Elena Martín Martínez de Simón Profesora del Grado en Historia, Geografía e Historia del Arte
Mié, 26/01/2022 - 10:20

Iglesia de San Lesmes, Burgos, sede del sepulcro del patrón de la ciudad

Exterior de la iglesia de San Lesmes, patrón de la ciudad de Burgos.

Serie: 'Haciendo Historia' (LXVI)

San Lesmes fue obispo de Burgos en el siglo XI y, por sus actuaciones milagrosas en esta ciudad, fue declarado patrón de la misma. Su fiesta se celebra siempre el domingo más próximo al 30 de enero y, en el presente año esta fecha coincide en domingo. Su iglesia se fue construyendo desde mediados del siglo XIV hasta bien entrado el XVI y, hoy en día, constituye una de las parroquias más queridas e importantes de la ciudad.

San Lesmes, el personaje

San Lesmes fue un monje benedictino, originario de la ciudad francesa de Loudun, cuyo nombre real, en francés, era Adelhem o Adelelmo. Nació en la primera mitad del siglo XI y, como decíamos, su fiesta se celebra el 30 de enero, fecha de su muerte, acaecida en 1097.

De su juventud e infancia sabemos poco y lo dicho está más cerca de la leyenda que de la realidad. Debía pertenecer a una rica familia francesa, incluso noble, y debió estar al servicio del rey francés. A la muerte de sus padres vendió todo lo que tendía para llevar una vida consagrada a la religión, realizar una peregrinación a Roma y, finalmente, ingresar en un monasterio benedictino. Su fama de milagrero se debió extender con rapidez, llegando a oídos de la reina de Castilla, Constanza de Borgoña, esposa de Alfonso VI. Esta le mando llamar para que acudiera a la corte castellana. La intención de la reina -y, en realidad, del propio papa Gregorio VII- era reformar la iglesia castellana que seguía la antigua liturgia mozárabe e imponer la nueva y reformada liturgia romana.

Una vez aquí, San Lesmes reformó y amplió el monasterio de San Juan para que fuera benedictino, con monjes venidos de Chaise-Dieu. Situado a las afueras de la ciudad, su función era atender a los peregrinos y a los pobres de la ciudad. Su actividad como abad del monasterio le hizo interesarse por la ciudad y los peregrinos que por ella pasaban, atendiéndoles en el hospital que también servía para los pobres y enfermos de la ciudad. Se le suele atribuir también labores de saneamiento en la ciudad, encauzando partes de los ríos que, en estos tiempos, pasaban por medio de la ciudad. Esta fama de persona volcada en ayudar e, incluso, de realizar milagros hace que muy pronto sea considerado santo y, por ello, muy querido entre los burgaleses que le hacen su patrón.

sepulcro de San Lesmes

Sepulcro de San Lesmes en su iglesia de Burgos. Fotografía de Elena Martín Martínez de Simón.

La festividad de San Lesmes

Como decíamos en la introducción, habitualmente la fiesta de San Lesmes se traslada al domingo más cercano a su día, el 30 de enero. En el caso del presente año, no hay que realizar tal traslado.

En este domingo se llevan a cabo todos los años una serie de actos festivos. Lo primero que se suele realizar es la misa solemne en su honor en la que, en multitud de ocasiones, han acudido representantes de las autoridades de la ciudad francesa de Loudun, con la que Burgos está hermanada, entre otras. 

Los representantes municipales de Burgos, junto con otras autoridades locales y las francesas, recorren el camino entre el Ayuntamiento burgalés y la iglesia, precedidos por maceros y guardias de gala. Asimismo, son acompañados por danzantes y dulzaineros que ya van anunciando la festividad; también suelen estar presentes los Gigantillos como representantes de los antiguos alcaldes de la ciudad y grupos folclóricos vestidos con trajes tradicionales. La misa es oficiada, normalmente, por el arzobispo de Burgos.

Una vez finalizada, los diferentes grupos folclóricos y las Peñas de la ciudad ofrecen pinchos típicos de la región como morcilla y chorizo. Además, se pueden adquirir los tradicionales panecillos de San Lesmes, bendecidos, que son unos roscos de pan unidos por un cordel pasado por el agujero central.

