuronidasa en dosis reducidas puede aportar varias ventajas. Por un lado, la imagen permite diferenciar si el ácido hialurónico ha entrado en el vaso sanguíneo o si lo está comprimiendo desde el exterior. Por otro, ayuda a conocer la extensión del problema y a dirigir el tratamiento hacia el punto afectado. Esta precisión puede evitar una exposición innecesaria a cantidades elevadas de hialuronidasa, porque su uso en exceso puede provocar inflamación, irritación, reacciones de hipersensibilidad o una degradación excesiva del ácido hialurónico presente de forma natural en los tejidos.
Los autores indican que serán necesarios estudios con más casos, criterios de evaluación comunes y sistemas estandarizados de ultrasonido para comprobar la eficacia y la seguridad de este tipo de intervención y guiar el tratamiento de una complicación que exige una actuación rápida y precisa.