
Aurelio Fernández muestra en una maqueta la diferencia de tamaño entre la Tierra y la Luna.
10 de agosto de 2026. Aurelio Fernández Piñera, egresado del Máster en Divulgación Científica de la Universidad Isabel I y presidente de la Asociación Astronómica Inclusiva Viaje a las Estrellas (VALE), la primera asociación astronómica inclusiva de Castilla-La Mancha, prepara una experiencia accesible para que las personas invidentes puedan seguir el eclipse total de Sol del 12 de agosto de 2026 mediante el sonido, el tacto y los cambios que se producirán en el entorno.
El miércoles 12 de agosto de 2026, la Luna ocultará por completo el Sol en una franja que atravesará España desde el noroeste peninsular hasta las islas Baleares. Será el primer eclipse total de Sol visible desde la Península en más de un siglo y uno de los acontecimientos astronómicos más esperados de los últimos años.
La observación astronómica suele asociarse a telescopios, imágenes y explicaciones visuales. Sin embargo, existen otras formas de percibir un eclipse. Los cambios en la intensidad de la luz pueden convertirse en sonidos; la superficie de la Luna puede reconocerse mediante una maqueta táctil, y el descenso de la temperatura o las alteraciones en el comportamiento de los animales también forman parte de la experiencia.
Sobre esta idea trabaja Viaje a las Estrellas (VALE) presidida por Aurelio Fernández Piñera. La entidad utiliza materiales táctiles, audiodescripciones y herramientas de sonificación para acercar la astronomía a las personas invidentes y a otros públicos con necesidades de accesibilidad.
La iniciativa está relacionada con el Trabajo de Fin de Máster que Aurelio Fernández Piñera desarrolló durante el curso 2025-2026 en el Máster en Divulgación Científica de la Universidad Isabel I. Su propósito fue diseñar una metodología que permitiera vivir el eclipse desde una perspectiva multisensorial, accesible y científicamente rigurosa.

Paseo Inclusivo por el universo.
Me di cuenta de que el cielo nocturno estaba dejando fuera a mucha gente
Aurelio, llevas más de tres décadas acercando la astronomía al público ¿Qué ocurrió para que decidieras crear Viaje a las Estrellas?
Comencé hace más de 30 años en la divulgación astronómica, participando en observaciones públicas con agrupaciones locales. Sin embargo, una tarde de julio de hace unos 20 años, la presencia de una persona invidente en la explanada del Planetario de Madrid cambió por completo mi percepción sobre la divulgación científica.
Me di cuenta de que el cielo nocturno estaba dejando fuera a mucha gente. Aquella persona no venía simplemente a "ver la Luna", sino a sentir la emoción de un relato. Sus palabras se me quedaron grabadas: "Gracias por hacerme sentir todo aquello que nunca pude llegar a ver".
Cursar el Máster en Divulgación Científica de la Universidad Isabel I me aportó un marco teórico y metodológico para impulsar en Castilla-La Mancha Viaje a las Estrellas, una entidad sin ánimo de lucro que busca acercar la ciencia a más personas. Queremos demostrar que el universo no solo se mira: también se escucha, se toca y, sobre todo, se siente.
Durante el máster desarrollaste un Trabajo de Fin de Máster centrado en el eclipse total de Sol de agosto de 2026. ¿Cómo nació la idea y qué pretendías conseguir?
El eclipse total de Sol del 12 de agosto es una cita astronómica excepcional y mi objetivo era que nadie se quedara atrás. No planteé el Trabajo de Fin de Máster (TFM) como un mero trámite académico, sino como el diseño de una metodología para organizar actividades científicas dirigidas a personas con discapacidad.
Las asignaturas relacionadas con el diseño de proyectos de divulgación y las estrategias de comunicación de la ciencia me ayudaron a elaborar un programa para que las personas invidentes pudieran seguir el eclipse.
El proyecto no se limita a explicar la mecánica celeste tradicional —la alineación de la Tierra, la Luna y el Sol—, sino que pretende traducir un fenómeno fundamentalmente visual a una experiencia multisensorial, segura, rigurosa y emocionante.

