Víctor Rodríguez González Docente del Grado en Criminología
Vie, 16/01/2026 - 08:21

Stop agresiones a sanitarios

Stop agresiones a sanitarios.

Comprender la agresividad humana en contextos cotidianos

La criminología lleva décadas tratando de comprender por qué, en determinados contextos, las personas muestran niveles de agresividad superiores a los que presentan en su vida cotidiana. Situaciones tan comunes como la conducción o la vivencia de un partido de fútbol decisivo revelan que, bajo condiciones de estrés, frustración o percepción de injusticia, los individuos pueden reaccionar de forma desproporcionada. En estos escenarios, la frustración por hechos que escapan al control personal eleva la activación emocional, y cuando la agresividad supera la capacidad de autocontrol, aparecen conductas violentas: discusiones al volante, peleas en estadios o comportamientos impulsivos.

El entorno sanitario: un espacio donde la violencia no debería existir

Sin embargo, hay espacios donde, por su propia naturaleza, la violencia no debería tener cabida. El entorno sanitario es uno de ellos. Se trata de un espacio orientado al cuidado, donde las personas acuden buscando alivio, diagnóstico, apoyo profesional y, en muchos casos, consuelo. Aun así, la violencia contra profesionales sanitarios se ha convertido en un fenómeno cada vez más visible y preocupante. El Observatorio de Agresiones de la Organización Médica Colegial registró en 2023 1.107 agresiones a médicos, el máximo histórico desde que existen registros y un incremento del 38 % respecto a 2021. La OMS también considera que entre el 8 % y el 38 % de los profesionales sanitarios del mundo sufren violencia física en algún momento de su carrera.

Un problema extendido en todo el sistema sanitario español

En comunidades como Castilla y León, la media de agresiones registradas sigue rondando el ritmo de casi una por día, y esta tendencia se observa igualmente en el resto de España. No se trata de hechos aislados: las agresiones ocurren en hospitales, centros de salud, servicios de especialidades, unidades de salud mental y también en servicios de transporte sanitario. El problema no distingue turnos ni áreas; afecta tanto a personal médico como de enfermería, celadores, técnicos de emergencias y profesionales administrativos. Castilla y León notificó 353 agresiones a sanitarios en 2023, cifra similar a años anteriores pero todavía preocupante (Consejería de Sanidad).

Causas multifactoriales: cuando la tensión rompe el equilibrio emocional

Las causas son complejas y multifactoriales. En muchos casos, no es el propio paciente quien agrede, sino familiares o acompañantes desbordados por la ansiedad, preocupados por el estado de salud de su ser querido o convencidos de que no está recibiendo la atención que merece. La percepción de lentitud, la falta de información, el miedo y la impotencia son factores criminógenos que pueden erosionar la contención emocional. El 42 % de las agresiones registradas en 2023 fueron realizadas por acompañantes, no por los propios pacientes (OMC).

El papel del sistema sanitario: saturación, triaje y percepción de injusticia

El funcionamiento del sistema sanitario también contribuye. En urgencias, la atención no se ofrece por orden de llegada, sino según la gravedad del caso, siguiendo protocolos de triaje. Esto implica que un dolor de rodilla, por intenso que sea, puede tener que esperar mientras se prioriza la atención a pacientes con riesgo vital. La falta de comprensión de estos procedimientos puede generar frustración, especialmente en contextos de saturación asistencial. La evidencia señala que los tiempos de espera en urgencias en España han aumentado un 18 % entre 2019 y 2023, lo que incrementa la sensación de abandono (Ministerio de Sanidad).

Factores individuales: psicopatología, sustancias y juicio alterado

Existen además factores individuales: consumo de sustancias como alcohol o drogas estimulantes, episodios psicóticos, alteraciones del juicio o trastornos de comportamiento que pueden desencadenar reacciones violentas. En estos casos, el personal sanitario debe responder no solo desde el conocimiento clínico, sino también desde la gestión del riesgo. Según la Sociedad Española de Psiquiatría Clínica, hasta el 25 % de las agresiones graves en servicios de urgencias tienen relación con episodios agudos de salud mental o consumo de sustancias.

La experiencia del personal sanitario: violencia verbal y física

Muchos profesionales sanitarios relatan episodios de agresiones verbales y físicas sufridas mientras realizaban su labor asistencial. En algunos casos, estas agresiones surgen incluso cuando el profesional está ayudando activamente al paciente. La experiencia acumulada ha llevado a desarrollar estrategias informales de autoprotección y comunicación de desescalada, aunque la responsabilidad de garantizar su seguridad no debería recaer exclusivamente en ellos. El Consejo General de Enfermería indica que el 36 % de las enfermeras sufrió algún tipo de agresión en el último año, siendo la violencia verbal la más frecuente.

Respuesta institucional: avances importantes, pero insuficientes

En los últimos años, se han impulsado medidas institucionales como la figura del interlocutor policial sanitario del Ministerio del Interior, los planes autonómicos de prevención de agresiones y protocolos obligatorios de comunicación y registro. Programas como el Plan Perseo buscan integrar formación en desescalada, diseño de espacios más seguros, botones de alarma, cámaras, sistemas de acompañamiento y procedimientos claros para la denuncia. Pero la realidad es que, en muchos centros, los protocolos siguen siendo insuficientes o desiguales, y la implementación depende a menudo de la motivación interna del personal, más que de una cultura organizacional de seguridad plenamente desarrollada.

La mirada criminológica: convergencia de factores

Desde la criminología contemporánea, la violencia en el entorno sanitario se comprende mejor cuando se analiza la convergencia entre factores individuales (emocionales, situacionales, psicopatológicos), factores ambientales (masificación, falta de información, espacios inseguros) y factores estructurales (escasez de recursos, tiempos de espera, déficit de personal). Esta perspectiva permite entender la violencia no como un fallo individual del paciente o acompañante, sino como el resultado de tensiones acumuladas en un ecosistema complejo.