Noemí López Ejeda Profesora del Grado en Nutrición Humana y Dietética
Vie, 14/05/2021 - 10:10

Imagen de akintundeakinleye. unos niños mostrando a la cámara unas semillas de la alubia roja

Imagen de Akintundeakinyele. Niños mostrando unas semillas a la cámara.

Serie: 'La vitamina inquieta' (II)

En contextos de economías desarrolladas, entendemos la desnutrición como un síntoma asociado a otras patologías como los procesos oncológicos, los problemas digestivos o distintos trastornos del comportamiento alimentario. Pero existen otras realidades, más allá de nuestras fronteras, donde la desnutrición es el resultado de una pobreza estructural mantenida históricamente por los conflictos armados, los sistemas de producción alimentaria intensiva, sus consecuencias en la deforestación y el cambio climático y, en general, por un mercado globalizado que fomenta el consumo insostenible en la otra parte de la población1.

Se estima que una de cada nueve personas en el mundo está subalimentada, lo que supone 815 millones en total, aunque la mayoría se localizan en países de economías empobrecidas y, especialmente, en el Sudeste Asiático y los países del África Subsahariana. En estos contextos, la desnutrición resulta de la combinación de la falta de alimentos variados y de calidad, con un elevado riesgo de padecer enfermedades infecciosas debido a las malas infraestructuras de agua y saneamiento y a la falta de acceso a los servicios de salud, tanto preventivos como curativos.

La desnutrición está considerada como uno de los principales problemas de salud pública porque se asocia con el 45% de las muertes infantiles en todo el mundo2 . Cada año, a nivel global, mueren 2.8 millones de niños por esta causa, lo que supone la escalofriante cifra de 320 muertes cada hora3. Por ello, la prevalencia de desnutrición en los menores de 5 años es uno de los indicadores básicos que se empelan para valorar la necesidad de asistencia humanitaria a nivel internacional. De acuerdo con las últimas cifras reportadas por la Organización Mundial de la Salud, Naciones Unidas y el Banco Mundial, en 2020 había 149 millones de niños y niñas con desnutrición crónica, lo que supone el 22% de la población mundial infantil y 45 millones padecían desnutrición aguda (6.7%)4.

Fotografía de Fabrice Carbone. Una tribu en África frente a varios alimentos verdes en el suelo

Tribu en África. Fotografía de Fabrice Carbone.

La magnitud global de este problema hace que, de los diecisiete Objetos de Desarrollo Sostenible (ODS) propuestos por Naciones Unidas para ser alcanzados en 2030, haya uno dedicado específicamente a “Poner Fin al Hambre” en el mundo (ODS2)5 y, en esto, los profesionales de la nutrición jugamos un papel esencial.

Las intervenciones en nutrición en el ámbito humanitario

Las intervenciones humanitarias se suelen dividir en dos grandes ámbitos de actuación que se denominan como acciones específicas de nutrición (nutrition-specific) y acciones sensibles a la nutrición (nutrition-sensitive)6. Ambas tienen el objetivo de acabar con la desnutrición y sus consecuencias a través de asegurar un óptimo desarrollo fetal y crecimiento infantil. Se conoce como la ventana de oportunidad de los 1000 días al periodo que va desde la concepción hasta el segundo año de vida7 y se estima que, por cada dólar que los países invierten en nutrición en este periodo vital, se obtiene un retorno de 138 dólares en productividad, lo que supondría un aumento del 3% en su Producto Interior Bruto8. Asegurar un correcto desarrollo físico y neuro-cognitivo implica que los niños tengan una mejor inmunidad frente a enfermedades y que se potencie su capacidad de aprendizaje, rendimiento escolar y oportunidades laborales a futuro.

Dentro del grupo de las actividades específicas en nutrición, se encontrarían las campañas de monitoreo antropométrico de los menores de 5 años, los programas de tratamiento de la desnutrición aguda moderada y severa, programas de fomento de la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses y prácticas correctas de alimentación complementaria hasta los dos años, reparto de alimentos, suplementación de micronutrientes para las mujeres en edad gestante, programas de diversificación alimentaria, mejora dietética con alimentos locales, entre otras.

Entre las actividades sensibles a la nutrición, se encontrarían los programas formativos en agricultura, promoción de hábitos de higiene para prevenir enfermedades, mejora del acceso a la salud, apoyo psicosocial a madres y familias, estimulación senso-motora infantil, educación en salud, programas de equidad de género y empoderamiento femenino, planificación familiar y cualquier otra actividad que redunde en una mejor prevención de la desnutrición.

Por supuesto, todas estas actividades deben adaptarse a cada contexto, teniendo en cuenta las creencias y culturas de cada población y tratando de evitar la suplantación del personal local salvo en contextos de emergencia. La planificación de cualquier intervención humanitaria debería estar basada en el fortalecimiento de las capacidades locales y de los sistemas de salud de cada lugar. Es la única vía para conseguir resultados sostenibles en el tiempo.

Es obvio el importante papel que puede desempeñar el colectivo de dietistas-nutricionistas en la acción humanitaria. No obstante, cabe mencionar que el sector humanitario también necesita de los profesionales de la Ciencia y Tecnología de los Alimentos en la búsqueda de nuevas fórmulas para los alimentos terapéuticos, suplementos, alimentos fortificados o probióticos que ayuden a la prevención y recuperación de la desnutrición.

Ayuda humanitaria. Fotografía de Lys Arango.

Ayuda humanitaria. Fotografía de Lys Arango.

Aún queda mucho por hacer y, en ese camino, es imprescindible que las formaciones biosanitarias de los países con economías desarrolladas den una mayor visibilidad a estas otras realidades. Visibilizar que la malnutrición tiene dos caras y que, en el extremo opuesto al sobrepeso y la obesidad, están el hambre y las deficiencias de micronutrientes. También conviene desterrar esa concepción del imaginario colectivo que vincula al sector humanitario con el voluntariado y mostrarlo como una posibilidad más de futuro laboral para los dietistas-nutricionistas y demás profesionales vinculados a la nutrición. Una posibilidad que, además, es tremendamente motivadora, enriquecedora y reconfortante aunque, como todas, no está exenta de complejidades y sacrificios.

 

Notas bibliográficas

2. World Health Organization. Malnutrition Fact Sheet. April 2020.

3. UNICEF. Día mundial de la Alimentación – Nota de Prensa.

5. Naciones Unidas. Objetivos de Desarrollo Sostenible. Objetivo 2: Poner fin al hambre.

 

 

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