Javier Diz Casal Coordinador de Psicología
Lun, 29/03/2021 - 12:30

Imagen de un plato vacío y dos manos con cubiertos.

Metáfora sobre la anorexia.

De una manera errónea y demasiado habitual se utiliza la denominación del síntoma: anorexia, para referirse al trastorno de la conducta alimentaria: anorexia nerviosa.

La anorexia, entendida como un síntoma, es un aviso de nuestro organismo que nos indica que es necesario consultar con un profesional en busca de un signo constatable y objetivamente descrito que permita confirmar o desechar la sospecha de que algo en nuestro organismo o bien en nuestra vida no está del todo bien.

En este sentido, la falta de apetito puede tener muy variadas causas y no necesariamente se ha de relacionar con la concurrencia de una patología siendo posible que devenga de un estado temporal en el que la homeostasis psicológica, término propuesto por el fisiólogo Walter B. Cannon en 1932, no es capaz de tender hacia el equilibrio y el bienestar. Puede darse conjuntamente y de hecho es común que se sufra, por ejemplo, un estado febril en el que se produzca una inapetencia alimentaria u otros estados similares. También puede ocurrir, como he indicado, sin la necesidad de cursar otras dolencias o afecciones por diferentes motivos en nuestra vida cotidiana: como el enfrentamiento a procesos de duelo u otros elementos que pueden poseer un componente traumático. La anorexia está documentada históricamente en épocas de la antigüedad reciente y también como elemento asociado a procesos cúlticos y ritualistas. En 1689 Richard Morton describió una enfermedad a la que llamó “consunción nerviosa” y constituye uno de los primeros acercamientos descriptivos a lo que en la actualidad conocemos como anorexia nerviosa en su obra: 'Phthisiologia, seu exercitationes de Phthisi tribus libris comprehensae', que se centra, principalmente, en el estudio de la tuberculosis. No obstante, fue Simone Porta el primero en comenzar con la descripción de su cuadro clínico en el siglo XVI.

Por contrapunto, la anorexia nerviosa no es un síntoma sino una patología cuyo elemento común es la pérdida de peso de una manera autoimpuesta, la persona se autoinduce a perder peso y se da un rechazo a alimentarse acompañado de una distorsión de la imagen corporal, percepción común a otros trastornos de la conducta alimenticia como la bulimia y a trastornos obsesivos como el dismórfico corporal o muscular, este último también conocido como vigorexia que, según Murray y colaboradores, supone 'una condición psicológica recientemente identificada'.

Según datos de la Clínica de la Universidad de Navarra 'hay factores genéticos, ya que los familiares de primer grado (madres y padres, hijas/os, hermanas/os) de un/a paciente con anorexia tienen un riesgo 6-10 veces mayor de desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria. (…) una historia de depresión en un familiar aumenta el riesgo de padecer anorexia.' Además de los genéticos, en esta concurrencia pueden estar implicados factores biológicos como ocurre con ciertas anomalías en la neurotransmisión cerebral o disfunciones en el eje hipotálamo-hipofisario y gonadal. El componente psicológico viene a funcionar como un detonante en personas que se encuentran en una situación de vulnerabilidad integral. Los factores familiares influyen siempre todos estos elementos en interacción unos con otros; por ejemplo, en lo referido a estilos familiares conflictivos y con carencias estructurales, de organización, con poca cohesión (también relacionado esto con los hábitos de alimentación) pueden ser detonantes. El factor sociocultural posee aquí un peso enorme y quizá sea el que mejor pueda explicar la gran incidencia de la anorexia nerviosa en la mayor parte de los casos. En este sentido, la época en la que transcurren nuestras vidas rinde gran culto al cuerpo, aunque no precisamente a la salud y al bienestar, sino más bien a un canon que presiona hacia los cuerpos delgados y/o musculados como modelo estético al que suscribirse y con el que está asociado el reconocimiento y el éxito social. Como elementos más destacables asociados al factor sociocultural se pueden destacar la cada vez más imperante cultura de la delgadez y la delgadez mitificada asociada a la juventud, el influjo tremendamente irresponsable de los medios de comunicación y de las empresas que buscan vender sus productos sin una conciencia de responsabilidad social relativa a la salud de la población, lo que se vuelve mucho más preocupante al constatar que el foco se pone en muchas ocasiones, precisamente sobre población adolescente por su condición de vulnerabilidad, es decir, se transmite que la delgadez posee un valor en sí mismo que se concretará en éxito:  personal, familiar, laboral, social… Si a esto añadimos que el impacto se produce en un mundo cada vez más global, podemos entender que de lo que hablamos es de un peligro todavía mayor, a saber: que este impacto se generalice como ya está ocurriendo en algunos casos. Según datos de la Fundación Fita y de la Asociación Española para el Estudio de estos Trastornos en el año 2019, en España 400.000 personas cursaron algún trastorno relacionado con la conducta alimentaria (TCA). De ese total, 300.000 fueron chicas y chicos en plena edad adolescente (entre 12 y 24 años). Esto hace que, de lo que estamos hablando constituya la tercera causa de enfermedad crónica en población adolescente en nuestro país.

Revista Cuore, portada

Revista Cuore

Si bien es cierto que en esta patología concurren distintos factores de diversa índole se hace un ineludible entender que la solución pasa por la modificación, de manera generalizada, de aquellos elementos socioculturales que poseen un peso importante, limitando el influjo de la publicidad y de los medios de comunicación sobre poblaciones vulnerables en esferas delicadas para su desarrollo, incidiendo en todo lo relacionado con la educación y el ambiente familiar pues el cuerpo no deja de ser un potente mediador cultural. Y entender también que, detrás de todo esto existe una violencia simbólica hacia el cuerpo, especialmente hacia la corporalidad femenina que se traduce en un intento constante de sometimiento. Como indica Rosa Behar Médica Psiquiatra y Profesora Titular del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Valparaíso: 'se otorga una trascendencia desmedida a lo corpóreo, en desmedro de la espiritualidad y/o de la intelectualidad, conduciendo a una verdadera dicotomía cuerpo/alma, que trastoca valores significativos, desvirtuando el auténtico crecimiento individual. Tras esta precaria autoimagen subyace el inmenso poder de las industrias de la dieta, moda, cosmética y belleza, que se han sustentado sobre la enorme inseguridad corporal, la cual aún en el día de hoy padece la mujer, a pesar de todos sus importantes logros históricos reivindicatoríos que ha sido capaz de alcanzar en las dimensiones domésticas y públicas.'

 

 Murray, S. B., Rieger, E., Touyz, S. W., & De la Garza García, Lic, Y. (2010). Muscle dysmorphia and the DSM‐V conundrum: Where does it belong? A review paper. International Journal of Eating Disorders43(6), 483-491.

Duncan, L., Yilmaz, Z., Gaspar, H., Walters, R., Goldstein, J., Anttila, V., ... & Bulik, C. M. (2017). Significant locus and metabolic genetic correlations revealed in genome-wide association study of anorexia nervosa. American journal of psychiatry174(9), 850-858.

Steinhausen, HC, Jakobsen, H., Helenius, D., Munk ‐ Jørgensen, P. y Strober, M. (2015). Un estudio a nivel nacional de la agregación familiar y los factores de riesgo en la anorexia nerviosa durante tres generaciones. Revista internacional de trastornos alimentarios , 48 (1), 1-8.

Esteban M. Antropología del cuerpo. Género, itinerarios corporales, identidad y cambio. Barcelona: Ediciones Bellaterra, 2004.

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