Mireia Lluch Sintes - Mié, 18/03/2026 - 13:17

Motivación en el puesto de trabajo.
Serie: 'Gestión de Personas y Talento en la Era Digital' (LXXIX)
A menudo se encuentran personas que trabajan sin ganas, sin interés, que solo acuden a cumplir con su rutina diaria, sin implicarse realmente en el crecimiento de la organización ni en la consecución de objetivos comunes. No se trata de una falta de capacidad, sino, en muchos casos, de una desconexión emocional con el trabajo. Cuando el trabajo se vive como una obligación y no como un espacio de desarrollo, los resultados acaban resintiéndose.
Ante esta realidad, surge una pregunta clave: ¿cómo pueden las empresas sacar el mejor partido a sus equipos? ¿Cómo pueden conseguir que las personas trabajen con ilusión, compromiso y sentido, sin caer en la presión excesiva o el desgaste? La respuesta no pasa por exigir más, sino por gestionar mejor. Las organizaciones que obtienen mejores resultados son aquellas que saben alinear los objetivos empresariales con las necesidades, motivaciones y capacidades de las personas. De hecho, estudios recientes evidencian que un buen ajuste entre la persona y su entorno de trabajo favorece el engagement y la implicación con el trabajo (Giauque, Cornu & Pacht, 2024) y que las prácticas de gestión de recursos humanos sostenibles están relacionadas con mayores niveles de satisfacción y compromiso laboral (Sypniewska, Baran, & Kłos, 2023).
Conocer a los equipos, diseñar puestos de trabajo motivadores, fomentar un liderazgo cercano y saludable, ofrecer oportunidades de desarrollo y cuidar el bienestar psicosocial son algunas de las claves que permiten transformar la apatía en implicación. Cuando las personas perciben que su trabajo tiene sentido, que se confía en ellas y que forman parte de un proyecto común, la motivación deja de ser un problema y se convierte en una consecuencia natural.
Comportamientos desmotivados
En muchos contextos organizacionales se observa que, en ausencia de supervisión, los trabajadores sacan el móvil, miran vídeos en YouTube, consultan redes sociales o incluso ven una serie en Netflix. Ante cualquier explicación bostezan, muestran desconexión o parecen funcionar en “piloto automático”. No es raro que la primera sonrisa del día llegue bien entrada la tarde, cuando por fin el cuerpo y la mente parecen haberse adaptado a la jornada laboral.
Estas conductas suelen interpretarse como falta de profesionalidad o desinterés, pero conviene ir un paso más allá. En la mayoría de los casos no responden a una ausencia de capacidad ni de responsabilidad, sino a una falta de vinculación con el trabajo que se realiza. Cuando las personas no encuentran sentido a lo que hacen, cuando no se sienten parte del proyecto o perciben que su esfuerzo no tiene impacto real, la desconexión acaba manifestándose en el comportamiento diario.
Controlar, vigilar o sancionar estas actitudes puede generar obediencia puntual, pero difícilmente compromiso. La cuestión de fondo no es si el trabajador cumple cuando alguien le observa, sino qué le motiva a implicarse cuando nadie está mirando. Y esa motivación no nace del miedo ni de la supervisión constante, sino de un entorno que favorece la confianza, la autonomía y el significado del trabajo. Por eso, optimizar los recursos humanos no consiste en reforzar el control, sino en crear contextos laborales donde las personas quieran estar presentes, no solo físicamente, sino también emocional y cognitivamente.
No se trata únicamente de ofrecer bonos, incentivos económicos o de prometer ascensos futuros. Tampoco basta con añadir días de vacaciones, implantar la jornada intensiva en verano o reducir el horario laboral, aunque todo ello es importante y suma, y mucho. Sin embargo, cuando estas medidas no van acompañadas de algo más profundo, su efecto suele ser limitado y, en muchos casos, temporal.
Motivación emocional, cercana y personal
Estamos hablando de un plano distinto, más emocional, más cercano y más personal. De la necesidad de crear un vínculo real entre la persona y su trabajo. Un vínculo que no se construye con recompensas puntuales, sino con experiencias cotidianas: sentirse escuchado, valorado, respetado y parte de algo que tiene sentido.
Ese vínculo trabajador-trabajo se fortalece cuando las personas perciben coherencia entre lo que la organización dice y lo que realmente hace; cuando existe confianza, reconocimiento y un liderazgo que acompaña en lugar de controlar. Cuando el trabajo deja de ser solo una obligación y se convierte en un espacio donde desarrollar el talento, aprender y contribuir.
Porque, en última instancia, las personas no se implican más porque se les exija, sino porque quieren hacerlo. Y esa voluntad nace del compromiso emocional, no de la imposición. Ahí es donde las organizaciones encuentran su verdadero potencial y donde la optimización de los recursos humanos cobra su sentido más humano y estratégico.
Referencias bibliográficas
Bhoir, M., & Sinha, V. (2024). Employee well-being human resource practices: a systematic literature review and directions for future research. Future Business Journal, 10(1).
Giauque, D., Cornu, F., & Pacht, S. (2024). The relationship between new ways of working and employee engagement: First and foremost a matter of environment fit. Administrative Sciences, 14(12), 338.
Navajas-Romero, V., Ceular-Villamandos, N., Pérez-Priego, M. A., & Caridad-López Del Río, L. (2022). Sustainable human resource management the mediating role between work engagement and teamwork performance. PloS One, 17(8), e0271134.
Sypniewska, B., Baran, M., & Kłos, M. (2023). Work engagement and employee satisfaction in the practice of sustainable human resource management – based on the study of Polish employees. International Entrepreneurship and Management Journal, 19(3), 1069–1100.
Editor: Universidad Isabel I
ISSN 2792-1816
Burgos, España