Desde hace algunos años, además, las confiterías de Burgos realizan también el Rosco de San Lesmes, un hojaldre relleno de nata del que se extrae una sorpresa, el propio báculo de San Lesmes, habitualmente en forma de insignia. También, en los últimos años, se están realizando otras celebraciones entorno a esta fecha, con conciertos y conferencias, además de un pregón abriendo las celebraciones. El acto central suele ser la entrega del Báculo de Oro a una asociación o personaje destacado del año y este año recae sobre el Cabildo de la Catedral en reconocimiento por los 800 años de la construcción del templo metropolitano en 1221.

La iglesia burgalesa de San Lesmes

Es de suponer que hubiera otra iglesia anterior a las ruinas que hoy en día configuran la iglesia del Monasterio de San Juan y que sería donde se depositaron los restos de San Lesmes a su muerte. Lo más probable es que esta antigua iglesia fuera de estilo románico y, por supuesto, mucho más sencilla que la actual, remodelada en el siglo XV. Precisamente, en la actual plaza de San Juan se abre a un lado la actual iglesia de San Lesmes, al otro las ruinas de la iglesia de San Juan y su monasterio y, al otro, la portada del hospital del Papa Sixto, embutida en la moderna fachada de la Biblioteca Pública de Burgos; en su último frente se abre el puente que da acceso a una de las puertas históricas de la ciudad, el arco de San Juan.

El actual emplazamiento de la iglesia de San Lesmes lo ocupaba anteriormente la capilla de san Juan Evangelista, hasta que en el siglo XIV se empezó a construir la nueva iglesia dedicada al santo fundador. Esta iglesia, comenzada en 1382 a instancias del rey castellano Juan I fue transformada, a su vez, durante los últimos años del siglo XV y principios del XVI.

La iglesia de San Lesmes es un gran templo con tres naves de tres tramos cada una, un transepto que apenas sobresale en planta y tres ábsides cuadrangulares, siendo el principal alargado en un tramo más. Sus naves laterales son más bajas que la central, así como el transepto que también se eleva. Ambos ábsides laterales son capillas funerarias, fundadas en el siglo XVI, una de los Camargo, la otra de los Salamanca. La mayor parte de las bóvedas de la iglesia son del siglo XVI, en su mayor parte con combados, habiendo algunas que presentan formas estrelladas o de terceletes complejas, que se pueden relacionar con la escuela burgalesa de los Colonia (al fin y al cabo, la vecina iglesia del monasterio de San Juan fue remodelada por Simón de Colonia a finales del siglo XV y, por tanto, pudiera ser probable que también participara de las obras de San Lesmes).

Las obras de la iglesia se debieron alargar durante todo el siglo XVI, con diferentes reformas y añadidos. En el siglo XVII, Domingo Alvitiz y Ruiz Cagigal realizan la espadaña del exterior con tres cuerpos y cinco vanos.

Interior de la iglesia de San Lesmes

Vista del interior de la iglesia de San Lesmes. Fotografía de Elena Martín Martínez de Simón.

A los pies de la iglesia se levanta el coro, elevado por arcos escarzanos con rosetas en su interior, con una decoración bastante clasicista que lo sitúa en el siglo XVI. Su antepecho crea dos balconcillos, dos matacanes, con ménsulas decoradas con puttis, bustos, grutescos y toldos a su lado; en el centro hay una inscripción en latín que nos dice que en el año 1564 lo mandó construir Diego de Sandoval. En los muros encontramos tondos con distintos bustos que representan a diferentes santos como San Juan Evangelista, San Lesmes, la Virgen con el Niño, San Juan Bautista o Santiago Apóstol. La bóveda del sotacoro es la más compleja de la Iglesia, con todas sus claves decoradas. Este coro se ha puesto en relación con el maestro Juan de Salas o con Juan de la Puente, según otros autores.

