Elena Barredo Hernández Directora del Máster en Tecnología Educativa y Competencia Digital Docente.
Mié, 11/03/2026 - 11:42

Niños jugando en la construcción de un robot

Niños jugando en la construcción de un robot con piezas LEGO.

Serie: 'El chip del aprendizaje' (LIII)

En un contexto educativo donde la tecnología ocupa cada vez más espacio en la vida cotidiana, resulta paradójico que una de las estrategias más potentes para desarrollar el pensamiento científico y tecnológico en la infancia temprana no necesite pantallas. Desde la perspectiva de un Máster en Tecnología Educativa, es fundamental recordar que el enfoque STEAM en edades de 3 a 7 años no comienza con pantallas, sino con experiencias manipulativas, creativas y significativas que conectan ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas a través del juego.

Durante las vacaciones, cuando aumenta el tiempo libre y disminuye la actividad escolar, muchas familias recurren a las pantallas como recurso principal de entretenimiento. Sin embargo, existen alternativas altamente estimulantes que potencian el pensamiento STEM sin necesidad de dispositivos electrónicos. Los juegos de construcción como LEGO o los sistemas de piezas magnéticas como Magna-Tiles ofrecen oportunidades extraordinarias para desarrollar habilidades cognitivas clave. Al manipular piezas, encajarlas, equilibrarlas y combinarlas, los niños exploran principios básicos de ingeniería, geometría, simetría y estabilidad estructural de forma intuitiva.

En estas edades, el aprendizaje es eminentemente sensorial y experimental. Cuando un niño construye una torre y esta se cae, está formulando hipótesis y comprobándolas mediante ensayo y error. Cuando decide cambiar la base para hacerla más ancha, está aplicando razonamiento lógico y pensamiento matemático. Este tipo de juego favorece la resolución de problemas, la planificación, la coordinación visomotora y la creatividad, competencias fundamentales dentro del marco STEAM.

Además, los juegos de construcción abierta fomentan el pensamiento divergente. A diferencia de los juguetes con un único resultado posible, las piezas sueltas permiten múltiples soluciones. Una misma caja puede convertirse en un puente, una nave espacial o una ciudad entera. Este componente creativo conecta directamente con la dimensión artística del enfoque STEAM, integrando estética, diseño y expresión personal en el proceso de aprendizaje.

Dos niños jugando con piezas para crear una estructura

Dos niños jugando con piezas para crear una estructura. Fuente: Pexels.

También es importante destacar el valor del juego compartido. Construir en familia o con otros niños potencia habilidades sociales como la comunicación, la negociación y el trabajo en equipo. Se generan conversaciones sobre tamaños, formas, cantidades y estrategias que enriquecen el lenguaje y el razonamiento matemático. Sin necesidad de aplicaciones educativas, el entorno se convierte en un laboratorio de aprendizaje activo.

Reducir el uso de pantallas en vacaciones no implica renunciar a la tecnología educativa, sino comprenderla en un sentido más amplio. La tecnología no es solo lo digital; también lo es cualquier herramienta que amplía nuestras capacidades para crear y comprender el mundo. Un simple conjunto de piezas de construcción puede ser una poderosa herramienta tecnológica al servicio del pensamiento científico.

En definitiva, apostar por juegos manipulativos como piezas tipo LEGO o construcciones magnéticas es invertir en un aprendizaje profundo, autónomo y significativo. Las vacaciones pueden convertirse así en un espacio privilegiado para estimular la curiosidad, la imaginación y las bases del pensamiento STEM, sin depender de las pantallas como única forma de entretenimiento.

Editor: Universidad Isabel I

ISSN 2792-2340

Burgos, España