Aurelio Fernández ofrece charlas divulgativas sobre el encuentro lunar inclusivo en Castilla-La Mancha.
De un proyecto académico a una asociación
Crear una asociación desde cero implica mucho más que disponer de conocimientos científicos ¿Qué herramientas te ha aportado el máster para ponerla en marcha?
Lanzar una asociación científica inclusiva requiere más que entusiasmo. Exige conocimientos sobre la materia, capacidad para buscar y sintetizar información, habilidades comunicativas, gestión de proyectos y conocimiento de las redes sociales.
Estas competencias, unidas a mi experiencia en astronomía, me han permitido diseñar talleres con una base pedagógica, establecer colaboraciones institucionales y trabajar con colectivos de personas con discapacidad y administraciones locales.
Nuestro objetivo es crear experiencias científicas en las que una persona con visión completa y otra invidente puedan emocionarse con el mismo mensaje y participar en igualdad de condiciones.
Hablas de astronomía inclusiva ¿Cómo se explica el universo a una persona invidente?
El primer paso es abandonar la idea de que la astronomía es una disciplina exclusivamente visual. En la asociación trabajamos con maquetas táctiles a escala, reproducciones de cuerpos celestes, herramientas de sonificación —que convierten datos astronómicos en frecuencias auditivas— y dinámicas multisensoriales.
La astronomía inclusiva no consiste en improvisar una audiodescripción al final de una actividad. Significa diseñar la experiencia de aprendizaje desde el primer momento conforme al principio de accesibilidad universal.
Cuando una actividad se concibe desde el inicio para incorporar la escucha y el tacto, personas con capacidades diferentes pueden compartir una misma experiencia científica y humana.
¿Qué diferencia a VALE de otras iniciativas de divulgación astronómica?
La divulgación astronómica se apoya habitualmente en telescopios ópticos y astrofotografías. Son recursos fundamentales, pero pueden dejar fuera a una parte de la sociedad si no se acompañan de otras herramientas.
En VALE situamos la accesibilidad en el centro del diseño. Nos desplazamos a pueblos y ciudades y procuramos que las actividades puedan disfrutarlas personas mayores, personas con movilidad reducida, menores con autismo o personas invidentes, entre otros públicos.
También buscamos espacios seguros, con suelo firme y que no dependan exclusivamente de la observación a través de un ocular. La formación recibida me ayuda a revisar la precisión de las analogías, las maquetas táctiles y las escalas físicas empleadas para que la experiencia inclusiva conserve el rigor científico.
Convertir los cambios de luz en sonido
El eclipse del 12 de agosto de 2026 será un acontecimiento histórico ¿Cómo esperas que lo vivan quienes participen en vuestra actividad?
Espero que no lo vivan como espectadores pasivos a quienes simplemente se les cuenta un fenómeno, sino como protagonistas de una experiencia colectiva.
Un eclipse total de Sol no supone únicamente una reducción de la luz. También pueden percibirse el descenso de la temperatura, los cambios en el entorno y la reacción de las personas que participan en la observación.
Para hacer accesibles esas transformaciones, disponemos de dos unidades LightSound, unos dispositivos que convierten en sonido los cambios de intensidad de la luz en tiempo real. Durante el eclipse, a medida que la Luna cubra el Sol y disminuya la luminosidad, el tono generado se volverá progresivamente más grave.
Estos dispositivos forman parte de la colaboración con el proyecto Eclipse Inclusivo del Instituto de Ciencias del Espacio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (ICE-CSIC). En nuestro caso, el contacto pudo establecerse gracias a la Universidad Isabel I.
Cuando la Luna cubra por completo el disco solar y aparezca la corona alrededor de su silueta, queremos que una persona invidente pueda percibir la evolución del eclipse al mismo tiempo que el resto del público.
¿Hay algún momento vivido durante una actividad que te haya confirmado que este proyecto tenía sentido?
Recuerdo especialmente un taller en el que utilizamos una maqueta táctil de la Luna. Una de las asistentes, una mujer con ceguera total estuvo un buen rato recorriendo con las yemas de los dedos los mares lunares y las rugosidades de cráteres como Tycho o Copérnico.
Mientras le explicaba por qué la cara visible de la Luna presenta grandes extensiones de mares y menos cráteres que la cara oculta, me interrumpió y dijo: "Llevo toda la vida escuchando hablar de la Luna, pero hoy es la primera vez que sé cómo es".

Aurelio Fernández explica a una persona invidente cómo es el universo.
En ese momento, las horas dedicadas a diseñar los materiales y a poner en marcha la asociación cobraron sentido. Comprendes que existen barreras en el acceso al conocimiento científico que pueden reducirse si se diseñan las herramientas adecuadas.
La pasión por la ciencia necesita método
¿Qué le dirías a una persona que está pensando en cursar el Máster en Divulgación Científica para transformar su interés por la ciencia en un proyecto real?
Le diría que no busque únicamente un título, sino herramientas para construir su propio medio de comunicación con la sociedad. La pasión por la ciencia es el motor, pero, sin método, corre el riesgo de quedarse en un monólogo.
El máster me enseñó a estructurar un discurso, comprender a la audiencia, gestionar un proyecto desde cero y comunicar con rigor sin perder cercanía. En mi caso, me proporcionó una estructura para transformar una idea que llevaba 20 años rondándome en un proyecto como VALE.
La ciencia necesita ser comunicada, pero también necesita profesionales que sepan adaptarla a públicos diferentes.
Si dentro de diez años alguien habla de astronomía inclusiva en España, ¿cómo te gustaría que recordara el trabajo de VALE?
Me gustaría que Viaje a las Estrellas no se recordara como una excepción, sino como una entidad que contribuyó a llevar el conocimiento y la fascinación por la astronomía a personas a las que pocas organizaciones habían intentado llegar.
Las bases de la divulgación inclusiva han sido establecidas por instituciones y profesionales que nos preceden y a quienes ahora tenemos la oportunidad de acompañar.
Ojalá dentro de una década las técnicas multisensoriales estén tan integradas en la comunicación científica que ya no sea necesario hablar de "astronomía inclusiva", porque toda la astronomía sea accesible por definición. Si contribuimos a que el cielo esté un poco más abierto para todas las personas, el viaje habrá merecido la pena.

Así es el sistema solar a escala.
Un mismo eclipse, diferentes formas de percibirlo
El eclipse del 12 de agosto de 2026 comenzará en el mar de Bering y finalizará en el océano Atlántico. En España se producirá cerca del atardecer, alrededor de las 20:30, y no será visible como total desde todo el territorio, por lo que será necesario consultar las circunstancias concretas de observación en cada municipio.
La propuesta de VALE demuestra que observar no siempre significa mirar. Escuchar cómo cambia el tono de un dispositivo, tocar una representación de la superficie lunar o percibir el descenso de la temperatura permite construir otras formas de comprender el fenómeno.
Mientras millones de personas dirijan la vista al cielo, la astronomía inclusiva permitirá que el eclipse también pueda compartirse a través del oído, el tacto y las transformaciones del entorno. El objetivo no es únicamente explicar cómo la Luna oculta el Sol, sino conseguir que las personas invidentes también formen parte de una experiencia astronómica que será histórica.