A lo largo de toda la iglesia hay varios sepulcros en arcosolios, tanto en las mencionadas capillas funerarias como en los demás muros laterales de la iglesia y en la propia capilla mayor. Pero el sepulcro que más nos interesa, en este caso, es el del propio San Lesmes, situado en el centro de la nave central, bajo el crucero. Se trata de un sepulcro exento con una caja moderna pero un yacente que data del siglo XVI; dependiendo del autor, se atribuye a Luis de Gabeo o algún autor relacionado con los discípulos de Gil de Siloé, como podría ser el Maestro de Covarrubias. El santo se encuentra yacente, como decíamos, con un libro entre las manos en actitud de leerlo, vestido de obispo con un bonete en la cabeza.

Dentro de los bienes muebles de la iglesia cabe destacar el púlpito de piedra, realizado por Juan de Salas, discípulo de Diego de Siloé, en el siglo XVI. De la misma fecha es la pila bautismal que se encuentra, en la actualidad, en el ábside derecho. Dentro de los retablos destaca el de este mismo ábside, con relieves hispano-flamencos con escenas de la pasión de Cristo.

La entrada a la iglesia se realiza por el lateral sur, en el tramo central de la nave de la Epístola. Es una portada que podemos poner en relación con otras de la provincia, todas ellas con el mismo esquema compositivo, además de con los maestros más destacados de la Escuela Burgalesa, como los Colonia. En mayor o menor medida se puede comparar con las grandes portadas de Santa María del Campo, Villahoz, Melgar de Fernamental, Pampliega, Sasamón, la Cartuja de Miraflores, el convento de la Trinidad o la iglesia de la Merced, estas dos últimas de la ciudad de Burgos. Está enmarcada entre dos contrafuertes del segundo tramo de la nave de la epístola, los cuales se decoran con flechas altas, superando la cornisa. Por debajo se crean otras dos flechas menores donde encontramos una imagen a cada lado, configurando la escena de la Anunciación, con las imágenes con bastante movimiento, próximas a las formas renacentistas, sobresaliendo de la portada y apoyadas en ménsulas cuyos vástagos se separan de los muros, en un juego típico de algunas obras de Simón de Colonia. La Virgen María, de pie, tiene un libro en una mano, un jarrón de azucenas a los pies y la otra mano en el pecho, en señal de aceptación; Gabriel, por su parte, tiene un cetro con filacteria. Esta se vuelve a enmarcar entre dos flechas menores que, en su parte baja, acogerían estatuas hoy perdidas, conservando sus doseletes y peanas góticas. El arco de entrada es un carpanel y, por encima, hay varias arquivoltas apuntadas decoradas con cardinas entre las que encontramos diferentes seres reales y fantásticos como conejos, dragones, jabalíes, hombrecillos, aves, etc. El tímpano creado entre los dos arcos aparece sin decorar, aunque es probable que tuviera algún tipo de pintura o relieve, hoy perdido. La última arquivolta se convierte en un arco conopial que se decora con caireles vegetales y termina en penacho. A los lados de este aparecen dos ménsulas con decoración vegetal que no tienen imágenes, seguramente perdidas. Todo ello finaliza en una línea de imposta, justo por debajo de la cortina, decorada con un festoneado a base de caireles, rosetas triloculares y tracería gótica, además de dos líneas, una de cardinas y otra de bolas isabelinas. Las puertas son modernas, realizadas con relieves de algunos milagros de San Lesmes.

Puerta lateral de la iglesia de San Lesmes

Portada de la iglesia de San Lesmes. Fotografía de Elena Martín Martínez de Simón.

En conclusión, nos hallamos ante una de las iglesias más importantes de la ciudad de Burgos y una de las más queridas por sus fieles, con los restos del santo patrón de la ciudad.

Referencias:

García Rámila, Ismael (1976). “Del Burgos de antaño: Breve pero verídica historia de las anteriores restauraciones llevadas a cabo en el templo parroquial de San Lesmes Abad”, en: Boletín de la Institución Fernán González, año 55, nº 187

Gómez Bárcena, María Jesús, (1994), “Escultura gótica de importación en Burgos: el Retablo de Santa Cruz en la iglesia de San Lesmes” en: Boletín de la Institución Fernán González, Año 73, nº 209, págs. 279-296.

Vargas Vivar, Jaime (1969, “La restauración de la iglesia parroquial de San Lesmes” en: Boletín de la Institución Fernán González, Año 72, págs. 181-189.

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España

ISSN: 2659-398X

 

 

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