Alejandro García Morilla Profesor de la Universidad Isabel I
Mar, 14/01/2020 - 17:02

Hace pocas fechas reivindicaba mi colega, la Dra. Natalia Rodríguez Suárez, la figura del emérito prof. Navascués [1]. En su brillante disertación ponía en valor las aportaciones del catedrático complutense al método epigráfico, conducentes a convertir, al fin, a la Epigrafía en la ciencia integral de las inscripciones [2]. Su lectura me sugirió a mí la idea de trasmitir a nuestro lector algunas pinceladas sobre esta ciencia y su objeto de estudio; esto es, las inscripciones. Como no puede ser de otra forma, por gusto y sapiencia, he de centrarme en el periodo medieval al que llevo dedicando mis investigaciones desde hace ya algunos años.

Figura 1. Ordinatio de San Miguel de Escalda. Preparación del campo epigráfico. Autor: V. García Lobo.

El primer paso, como sucede en toda ciencia, es delimitar el objeto de estudio. ¿Qué son las inscripciones? A priori, si cada uno de nosotros tuviera que definirlas tardaríamos largo tiempo en ponernos de acuerdo. Lo primero que debe recordar el lector es que la inscripción, como todo objeto escrito, es un medio de comunicación. Su emisor –el autor de la inscripción- tiene la necesidad de fijar el lenguaje y decide plasmarlo de una determinada manera. Pero, ¿qué diferencia la inscripción, de libro, del documento, de la moneda o de cualquier otro objeto escrito? La respuesta es clara: su funcionalidad. Emitimos distintos tipos de objetos escritos en relación al efecto que esperamos conseguir con cada uno de ellos. De ahí, que en cada caso cuenten con una serie de particularidades que le confieren su especial y particular valor comunicativo [3].

Desde que a mediados del siglo XX Don Manuel Gómez Moreno –maestro del prof. Navascués- definiera la inscripción como “composición literaria para conmemorar un hecho en condiciones monumentales. Publicidad, solemnidad y perduración la caracterizan, y estos son los requisitos exigibles para entrar en el noble acervo de la Epigrafía”, los epigrafista han abordado  el estudio de las mismas como medio de comunicación publicitaria estableciendo analogías con los documentos –comunicación  jurídica-, con el libro –comunicación intelectual- o con la moneda –comunicación económica- [4].

Ya y, ¿qué es eso de la comunicación publicitaria? ¿Qué se entiende por publicidad en la Edad Media? ¿Tiene el sentido comercial que hoy le atribuimos? Respondamos a estas preguntas a través de un ejemplo:

Figura 2. Epitafio sepulcral del infante don Sancho. Las Huelgas. Autor: A. García Morilla.

Quisquis ades, qui morte cades, sta, per lege, plora: sum quod eris; quod es ipse fui. Pro me precor ora. Era millesima ducentesima trigesima secunda. Petrus me fecit.

Quienquiera que vengas, tú que te acercas a la muerte, detente, lee, llora. Soy lo que serás, lo que eres yo también lo fui. Ora por mi te lo ruego. Año de 1194. Pedro me hizo [5].

Se trata del epitafio sepulcral del infante don Sancho, inciso sobre la cubierta del sepulcro, conservado en la nave de Santa Catalina en Santa María la Real de las Huelgas de Burgos [6]. Es un fantástico ejemplo que habitualmente utilizamos para mostrar el funcionamiento de esta publicidad en la Edad Media. El autor, probablemente alguien muy próximo al difunto- preocupado por el tránsito hacia la vida eterna, trataba de asegurar el beneficio de las oraciones  de los feligreses que acudieran a Las Huelgas, a través de un mensaje directo, que captase la atención y que invitase a la reflexión ante la inminencia de la muerte. Todo objeto escrito, como medio de comunicación que es, pretende poner en conexión directa no verbal al autor del mensaje y al destinatario – receptor o receptores del mensaje en quien piensa el autor ante la decisión de producir la inscripción -.

Hemos de advertir que no es frecuente que el texto de las inscripciones se dirija de forma directa al receptor. Sin embargo, en Las Huelgas se llama su atención para lograr de él una determinada actuación. He aquí la finalidad atemporal de cualquier tipo de publicidad. Lograr del espectador una determinada actuación; una acción física o moral. Una interacción en diferido.

Figura 3. El rogatario de la inscripción. Micaelis me fecit. Revilla de Santullán (Palencia) Autor: Valdavia. Fuente: Wikipedia.

