Clara Miracle Belda Galbis Coordinadora de la Especialidad en Biología y Geología del Máster de Formación del Profesorado
Jue, 24/11/2022 - 09:53

Dos científicos en un laboratorio

Dos científicos en un laboratorio

Serie: 'El Reto del Profesor en Formación' (XLII)

De acuerdo con Badia Serra (2019), el lenguaje permite que la ciencia se exprese y el conocimiento se comparta. Así, teniendo en cuenta que la investigación científica no termina hasta la publicación y difusión de los resultados y las conclusiones recopilados, el lenguaje se convierte en una herramienta de vital importancia para cualquier científico, por muy lejos de las letras que algunos se consideren.

Cualquier hallazgo, por increíblemente sensacional y revelador que sea, no lo será realmente si no se comunica y hay un intercambio, al menos, con la comunidad científica. Por consiguiente y en palabras de Day (2005): «el científico no solo tiene que “hacer” ciencia sino también “escribirla”» (p. ix), a lo que, personalmente, añadiría hablarla y, por supuesto, escribirla y hablarla bien, en todos los sentidos e, incluso, fuera del ámbito científico más estricto; también —y quizá más importante—, para la divulgación, que permite que la ciencia, siendo de todos y para todos, llegue a toda la sociedad, en su conjunto.

Siempre es importante el fondo, pero no podemos nunca olvidar la forma. Adecuarse al contexto y emplear un vocabulario variado y preciso, pero apropiado; ajustarse a las estructuras, y, vigilar la ortografía, entre otros, son aspectos clave para que cualquier mensaje o información llegue y llegue bien. Y no solo para la transmisión del saber, también para la adquisición, puesto que, como dice Quilez Pardo (2016): «los científicos necesitan basarse o partir de trabajos previos para fundamentar y orientar su actividad» (p. 106). De hecho, el quehacer en el laboratorio o en el campo comienza en un despacho, buscando bibliografía sobre la cuestión a investigar o para concretar el marco que justifica la investigación que pretende a llevarse a cabo.

Pese a lo anterior, tradicionalmente no estaba prevista formación al respecto y hoy, si lo está, no lo es en los planes de estudios a nivel de grado, quizá si acaso en la formación posgrado, pero, hasta hace nada (al menos), casi de forma anecdótica. En las carreras de ciencias, desde luego, no suelen contemplarse materias específicas de redacción o comunicación científica, ni se trabajan las competencias correspondientes. Normalmente aprendemos sobre la marcha, según nuestras propias habilidades, por imitación e intuición, sin un criterio formado, cometiendo y perpetuando errores, incluso, de otros colegas (Day, 2005).

De acuerdo con Sanmartí (2008), para desarrollar la competencia comunicativa en ciencias no bastan las competencias adquiridas en clase de lengua —pese a su indiscutible importancia—, puesto que necesitamos aprender un lenguaje específico (en sentido amplio y, por tanto, más a allá del vocabulario propio del ámbito, que también). En consecuencia, «todo profesor de ciencias es un profesor de lengua y toda clase de ciencias es una clase de lengua» (Quilez Pardo, 2016, p. 107). Sin embargo, los profes de ciencias no suelen reparar en ello; asumen que no les corresponde y quizá, incluso, que no están capacitados para fomentar el desarrollo de capacidades lingüísticas (Quilez Pardo, 2016). Además, consideran que el tiempo en el aula y en casa no da para todo, relegando la cuestión a un segundo plano, como mucho, corrigiendo las faltas de ortografía que detectan en los trabajos y exámenes, sin consecuencias más allá del aviso (y no me refiero a bajar ninguna nota, sino a trabajar de forma específica para el estudiante aprenda del error y no lo cometa en el futuro). Aun así, el aprendizaje integrado de contenidos y lengua es perfectamente posible. De hecho, es precisamente el fundamento de la estrategia de aprendizaje integrado de contenidos y lenguas extranjeras (o AICLE), para potenciar la adquisición de otras lenguas y, por tanto, el plurilingüismo, en entornos reales —de una manera digamos natural, no forzada—, aunque aquí se plantea, en principio, el dominio de la lengua propia para expresarse de forma correcta y entendible sin fisuras. Y es que, además, podemos aprender ciencias a través del lenguaje.

¿Y tú? ¿Qué piensas de todo esto?

Referencias

Badia Serra, E. (12 de julio de 2019). La ciencia y su relación con el lenguaje. Suplemento Tres Mil | 3000.

Day, R. A. (2005). Cómo escribir y publicar trabajos científicos (3.ª ed.). The Oryx Press.

Quilez Pardo, J. (2016). ¿Es el profesor de Química también profesor de Lengua? Educación Química, 27(2), 105-114.

Sanmartí, N. (2008). Escribir para aprender ciencias. Aula de Innovación Educativa, 175, 29-32.

 

 

Editor: Universidad Isabel I

ISSN 2792-1859

Burgos, España

 

Añadir nuevo comentario

La Universidad Isabel I tratará la información que nos facilite con el fin de publicar su comentario como respuesta a esta entrada de su blog, así como para mantenerlo informado de nuestra actividad. Más información sobre este tratamiento y sus derechos en nuestra política de privacidad.