«No hay suficiente Europa en esta Unión. No hay suficiente unión en esta Unión».

JEAN-CLAUDE JUNCKER, presidente de la Comisión Europea.

 

Europa se ha dado de bruces en los últimos meses con una realidad que parecía superada tras la Segunda Guerra Mundial: soldados que azuzan con perros a hombres, mujeres y niños; trenes con destino a ninguna parte en los que se hacinan miles de personas desesperadas; seres humanos marcados con tinta en sus brazos para «protegerlos»; miradas de terror tras las vallas de campos de internamiento; muros de contención para la desesperación y el horror…

Y, en medio de todas estas imágenes de pesadilla que atrasan el reloj de la Historia hasta 1940, las fotografías de los cadáveres que flotan en el Mediterráneo, aparecen en la cabina frigorífica de un camión o afloran varados en una playa de lujo, en vez de causar un estremecimiento en las conciencias del primer mundo, avivan un debate maniqueo sobre la pertinencia de ensuciar los periódicos y televisiones de Occidente con la cara amarga de la condición humana.

Con la intención de presentar una serie de consideraciones para la reflexión y el debate, quiero abordar algunas cuestiones que considero dignas de análisis:

  • La situación actual no es una «crisis migratoria» motivada por el éxodo desde la miseria hacia El Dorado europeo, sino una «crisis de refugiados» cuyo origen está en las interminables guerras que asolan Oriente Medio o el cuerno de África y que obligan al desalojo de ciudades enteras para evitar la esclavitud, la tortura o la muerte.
  • De esta forma, el demandante de asilo no es un inmigrante ilegal al que se puede deportar a su país de origen, sino alguien protegido por la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), por la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (en vigor desde 2009), además de muchos otros tratados internacionales.
  • La Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 establece de forma expresa el principio de no devolución, prohibiendo situar a los refugiados en fronteras de países en los que su vida o libertad corra peligro por motivos étnicos, religiosos, políticos, etc.
  • En el momento actual, tras el fracaso patente de la política internacional para eliminar o reducir las causas que provocan la huida en masa de los refugiados, es necesario que la comunidad internacional resuelva de una manera adecuada sus efectos. El refugiado está protegido por el Derecho Internacional en todo el mundo y todos los países civilizados amparan el derecho de asilo.
  • Por lo que respecta a Europa y más en concreto a la UE, urge una revisión de la política de fronteras y la adopción de medidas comunes de respuesta ante una situación como la actual, el mayor desplazamiento de personas sucedido tras la Segunda Guerra Mundial y que la propia Europa padeció y hubo de afrontar.

Es importante valorar el papel que desempeña la configuración jurídica del espacio Schengen en las posibles vías de resolución del «problema» de los refugiados. En virtud de los acuerdos de Schengen, 26 países europeos (22 pertenecientes a la UE más Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza) han suprimido sus fronteras interiores y son conjuntamente responsables del mantenimiento de la seguridad en las fronteras exteriores del espacio Schengen.

El sistema descansa en la seguridad jurídica y la confianza mutua, que hace que los países adheridos eliminen o reduzcan al mínimo los controles fronterizos entre ellos y para los ciudadanos de la Unión y «deleguen» la protección de sus intereses en las naciones que tienen fronteras exteriores a la hora de controlar y regular la entrada de ciudadanos de países terceros.

La situación actual ha puesto de manifiesto las profundas diferencias que mantienen los distintos Estados en función de su implicación más o menos directa en la recepción de refugiados y que en muchos países se han alzado voces que exigen una revisión de los acuerdos Schengen e, incluso, su supresión y la reinstauración de las fronteras interiores.

Desembarco de refugiadas afganas en Lesbos (Grecia)

Una madre afgana ayuda a su hija a desembarcar en las costas de Lesbos (Grecia). Foto: ACNUR / A. Mc Connell

Según las cifras que ha presentado Juncker en su intervención del 9 de septiembre ante el Parlamento Europeo, Grecia (más de 200.000 refugiados), Hungría (con unos 150.000) e Italia (aproximadamente 120.000) han recibido este año un número «impresionante» de demandas de asilo, situación que es preciso afrontar y resolver de inmediato. Y se da el absurdo de que Hungría reprima y dificulte la entrada a refugiados cuyo destino final es Alemania, país que está dispuesto a recibirlos.

Y en este río revuelto, coexiste el sistema alemán de acogida de refugiados, las redes ciudadanas de austriacos que organizan viajes en sus coches particulares para transportar a familias enteras desde Hungría a Viena (con el riesgo de ser detenidos y condenados hasta a cinco años de prisión), con la política de extrema dureza del primer ministro húngaro Viktor Orbán, convertido por elección propia en el cancerbero de la UE, que construye muros coronados de alambre de espino y protege a los paramilitares que «patrullan» sus fronteras para garantizar la «seguridad». Al fin y al cabo, para Orbán, se trata de un «problema alemán».

¿Qué se puede hacer? No está en la intención que motiva estas líneas presentar una varita mágica que dé un plumazo, revierta la situación y convierta el mundo en una Arcadia feliz. ¡Ojalá fuera tan sencillo! Aun así, no puedo evitar cometer la osadía de dejar en el aire algunos apuntes sobre los que te invito, amable lector, a  reflexionar y a aportar tu propio punto de vista:

  • Es urgente que la UE desarrolle una política exterior común y aplique las leyes en vigor en vez de mirar hacia otro lado ante los sucesos acaecidos en Hungría o Chequia y que violan la letra y el espíritu de los derechos humanos más elementales.
  • Los procedimientos de gestión y las políticas de asilo en la UE deben ser comunes y únicas, salvaguardando el espacio Schengen desde la seguridad jurídica.
  • Las mafias que se enriquecen con el sufrimiento de estas personas deben ser perseguidas internacionalmente y sus delitos, tipificados como crímenes contra la humanidad.
  • La ola de solidaridad ciudadana que se ha levantado en muchos países debe ser canalizada y apoyada por políticas estatales y comunitarias atrevidas y que ofrezcan alternativas novedosas para gestionar una emergencia internacional. Por ejemplo, ¿pueden ser un lugar de destino para los refugiados los cientos de pueblos abandonados por toda la geografía española, con viviendas vacías y tierras de labor baldías?

Para terminar, dejo expuestas unas cifras muy interesantes: en 2014 España tramitó 5.947 solicitudes de asilo (el 0,95% del total de la UE) y concedió 1.585; el Ministerio de Interior de Alemania cifra las solicitudes que recibirá el país este año en 800.000. Revelador, ¿verdad?

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Más información

Expansión - 09/09/2015

El Mundo - 08/09/2015

El País - 24/08/2015

Sitio web del Parlamento Europeo

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