Lo habitual en la comunicación publicitaria es que intervenga un tercer agente –además del autor y el destinatario-. Es el productor material de la inscripción. El encargado de dar forma física con sentido publicitario al mensaje del autor. Por analogía con el método diplomático –Ciencia de los documentos- le hemos dado en llamar rogatario. Lo cierto es que las tareas conducentes a la realización de toda inscripción son varias y específicas. En muchas ocasiones era necesario contar con distintos profesionales encargados, cada uno de ellos, de preparar y pulir la superficie epigráfica, organizar el espacio que iba a recibir escritura, esgrafiar o grabar el contorno de las letras, vaciar dicho contorno, pintar el surco de las mismas, etc.

Figura 4.  Inscripción esgrafiada; inconclusa. San Millán de Lara (Burgos). Autor: A. García Morilla.

El sentido publicitario de las inscripciones se logra a través de una serie de decisiones o recursos entre los que destaca: la elección de la lengua, el tamaño de las letras, la técnica empleada para la fijación de las mismas, el emplazamiento en el que se sitúa o la elección del soporte. Como es lógico, todas estas arbitrariedades se toman en conjunto. No es lo mismo la elección del soporte para una inscripción en el exterior de una iglesia que aquella sita en un relicario. Lo mismo sucede con la técnica utilizada para el trabajo orfebrería, muy distinta de aquella que empleamos en las inscripciones pétreas.

La mayor o menor eficacia publicitaria de la inscripción dependerá de la adecuada combinación de todas estas decisiones. También hoy, el autor o diseñador de la publicidad, debe ser conocedor de los gustos del destinatario o consumidor de la misma. Ha de utilizar un lenguaje conocido por ambos, unos caracteres llamativos e interpretables y utilizar unos canales de difusión adecuados. Huelga decir que en la actualidad las posibilidades de difusión y las herramientas publicitarias se adecúan casi de forma personalizada –individualizada- a través de los medios digitales y analógicos. A pesar de ello, las similitudes son muchas. Como en la Edad Media, la publicidad busca llegar a un público lo más amplio posible dentro del grupo social al que van destinadas [7]. Se utiliza una escritura llamativa, diferenciada de la ordinaria, con distintos colores, tamaños, ornamentada, etc. Se siguen empleando emplazamientos estratégicos de fácil acceso, a una determinada altura dentro del campo visual. La creatividad sigue siendo esencial y el factor diferenciador del éxito publicitario.

Así pues, querido lector, cada vez que veas unas inscripción medieval, detente, léela, piensa. Trátalas adecuadamente y descubrirás la esencia de la Historia; te pondrás en conexión con las sociedades del pasado.

 

[1] N. RODRÍGUEZ SUÁREZ, “Publicitando de don Joaquín María de Navascués y de Juan”, Haciendo Historia. Blog del Grado en Historia y Geografía. Universidad Isabel I (12 de diciembre de 2019).

[2] . J. M. NAVASCUÉS, El concepto de la Epigrafía. Consideraciones sobre la necesidad de su ampliación, Discursos leídos ante la Real Academia de la Historia por los señores D. Joaquín Mª. de Navascués y de Juan y D. Manuel Gómez-Moreno y Martínez en la recepción pública del primero, el día 18 de enero de 1953, Real Academia de la Historia, Madrid, 1953.

[3] Sobre los medios de comunicación social en la Edad Media vid. con carácter general V. GARCÍA LOBO, Los medios de comunicación social en la Edad Media. La comunicación publicitaria. Lección inaugural curso académico 1991-92, Universidad de León, León 1991.

[4] Sobre la analogía en las Ciencias de la Escritura Cf. V. GARCÍA LOBO, “La analogía en las ciencias de la escritura”, Alma Littera. Estudios dedicados al Profesor José Manuel Ruíz Asencio, Universidad de Valladolid, Valladolid 2014, pp. 253-282.

[5] A. GARCÍA MORILLA, Corpus Inscriptionum Hispaniae Mediaevalium. Burgos, I, Universidad de León/Instituto de Estudios Medievales, León 2015, pp. 139-140

[6] Se trata  del primer hijo varón de Alfonso VIII fallecido a los tres meses de haber nacido. Sobre la disputa y adjudicación de este sepulcro Cf. A. MIGUÉLEZ CAVERO, “Texto, imagen y música: el dolor ante la muerte del infante don Sancho en el Panteón Real de Las Huelgas”, Las inscripciones góticas. II Coloquio Internacional de Epigrafía Medieval. León del 11 al 15 de septiembre de 2006, Corpus Inscriptionum Hispaniae Mediaevalium, León 2010, pp. 455-468.

[7] R. Favreau en A. PETRUCCI, “Paleografia y Diplomatica. Inchiesta sui rapporti fra due discipline”, Scrittura e Civilita, 5(1981), p. 272. Y J. SANTIAGO FERNÁNDEZ, “Comunicación publicitaria en el monasterio cisterciense de Nuestra Señora de Monsalud en Córcoles (Guadalajara)”, Hispania Sacra, 129(2012), pp. 67-96, concretamente, pp. 68-69.

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